Cada vez falta menos para el gran choque entre Uruguay y la Argentina y las calles de Montevideo
ya palpitan a pleno el clásico definitorio por las eliminatorias sudamericanas para el
Mundial de Sudáfrica 2010, que se jugará desde las 19 (hora argentina) en el mítico estadio
Centenario. El plantel argentino ya está en estadio y está en la cuenta regresiva para el
partido.
Hace frío y llueve pero el ánimo es cálido en Montevideo. Las banderas charrúas se multiplican
entre la gente que se prepara con gran expectativa para el partido. Desde que el sábado Forlán
convirtió ese penal en tiempo de descuento y recuperó las chances mundialistas, en Uruguay no se
habla de otra cosa. Incluso el fútbol pudo colarse en la agenda política que a once días de las
elecciones muestra la participación activa de la población.
El clima es tranquilo y reina el optimismo. Los uruguayos manifiestan con energía que les
gustaría que Argentina llegue al Mundial pero proponen que sean los dirigidos por Maradona los que
vayan al repechaje: "Tienen mejor equipo y no van a tener dificultades en pasar esa instancia, en
cambio para nosotros sería más complicado", analizó un uruguayo en representación de otros
tantos.
Para la hora del partido el pronóstico prevé que baje más la temperatura aunque pararía de
llover. Igual el estadio repleto hará sentir la bravura de la instancia definitoria que se juegan
ambos seleccionados.
La selección. Mientras tanto los jugadores argentinos esperan en el hotel Sheraton
ubicado cerca de Punta Carretas. En tres pisos exclusivos (11, 12 y 13) el plantel descansa antes
de partir al estadio. Si bien anoche sonaron varias bombas de estruendo es algo esperable en esta
instancia y desde la comitiva de AFA no le dieron importancia.
Después del almuerzo, el tiempo se hará largo hasta partir a la zona donde se emplaza el
histórico estadio que una vez más será escenario de una trascendental definición.
Camino al Parque Battle y Ordoñez. A cuatro horas del partido la tensión se
incrementa, la zonas aledañas al estadio comienzan a mostrar la ansiedad que se hace visible en el
gran movimiento de gente.
La avendia Ricaldoni, que va del centro para la cancha, ya está inundada de vendedores
ambulantes con mayoría de banderas uruguayas mezcladas con la de los tres partidos políticos que
disputan las próximas elecciones: el Frente Amplio, Partido Colorado y Nacional.
En el estadio Centenario cientos de personas ya trabajan en poner a punto las instalaciones.
Algunos técnicos probaron el cartel electrónico y son muchas las radios y periodistas que
arrancaron la transmisión.
Según estimaciones de la organización son alrededor de 370 los periodistas acreeditados de los
cuales casi 290 son argentinos y unos 80 del país local.
Un párrafo aparte merece el trato de las autoridades uruguayas. A pesar de la rivalidad
deportiva por el definitorio partido, el Ministerio de Turismo de Uruguay tuvo la mejor
predisposición hacia los medios rosarinos para atenderlos de manera impecable. La colaboración y la
logística para cubrir el encuentro es perfecta.
Campo de juego. Ya en el Centenario se puede observar que en los
sectores laterales de las áreas hay muchas marcas que denotan un mal estado de la cancha. Se
visualizan algunos pozos y zonas más gastadas. Con este panorama sumado a la intensa lluvia el
campo de juego podría ablandarse más y volverse más rápido.
Proselitismo. En muchas esquinas de Montevideo conviven las banderas de Uruguay
con las del Frente Amplio (que postula a José
Pepe Mujica como presidente) y las del Partido Nacional (que promueve a Luis Lacalle). El
tercer candidato es el del Partido Colorado, que postula a Bordaberry. Mientras que en algunos
puestos de venta, sobre todo en la zona de Miramar, Carrasco y Pocitos (en el camino del aeropuerto
hasta el centro), se veían flamear algunas banderas argentinas, como queriéndose hacerse lugar en
medio del reflejo multicolor. "Estoy sorprendido, se están vendiendo muy bien desde el domingo",
dijo Juan, un vendedor de banderas. Eso sí. Todo en perfecta armonía, igual que en los semáforos,
donde los chicos reparten folletos con las propuestas de los candidatos. Sin histerias, peleas ni
reproches.
"Lo único malo de esto es que somos nosotros o ustedes", se lamentan. Como siempre los
pronósticos pasarán a la historia cuando el árbitro dé la pitada inicial.