La pelota se parará en el fútbol argentino por razones de público conocimiento y por estos días se hace complejo hablar de fútbol cuando las verdaderas urgencias pasan por otro lado. Pero en un determinado momento todo volverá a su cauce normal y es allí donde Central deberá hallar el antídoto para frenar la caída que evidenció en 2020, desde el reinicio de la competencia. Para el equipo canalla no se trata de una situación terminal ni nada que se le parezca, pero tiene la obligación de actuar de otra manera. De lo contrario, transcurrirá lo que resta de la temporada con una mochila importante, en la que las angustias le harán marca personal a la tranquilidad. El partido del lunes frente a Colón expuso una cruel realidad: el equipo parece haber entrado definitivamente en un estado de descomposición, del que le urge salir ni bien la pelota vuelva a rodar.
Lo que hizo el encuentro ante Colón fue acentuar lo que se insinuaba, demostró que los flacos resultados no son una cuestión de azar, sino que tienen estrecha relación con el flojo funcionamiento del equipo. Y lo que es peor, ya no se trata de una cuestión de una localía fuerte o una merma en el rendimiento cuando le toca jugar fuera de Arroyito. Porque el último revés llegó en su casa, atendiendo, claro está, el contexto en el que se jugó el partido, sin hinchas en las tribunas.
Es que hasta antes de este partido Central gozaba del amparo que le daba el empuje de su gente, del que seguramente en más de una ocasión supo sacar rédito, pero aquellos partidos en los que supo regalarse una sonrisa no todo fue por obra y gracia de su buen funcionamiento.
Lo que dejó escapar Central el lunes por la noche fue la oportunidad de despedirse prácticamente de la lucha por la permanencia. Porque un triunfo lo hubiera puesto a una distancia más que considerable con el resto de los equipos que pelean mantener la categoría. Tampoco el panorama suena desolador. Ni siquiera se puede decir que haya vuelto a meter los pies en el barro, pero cuanto menos quedó atado a una situación a la que deberá restarle la debida atención.
Las verdaderas razones del decaimiento pueden ser varias y entrar en el detalle de las mismas implicaría un análisis más profundo, pero los resultados en este 2020 muestran claramente el proceso de desaceleración que evidenció el equipo. Por una simple razón: perdió más de lo que ganó.
Tras la vuelta del receso Central disputó ocho encuentros y sin entrar en enfoques que menosprecien la categoría de los rivales, los mismos no fueron de los de mayor envergadura en el fútbol argentino. Este renovado equipo de Diego Cocca perdió la mitad de esos encuentros (Independiente, Defensa y Justicia, Argentinos Juniors y Colón), empató uno (Banfield) y ganó los otros tres, todos en el Gigante (Huracán, Gimnasia y Arsenal).
Lo de la descomposición futbolística cuenta con un hilo conductor, aunque en determinadas ocasiones se contrapuso a los resultados y tiene que ver con que el rendimiento colectivo casi nunca gozó de buena salud. En determinados momentos sirvieron algunos remedios que resultaron buenos paliativos, pero que jamás actuaron contra el mal. Corre la referencia para esos encuentros en los que pese a la baja futbolística, los resultados salieron rápidamente al rescate. Los dos primeros partidos de local (Huracán y Gimnasia) son un buen ejemplo. El parate que sufrirá el fútbol argentino ya está establecido y lo que ocurra de aquí en más es una verdadera incógnita, pero hay algo que en Central está lo suficientemente claro y es que cuando la actividad se reanude algunas cosas deben cambiar. Esa descomposición futbolística que se advierte en este 2020 no tendrá lugar para nuevos episodios. Colón marcó un límite quizá no peligroso pero sí al que se le debe prestar la atención del caso. Para no enredarse de nuevo en ese entretejido peligroso que es el descenso, Cocca y sus jugadores deberán actuar en consecuencia y hallar rápidamente el remedio.
Con rutinas individualizadas
Después del partido ante Colón, el plantel de Rosario Central fue licenciado, al igual que el resto de los equipos de primera del fútbol argentino, al menos hasta el 31 de marzo, día en que finaliza el aislamiento preventivo por el coronavirus. Lo que sí hizo el cuerpo técnico es enviarles ayer a cada uno de los futbolistas un plan de trabajo, lo que fue, según confiaron, la parte más sencilla de este nuevo proceso. Es que además de eso hubo indicaciones puntuales debido a que no todos los planes de entrenamientos serán iguales. Primero se determinó el plan de trabajo que será utilizado por todos y después de eso sí se les aclaró a los futbolistas cuáles eran las pretensiones del cuerpo técnico para cumplir durante el tiempo que durará el aislamiento.