El celular de Roberto Pimpi Camino aún sin aparecer, los familiares directos del ex líder de la
barra brava de Newell’s renuentes a declarar formalmente sobre las circunstancias que
rodearon a su asesinato y un sinnúmero de llamadas anónimas al 911 para apuntar hacia los más
diversos frentes como responsables del crimen. Con ese panorama batallaron ayer los investigadores
del homicidio, sin que surja aún una hipótesis firme sobre quién y por qué motivo lo mandó a matar.
Los investigadores policiales y judiciales del asesinato de Camino
esperaban contar el fin de semana con ayuda que hasta ahora no hallaron en el entorno de Pimpi. En
declaraciones a la prensa los familiares responsabilizaron a “la policía” por el ataque
en el que el barrabrava, de 37 años, recibió cinco tiros la madrugada del viernes pasado en el
frente del bar Ezeiza, de Servando Bayo 1484. Pero en el expediente judicial y el sumario que lleva
adelante la Dirección de Asuntos Internos (ante la sospecha de que pueda haber personal policial
implicado) nada de lo dicho por sus allegados a la prensa consta por escrito.
Tampoco había sido facilitado hasta anoche el celular en el que Pimpi
recibió una llamada que lo convocó al bar. Elemento que se considera clave para obtener pistas que
lleven hacia el criminal. En ese sentido, un allegado a la familia señaló a este diario que al
menos se pondrá en conocimiento del tribunal el número de teléfono. Con eso bastaría para requerir
el listado de llamadas entrantes y salientes. Aunque de contarse con el aparato podría realizarse
una pericia más profunda.
“El 911 está que arde y hay veinte versiones de calle distintas de
quién puede haber sido. Y todas pueden ser ciertas. El Pimpi era un tipo que juntó rencor en muchos
ámbitos y para colmo los que lo acompañaban no hablan. Trabajamos a full pero todavía no hay nada
claro”, dijo un jefe policial. Desde otro ámbito, un investigador coincidió en el
diagnóstico: “Puede ser una represalia por la muerte de (Walter) Cáceres en la emboscada,
puede venir por el tema de la barra, una disputa barrial, una cuestión de mujeres o un ajuste por
drogas. No se descarta nada”, señaló.





























