Ovación

López echó a Caruso

El ciclo de Ricardo Caruso Lombardi en Newell’s ya es historia. De manera abrupta y sin anestesia ayer pasado el mediodía se precipitó el alejamiento del verborrágico entrenador. A las 14.30, el ahora ex conductor leproso salió shoqueado de la oficina...

Sábado 02 de Agosto de 2008

El ciclo de Ricardo Caruso Lombardi en Newell’s ya es historia. De manera abrupta y sin anestesia ayer pasado el mediodía se precipitó el alejamiento del verborrágico entrenador. A las 14.30, el ahora ex conductor leproso salió shoqueado de la oficina de Eduardo López y con la voz quebrada le anticipó a este diario "me voy de Newell’s", antes de subirse a un taxi y dirigirse al hotel céntrico donde se aloja. Allí, luego de hablar un par de horas con el resto del cuerpo técnico, ofreció con lágrimas en los ojos una emotiva conferencia de prensa. "Estoy emocionado. No estaba en mis planes irme. Pero con el presidente no estuvimos de acuerdo en algunas cosas y me pidió que diera un paso al costado. Le dije que no había ningún problema. Soy un tipo agradecido. Nunca le fallé a López. Estoy tranquilo porque hicimos todo bien. Muchos creen que se puede llorar por tonto o para que te tengan lástima, pero a mí me emocionaron los gritos de la gente. Esto no es el fin del mundo. Me llevo el amor de los hinchas de Newell’s", confió Richard todavía perplejo por la situación inesperada que le tocó afrontar a una semana del inicio del Apertura.

  Caruso llegó a Rosario hace un año como un verdadero experimento y los resultados le dieron la derecha. Con poco material armó un equipo competitivo, revalorizó a algunos jugadores que estaban en el subsuelo (Cristian Ansaldi) y cumplió con creces el objetivo de salvar a Newell’s del descenso y la promoción. Pero otra vez quedó demostrado que los resultados son muy importantes, pero no son imprescindibles para que un DT continúe en el cargo. Está claro que la relación entre los referentes y el entrenador debe ser fluida y armónica, un ítems que fue el talón de Aquiles del ciclo Caruso.

  La salida fue la crónica de una muerte anunciada, pero lo que sorprendió fue el momento del desenlace. El DT tenía contrato vigente hasta septiembre y López le había propuesto renovarlo. Por el nuevo vínculo nunca se firmó y este no es un dato menor. El presidente no estaba ciento por ciento convencido de la continuidad del entrenador. Incluso antes del inicio de la pretemporada se barajaron varios candidatos a sucederlo. Caruso capeo el temporal y era una fija para iniciar el Apertura. Pero algo alteró los planes.

  Trascendió que el jueves por la noche algunos jugadores se reunieron con el presidente para solicitarle el cambio inmediato de entrenador porque la relación no daba para más. Y ayer en el mano a mano López-Caruso se blanqueó la situación. No había vuelta atrás.

El cóctel letal para la continuidad de Caruso fue increscendo. Al presidente nunca le gustó su exposición pública, los referentes jamás tuvieron feeling con él, pagó muy alto el precio de mandar a entrenar a la reserva a Claudio Husain y encima con la llegada de los últimos refuerzos el DT no mostraba entusiasmo. Estas diferencias fueron la ciénaga que devoró a Caruso. Nadie podrá cuestionarle los números positivos de su gestión. Pero le faltó manejo de grupo. l

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