La noche que mataron de tres balazos a Luis Martínez frente a su casa de
Flammarión al 4900, sus vecinos casi no le dieron tiempo para escapar al agresor, un muchacho
conocido del barrio que se vio obligado a dejar abandonada en el lugar la moto en la que había
llegado para increpar a un hijo de la víctima por problemas familiares. En medio de la conmoción,
los parientes del hombre asesinado y los testigos del hecho no dudaron en identificar al atacante
con nombre y apellido: dijeron que había sido Marcelo Pipi Arriola. Y pidieron que el caso no
quedara impune. Siete meses más tarde, el acusado, de 31 años, fue procesado por homicidio en base
a la prueba contundente de los numerosos testimonios en su contra.
Al quedar detenido, Arriola admitió ante el juez de Instrucción Juan Andrés
Donnola que había estado en el lugar del crimen pero dijo que actuó en legítima defensa, un
supuesto que quedó descartado por otras evidencias de la investigación. Entonces, el magistrado le
dictó la prisión preventiva y le trabó embargo sobre sus bienes por un monto de 70 mil pesos.
"Sólo quiero que lo busquen y que se haga justicia. Espero que la familia no
arregle con la policía y alguien ponga guita para que lo dejen ir", dijo a este diario la mañana
del 8 de marzo pasado Rosa, la esposa de Luis Martínez, mientras en su casa preparaban el velatorio
del hombre que en febrero había cumplido 51 años.
Una agria pelea. La noche anterior Martínez había regresado de trabajar en un
lavadero de autos ubicado a dos cuadras de su casa. Antes de darse un baño le propuso a su mujer y
a sus hijos ir a comer unos choripanes a la casa de su cuñada. En medio de esos preparativos,
contaron sus familiares y vecinos, apareció Pipi Arriola, vinculado a la familia porque uno de los
hijos de Martínez estaba en pareja con una de sus hermanas, con quien tuvo una hija.
Entre las dos familias existía una mala relación y esa noche Arriola llegó a
buscar a su cuñado en una moto Honda de 250 centímetros cúbicos para recriminarle un incidente
familiar.
Es que el día anterior habían internado a la hermana de Pipi por una
intoxicación. Y su madre acusó al concubino de la chica de haberle causado ese problema de salud.
Eso generó entre ambos "una discusión con eventuales lesiones" al parecer causadas por el hijo de
Martínez a su suegra.
Cuando Arriola fue a buscarlo para reprocharle esa situación, salió a recibirlo
Martínez padre. Le sugirió conversar tranquilos, pero el muchacho estaba exaltado y no le dio
tiempo a hablar. "Se bajó de la moto, le dijo «vigilante de mierda» y le pegó una cachetada. Mi
marido no alcanzó a hacer nada", dijo Rosa en Tribunales.
Martínez recibió tres impactos. Uno en el brazo derecho, otro en la pierna
izquierda y otro, letal, en el mentón. La reacción de los vecinos fue inmediata y Arriola huyó
corriendo. "Tiró la moto porque todo el barrio se le fue encima", dijo entonces un vecino. A
Martínez lo trasladaron al Hospital de Emergencias en un patrullero pero no había nada por
hacer.
En la resolución del caso, Donnola planteó que se trató de un ataque directo y
que no existió ningún tipo de provocación previa de la víctima. Al ser indagado, Arriola declaró
que le había quitado el arma a Martínez y que al ser agredido por varias personas disparó "al
bulto". Pero esto, según el juez, "no se compadece con la forma en que los proyectiles ingresaron
en la humanidad de la víctima".
El muchacho también indicó en su declaración que el arma era un revólver
oxidado, pero el juez resaltó que los proyectiles extraídos del cuerpo de la víctima fueron
disparados por una pistola semiautomática calibre 6.35. Si la medida queda firme, Arriola será
sometido a juicio por el caso.