Ovación

Los festejos por el bicampeonato de Atalaya siguieron hasta la madrugada

La Sexta volvió a consagrarse campeón y se llevó la Copa 150 Años del Diario La Capital.

Viernes 22 de Diciembre de 2017

Maxi Yanson se eleva, se sostiene y busca el aro. Lo hace con el corazón azul y las ganas que nacen desde el alma. El interno cae de espaldas al parquet y alcanza a ver como la pelota atraviesa el aro.

Es el capo de Rosario. La Sexta ya le quedó chica a Atalaya, que anoche le ganó a El Tala por un ajustado 57 a 54 después de dominar con cierta comodidad el desarrollo y se coronó bicampeón local, además de adueñarse de la Superliga y de la Copa 150 Años del Diario La Capital, cosechando así el tercer título en su rica historia, en el año además en que debutó, y con gran suceso hasta ahora, en el Torneo Federal.

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El delirio, la marea azul desbordó entonces el estadio de Newell's cuando ya el tablero quedó en cero, dentro de unas tribunas que lucieron impecables y que brindaron una verdadera fiesta de cierre de temporada (ver "Un ejemplo de convivencia").

Desde una defensa asfixiante en terreno propio, El Tala se dispuso a frenar el juego que propone Atalaya, de transición rápida y circulación de pelota sin prisa pero sin pausa. Y mientras fue solidario y firme mantuvo el duelo en el terreno de la paridad, negando el pick and roll y el gol fácil.

Sin embargo, apenas mostró alguna duda o no volvió con la velocidad requerida, los hermanos Yanson se lo hicieron pagar.


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Atalaya controlaba bien a Capra y Ríos, pero la versatilidad de los jugadores del rojo les permitía sacar rédito de sus cortes hacia el aro.

La efectividad fue baja, el partido flojo y la diferencia exigua durante largo rato, hasta que despertó la ofensiva del Azul y se escapó a 12. Así se llegó a la mitad del partido, donde parecían las cosas bien direccionadas para el Azul.

El duelo se convirtió en un festival de pérdidas y errores conceptuales pero en medio de tanta equivocación fue El Tala el que salió mejor parado con una defensa zonal y volvió al partido ante un Atalaya que comenzó a sentir el gasto físico y al que le dolía demasiado cuando los triples no entraban.

Pero lo bueno de El Tala atrás no encontraba réplica en ofensiva y así el Azul hacía causa común con el reloj, que buscaba inexorablemente el final.

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Atalaya justificaba desde la defensa su victoria pero comenzó a quedarse y El Tala aprovechó todo hasta pasar al frente con bomba de Bertonazzi a un minuto del final. Pero cuando la noche asomaba para sorpresa de todo el Azul, que veía que podía escaparse su sueño del bicampeonato, apareció Yanson para desatar toda la locura del nuevo-viejo campeón.

Aunque esta vez no lució e incluso sufrió en el cierre con la estupenda reacción de El Tala, que se la puso realmente brava, Atalaya cerró un año sin lugar a dudas brillante. Quizás el más importante de su historia.

Párrafo aparte para la ceremonia de premiación, que fue bien lograda pese a que la hinchada de Atalaya estaba en la cancha festejando su título pintando el parquet de azul. Se cerró así un torneo que intentó ser superador para el básquet de Rosario, que demuestra que cuenta con una base de público y jugadores para explotar y crecer de una vez por todas.


Un ejemplo de convivencia

Una de las premisas que defiende el deporte en general y el básquet en particular es erradicar la violencia. Y este cuadrangular encontró hinchadas conviviendo en una misma platea y público en general disfrutando del juego. Y justo antes de entonar el himno nacional, los hermanos Aaron y Augusto Capra se encontraron en mitad de cancha para mostrar que la rivalidad es sólo circunstancial.

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