Central

La dura derrota frente a Unión expuso varios problemas en Central

Muchos de los inconvenientes venían de arrastre incluso cuando en las primeras fechas los resultados lo acompañaban.

Miércoles 10 de Octubre de 2018

"Me preocupa que en los últimos partidos venimos peor en el juego. Con la lucha y un montón de cosas sacamos algún que otro resultado, vamos sobreviviendo, pero se viene viendo que hay algo que cambiar. Este resultado nos lo demostró. Hasta ahora no habían sido tan crudos, pero esto muestra que el equipo tiene que acomodarse de nuevo sobre las bases del principio, las que nos dieron resultados, y de ahí mejorar en muchos otros conceptos que hacen que no tengamos juego ni creemos situaciones". Como suele decirse: a confesión de parte, relevo de pruebas. Marco Ruben le puso mucho sentimiento a la derrota ante Unión, pero lo que mejor expuso fue una claridad meridiana sobre el fútbol de un Central que gozó de una feliz primavera cuando los resultados acompañaron, pero que ahora, con una sequía importante de puntos en el medio, se da de frente con una realidad que antes no se quería ver, no se apreciaba con demasiada claridad o directamente se intentaba ocultar. Al canalla le faltó juego desde que arrancó el semestre futbolístico, pero todo quedó debidamente opacado por los resultados.

La primera sentencia que hay que exponer, de manera obligada si se quiere, es que Central no era una maravilla en aquel arranque demoledor ni ahora un equipo al que se le sea imposible enderezar el rumbo. Sí se puede hallar un hilo conductor de principio a fin, que tiene que ver con la flaqueza futbolística y esa escasa capacidad de generación.

Si hubo algo que caracterizó al equipo hasta aquí es que aun obteniendo buenos resultados siempre se encargó de apostar las fichas justas. Los triunfos fueron plenos absolutos, pero sin el más mínimo intento de "coronar la jugada" para meterle algo más de osadía a la apuesta. Todos los partidos que ganó lo hizo con lo justo, sin que le sobrara absolutamente nada (en esto no se hace referencia a justicia o injusticia). A tal punto que por momentos la pasó bastante fulera en Córdoba contra Talleres e incluso en el Gigante contra San Martín de Tucumán.

Pero en ese tiempo el resultado lo podía todo. Sin ir más lejos el propio Edgardo Bauza utilizó esos triunfos como una verdadera coraza, un escudo protector ante el mínimo cuestionamiento sobre el nivel de juego del equipo. Lo que hubo, desde lo futbolístico, fue algo así como una línea de flotación que al menos mantenía los ánimos en un terreno de placer.

Y en el medio aparecieron esas alegrías (disfrutadas como corresponde) que entregaron las clasificaciones por Copa Argentina a octavos de final primero, ante Talleres, y a cuartos de final después, frente a Almagro. Las dos por la vía de los penales, producto de un flaco desempeño que lejos estuvo de darle al equipo la capacidad de resolver la situación dentro de los 90 minutos.

Pero lo dicho, aún en medio de los triunfos de las primeras fechas se veía que al equipo le faltaba esa cuota de juego necesaria como para que la degustación por cada victoria lograda sea de mayor envergadura.

Por eso hoy todo quedó más expuesto. Por eso el traspié ante Unión (el tercero de manera consecutivo en la Superliga) mostró con mayor crudeza que la anemia futbolística no siempre puede ser tapada por la contundencia de los resultados.

Aquel orden que se vio en el inicio hoy no parece ser tal (no sólo Unión sino Almagro le generó una andanada de situaciones de gol) y a partir de ahí se comenzaron a potenciar los otros defectos que, al menos desde aquí, ya habían sido marcados (ver facsímiles). Porque aun con el equipo ganando siempre estuvo claro que había algunos problemas a resolver, los que, por obvias razones, parecían muchos más sencillos de afrontar precisamente porque el equipo lograba buenos resultados. El propio Matías Caruzzo ayer en conferencia de prensa hizo referencia al tema.

Quedó más que claro que la magnitud de la derrota contra Unión puso en evidencia algunas cosas de las que antes mucho no se hablaba. Quizá haya sido el toque de atención para que el reordenamiento de ideas sea lo suficientemente profundo, que lleve a pensar que lo del último domingo, además de una muy mala tarde, pudo haber sido una lógica consecuencia.

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