Mientras varios marcadores de la economía mejoran y la salida de la pandemia augura un tiempo de crecimiento muy fuerte, en el gobierno nacional miran con asombro como Alberto Fernández se desgasta y no capitaliza las buenas noticias. Ocurre que una parte sensible de esa numerología no anda bien: la ecuación ingresos de los asalariados y precios continúa sin remontar (para los trabajadores). Luego de dos años largos, el Frente de Todos (FdT) exhibe números similares de participación del trabajo en el total del producto bruto interno (la torta de la riqueza nacional), similar a la que dejó Mauricio Macri en 2019, y que lo llevó a la derrota electoral en primera vuelta en octubre de ese año.
Los 20 puntos promedios que perdieron los salarios en la Argentina durante el macrismo siguen tal cual luego de casi 30 meses de gobierno peronista. Por ahora, Fernández viene consiguiendo un empate, con el atenuante de la pandemia y con el agravante de haber conseguido 10,3 por ciento de la economía en 2021.
Así lo adelantó Cristina Kirchner a fines de 2020 en el estadio Diego Maradona, en La Plata: “Ojo que vamos a crecer (en 2021), pero cuidemos que ese crecimiento no se lo queden tres o cuatro vivos”.
El fuego más intenso para señalar las fallas del gobierno peronista proviene del mismo Frente de Todos" El fuego más intenso para señalar las fallas del gobierno peronista proviene del mismo Frente de Todos"
Con los resultados estadísticos en la mano, en abril de 2022 se verifica que la capacidad predictiva de la ex presidenta estuvo ajustada a la realidad.
Curiosamente, el fuego más intenso para señalar esa carencia para un gobierno peronista proviene desde dentro del mismo espacio del FdT. Las presiones y rumores de cambios en el gabinete nacional se suceden, más producto de la puja política a cielo abierto entre el kirchnerismo y albertismo que de necesidades de renovación natural o por causas técnicas u operativas.
En la semana que terminó, el ministro apuntado por un sector del kirchnerismo, el artífice del acuerdo con el Fondo Monetario (FMI) que el sector cristinista rechazó, Martín Guzmán, salió en persona a los medios a confirmarse en el puesto. Y, de paso, marcó la cancha con una frase hostil para sus adversarios: “Gobernaremos con los que estén alineados con nuestra política”.
En tanto, el albertismo, como entidad difusa y de contornos difíciles de establecer, sumó una pieza relevante y, hasta ahora, por fuera del gabinete: Agustín Rossi, sobre quién arrecian rumores sobre un inminente regreso al equipo de trabajo del primer mandatario.
Luego de una salida de apuro (era ministro de Defensa nacional) en oportunidad de las Paso de 2021, en las que Rossi jugó una precandidatura en Santa Fe a senador nacional y enfrentó la lista que tenía el aval del gobierno nacional y de la vicepresidenta (y perdió 2 a 1), el Chivo ya habla como vocero del gobierno, que —a su vez— lo avala y le facilitó la presencia de un puñado de funcionarios en un plenario de su agrupamiento realizado una semana atrás en el Mercado del Patio (en Rosario).
La jugada
Rossi apoya con fuerza el rumbo tomado por el gobierno, abona la tesis de que la economía está resolviendo problemas, y que gradualmente solucionará lo que falta (lo más grave, la redistribución regresiva de los ingresos de los trabajadores), a la vez que habla con la foto de Cristina a sus espaldas y se define como kirchnerista, peronista. Se ofrece como volante de transición de un campo al otro, pide la pelota y juega.
La estrategia, audaz, tal vez auténtica o meramente táctica (el tiempo lo determinará), tiene un problema: Cristina, la de la foto en los discursos de Rossi, no se retiró de la política, está activa, habla y opera desde el Senado y el Instituto Patria. Y dice, sobre puntos clave de la política económica, cosas contrarias al credo de Fernández y su equipo económico. El credo que Rossi salió fuerte a bancar y que lo colocó a las puertas de Balcarce 50.
La cuestión de fondo, que divide las visiones políticas en el FdT y que traslada tensiones al propio gabinete, pasa por el problema de la inflación como puja distributiva entre el capital y el trabajo, que en los últimos dos años volvió a tener un claro ganador, (un sector de) el capital. “Los cuatro vivos” que habló Cristina antes de la recuperación económica de 2021. Según una mirada albertista, los dos dígitos de desocupación del año pasado (actualmente bajó fuerte al 7 por ciento) disciplinaron la capacidad de negociación salarial de los trabajadores.
En contrario, en el kirchnerismo sostienen que esa debilidad relativa de los trabajadores (en 2021 por la alta desocupación) debió ser asistida por el Estado para garantizar equilibrar esas “fuerzas desparejas en la puja por los ingresos”.
En esa apasionada discusión interna en el FdT, sobre si el vaso medio lleno o el vaso medio vacío, en la Casa Rosada celebran que el PBI creció más de diez puntos en 2021, aumentó el empleo registrado, disminuyó la pobreza, crecieron las exportaciones y la recaudación impositiva, hubo saldo positivo en la balanza comercial y, entre otros logros, alivio en los pagos de intereses luego de la reestructuración de la deuda pública en manos privadas.
La cuestión de fondo que divide las visiones políticas en el oficialismo pasa por el problema de la inflación" La cuestión de fondo que divide las visiones políticas en el oficialismo pasa por el problema de la inflación"
De cara a ese decálogo de optimismo albertista, en el kirchnerismo advierten: el FdT ya se rompió, y no porque Alberto y Cristina no se hablen u opinen distinto. Sino en las elecciones de 2021, cuando 4,2 millones de votos oficialistas de 2019 no estuvieron en las urnas de la elección intermedia.
Entre las tensiones y rumores alrededor de posibles cambios en el elenco de la Casa Rosada trasciende un posible desplazamiento de las figuras cristinistas más relevantes. El caso emblemático, Eduardo Wado de Pedro, ministro de Interior. Deslizan que se buscarían determinados enroques para que nadie se sienta herido. Sin embargo, en la última expresión pública del presidente respecto de eventuales cambios en el gabinete, dijo “estoy para cambiar pañales”, en relación a la reciente llegada de su hijo Francisco.
Si se suma el doloroso récord de inflación para un solo mes que consiguió el gobierno nacional en marzo (el mayor en 20 años) y distintas encuestas respecto del posicionamiento de Alberto y de Cristina en el diferendo público que mantienen, los posibles cambios en el gabinete se mantienen, por ahora, en el plano de la incógnita.