“Yo no soy miembro de ninguna asociación ilícita en este momento. No presencié nada. No conformo nada como líder. Solo pido que me suministren la medicación que tomo”, dijo Esteban Alvarado en la audiencia de indagatoria por zoom que le recibieron este lunes en el juzgado federal de Lomas de Zamora a cargo de Ernesto Keplar. El plan que le atribuyeron de diseñar una fuga en helicóptero desde la cárcel de Ezeiza implicó para los investigadores cuatro delitos. El primero, dirigir una asociación ilícita de más de tres personas. La tentativa de evasión fue el segundo. El cambio de la matrícula de la aeronave el tercero. El último es el lavado de activos necesario, dijeron los acusadores, para comprar en el exterior la aeronave Robinson R44 cuatriplaza y monomotor, con la cual se diagramó el fallido programa de evasión.
El viernes a la tarde personal de Operaciones Federales de la Policía Federal y del Servicio Penitenciario frustraron a partir de una investigación de dos fiscalías federales un plan de seis meses de gestación. Según la imputación, Alvarado compró un helicóptero, contrató a un piloto para que aterrizara en la cancha de fútbol en el patio de recreación de los internos de Ezeiza, para de allí escapar en vuelo hacia un destino ya definido, cercano a General Rodríguez, a unos 50 kilómetros lineales, donde lo estarían esperando allegados en vehículos para continuar el escape. Lo que no pasó porque un problema en los magnetos del motor obligó al aterrizaje forzoso, según se leyó en la audiencia judicial.
Otras dos personas fueron imputadas ayer. Son el rosarino Gianluca Oripianesi, alias “Gringuito”, y el entrerriano Andrés Alcides Donnet. Los dos fueron observados por personal policial encubierto en un hangar ubicado en una zona rural próxima a Gualeguaychú, donde estaba escondido el helicóptero para el momento en que se definiera el rescate planificado del líder criminal rosarino, que cumple cadena perpetua como ideólogo del asesinato del prestamista Lucio Maldonado, y por asociación ilícita. También tiene desde 2022 una sentencia a 15 años por organizar un tráfico de 493 kilos de marihuana interceptado en Río Negro en 2017.
Alvarado fue imputado ayer en calidad de jefe de esa organización. En la audiencia lo representó el penalista Fernando Arias Caamaño. Orpianesi vive en Rosario, las antenas de telefonía lo captaron en la ciudad en la zona de Francia al 1200 y eso selló su captura. Para la investigación era un asistente con rol de coordinador entre las partes del plan. Donnet es piloto aéreo que frecuenta las instalaciones del aeródromo de Gualeguaychú y tiene acceso al hangar de una pista furtiva. Fueron acusados los de ser miembros. También se menciona como integrante a “Lobo”, el piloto que iba a realizar el rescate, y que no aparece en la pesquisa identificado ni tampoco está detenido.
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Los fiscales federales Cecilia Incardona de Lomas de Zamora y Diego Iglesias de Procuración de Narcotráfico (Procunar) señalan que Alvarado realizó maniobras de lavado para importar de España el helicóptero a través de una empresa con sede en Paraguay. La pesquisa estableció que al vehículo le impusieron una matrícula falsa LVZXN, asentada sobre la presunta matrícula real ECHOJ. La matrícula cambiada pertenecía a una aeronave usada en Córdoba por un comercializador de drogas. Los investigadores supieron que el helicóptero llegó desarmado y se lo ensambló en la localidad de Campo 9, al sudoeste de Paraguay, desde donde lo ingresaron ilegalmente a Argentina. Para los fiscales, el jefe de la organización, es decir Alvarado, era el verdadero propietario de la aeronave “más allá del empleo de interpósitas personas para su formal adquisición, custodia, mantenimiento y posterior empleo para el propósito de evasión que sustentó su compra”.
En la indagatoria por primera vez el entorno de Alvarado supo cuánto sabían quienes los investigaron. Al desplegar la acusación, los fiscales contaron la actividad del día decisivo. Dijeron que ese la ejecución del plan comenzó en horas tempranas del viernes 10 de marzo, es decir, hace cuatro días. A bordo de una camioneta marca Ford, modelo Ecosport, dominio AB757 YD, que Gianluca Orpianesi retiró a otro sujeto (posiblemente el piloto, apodado “Lobo”) por un lugar cercano a la terminal de ómnibus de Rosario. Orpianesi ya había usado la Eco Sport para trasladarse al aeródromo de Gualeguaychú una semana antes y allí había sido visto con Donnet.
Este viernes hicieron ese mismo viaje desde Rosario. Allí, según los fiscales, se encontraron con Andrés Donnet, con quien terminaron la puesta a punto del helicóptero, que finalmente despegó en dirección hacia la provincia de Buenos Aires. La aeronave fue hallada horas después, sostuvieron los acusadores, en un predio perteneciente al Country Club Banco de la Provincia de Buenos Aires, en la localidad bonaerense de Francisco Álvarez, en Moreno, a menos de 50 kilómetros en línea recta de su primer destino.
¿Por qué el aparato no llegó al patio de Ezeiza? Los fiscales dijeron allí que el helicóptero fue revisado por personal policial, que constató una avería en los magnetos del motor, lo que habría impedido una correcta ignición de las bujías y la consecuente pérdida de sustentación, causa probable del aterrizaje prematuro de la aeronave en ese sitio. Allí se concretó el secuestro. Poco tiempo después se produjo la detención de Orpianesi y Donnet, así como el secuestro de los vehículos en los que ambos se desplazaban.
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En la indagatoria algunas cosas para Alvarado quedaron claro. La precisión que tenían sobre algunos detalles los investigadores eran conocidas por muy pocas personas. Por ejemplo, las exactas coordenadas geográficas del aeródromo de Gualaguaychú donde estaba la nave y la del campo en Open Door, al lado de Luján, donde debía posarse el helicóptero tras rescatar al cautivo. Pero también supo que en la pesquisa trabajaron en una circunstancia inusual: interceptando mensajes de WhatsApp. Los fiscales mencionaron que a través de un recurso técnico empleado se logró acceder a esa mensajería instantánea.
El número de línea al que accedieron era el de un abonado allegado a Alvarado, quien tenía en su usuario una imagen de Al Capone. Al saber la línea la interceptaron. Y empezaron a advertir los detalles del plan.
"Esto probablemente va a generar un cambio en el campo del delito. Porque surge la idea de que esta red social puede intervenirse. Hasta ahora los contenidos de WhatsApp si se conocían era por el secuestro del teléfono. Eso acá no pasó. Tenían acceso a los diálogos en tiempo real", dijo alguien del entorno del acusado.
Gracias a eso, los investigadores sabían detalles de la operación, del helicóptero, del horario de despegue, del lugar de aterrizaje. De la fecha prevista para el rescate y el lugar: Alvarado le remitió a “Lobo” dos videos donde se pudo advertir la cancha de futbol del complejo de Ezeiza. Y lo sabían pese a que el principal acusado borraba inmediatamente sus mensajes.
Alvarado fue muy escueto al declarar. Se declaró ajeno a cualquier asociación ilícita. Pidió que le suministraran los protectores hepáticos que toma para una afección crónica.