Ovación

Patas para arriba

Las chicas de la selección llegaron a Ezeiza tras un histórico Mundial y recibieron un afecto inusitado y merecido.

Domingo 23 de Junio de 2019

Hay momentos que marcan quiebres. Que detonan muros y a partir de lo cual ya no existe vuelta atrás. El deporte argentino sabe mucho de ello, le sobran los ejemplos de esos tiempos que marcaron un antes y un después. Y por caso, varios de ellos quizás ni tengan que ver con una medalla o un podio, simplemente con abrir las puertas. En este contexto se entiende y se celebra el recibimiento que tuvo la selección argentina femenina de fútbol, eliminada en la primera ronda del Mundial de Francia, pero gloriosa al fin, que puso a Ezeiza patas para arriba. El premio de esta generación que volvió a una cita ecuménica tras 12 años es el legado que dejará. Todo, a partir de hoy, no puede ser menos que crecimiento. De los tiempos vergonzosos y paupérrimos producto de las gestiones dirigenciales de la desconsideración parece haberse tomado nota. Estas chicas y esta selección son las protagonistas de un momento crucial de este deporte. Cualquier niña puede fantasear hoy con jugar un Mundial. Con una certeza: ya no serán ni locas ni soñadoras detrás de imposibles. El fútbol femenino es una realidad expresada en todo el afecto recibido ayer muy temprano en el aeropuerto y lo será en el futuro inmediato. Las chicas marcaron la cancha. Muy en serio. Entre ellas estuvieron las rosarinas Virginia Gómez, Vanina Correa y Belén Potassa, de Cañada Rosquín.

La imagen de un equipo, de un seleccionado o incluso algún deportista solo recibido en el aeropuerto tras una gesta histórica es una constante en los libros del deporte nacional. Si no, que le pregunten a aquellas Leonas devenidas en tales tras la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 qué sentían, qué entendían. O a ellas mismas después de ganar el primer Mundial, en 2002, cuando la gente que las fue a recibir colapsó la sala de arribos. Momento cúlmine como el de la Generación Dorada del básquet tras el subcampeonato del mundo en 2002 o del propio Guillermo Vilas ganando los primeros títulos grandes del mundo del tenis. Qué decir del vóley y aquella fantástica medalla de bronce en el Mundial 1982. Estos ejemplos, sólo algunos, tienen un denominador común: el click, el cambio de una realidad, un legado incalculable.

Hace menos de dos años estas chicas que ayer regresaron de Francia, orgullosas, emocionadas hasta las lágrimas, se unían para ser fuertes en una lucha que implicaba reclamos y reivindicaciones de todo tipo. No había viáticos para ir a entrenar, no había ni siquiera un café de gentileza. Ni hablar de un buen desayuno para rendir en un entrenamiento. Sin DT, con la ropa que a otros les sobraba y sin apoyo de ningún tipo. A fuerza de coraje y sobre todo mucho sacrificio alzaron la voz por este sueño inmediato que las removía: volver a un Mundial tras 12 años. Todo es mérito de ellas. Quizás hoy la dirigencia entienda que "el negocio" está en empezar a darle bolilla al fútbol femenino, por toda la revolución que se generó, es sólo de ellas. Que buscaron, que encontraron. Porque creyeron, sabiendo que tenían con qué creer.

"Oh, Argentina, es un sentimiento no puedo parar", el canto típico que resume este andar, sonó estruendoso ayer a las 6 de la mañana en Ezeiza. Con las chicas saltando en ronda, con una energía como si no acusasen cansancio de todo lo vivido, tres partidazos mediante. De cerca, cientos de celulares archivándolas para la posteridad y una camiseta gigante en la que la gente les dejó sus mensajes. "Guerreras", fue una de las palabras más usadas. Cómo no. Banderas, camisetas con sus nombres, pantallas gigantes con la participación mundialista. Abrazos interminables, llantos. Todo inolvidable. Unico.

La selección argentina femenina está en casa. La selección que por primera vez sumó en un Mundial, la que por minutos no avanzó a octavos, la que volvió a una cita así tras tres ausencias para ganarse el elogio incluso de las figuras mundiales, está de vuelta. Gracias a ellas las que vienen atrás pueden seguir soñando. Porque estas quizás no ganaron ningún partido en Francia (2 empates, una caída), pero se quedaron con los otros puntos, los más importantes, los que quedan para siempre. La celebración les pertenece. Está bien que el aeropuerto ayer, aunque sea en una parte y por un rato, se haya puesto patas para arriba.

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