Central tuvo la imagen que menos quiere el Kily González. El canalla tenía la oportunidad de dar un salto de calidad, venía de vencer con claridad a Argentinos, pero anoche entregó una actuación decepcionante desde el juego, la concentración y la rebeldía. Jamás supo sobreponerse a las vicisitudes que fue presentando el cotejo ante River. Se desinfló y terminó a merced del millonario. Por eso el 0-3 lacerante del final, más allá del penal inventado por Rapallini para el segundo grito local, se ajustó a la pobrísima puesta en escena auriazul.
Central pagó carísimo su timidez y tibieza. Intentó jugar de igual a igual sólo en el inicio, pero con el paso de los minutos se consumió en su propia impotencia. El arco de Armani le quedó lejísimo.
En un discreto primer tiempo canalla el equipo de Gallardo consiguió ponerse en ventaja en una jugada de pelota quieta, en la que Borré fue el más vivo de todos dentro del área. Pero tras el descanso todo fue para el local. La pelota, la presión para recuperar, la ambición de ir al frente y las jugadas de peligro. River sintió el quedo canalla y aceleró para definir el pleito con claridad y suficiencia.
Es cierto que la jugada del penal inexistente que cobró Rapallini por una supuesta mano de Laso que no existió, a los 10’ del complemento, y la conversión de Montiel no hizo más que echarle veneno a la herida auriazul. Y encima un minuto después vio la roja el pibe Mazzaco por una dura entrada a De La Cruz. Fue el principio del fin. Fue casi la rendición, aunque había casi media hora por jugar. En este escenario hostil, encima ante un adversario de los más calificados como es justamente River, Central se sintió definitivamente inferior. No tuvo respuestas anímicas ni futbolísticas para vender cara la derrota.
Encima llegó el tercero de De La Cruz tras un desvío desafortunado en Avila. Ni siquiera el ingreso de Marco Ruben envalentonó a los del Kily. Vecchio cayó en la maraña de volantes millonarios y tampoco pudo frotar la lámpara.
Sin dudas que la visita a River siempre significa un escollo durísimo, tal vez de los más complejos que depare el fixture, pero lo más preocupante de ayer no es el 0-3, sino el formato de la derrota.
El Central del Kily jugó tres cotejos en el pasado reciente ante River y si bien fueron sendas derrotas, la de ayer fue la más clara e inapelable.
El canalla necesitaba dar un salto de calidad. No pudo. Para crecer es indispensable confiar en sí mismo. Anoche no lo hizo. El Kily tiene mucho trabajo por delante.
El plan Ojeda no funcionó
Si la actuación de Emmanuel Ojeda era el termómetro para la búsqueda o no de un volante central, hoy mismo en Central se lanzarán a la caza de un jugador en ese puesto. Si el equipo hubiera funcionado de otra forma, lo de Ojeda pudo haber sido mejor, pero el correntino quedó en deuda porque fue de los puntos más flojos. Porque no sólo no marcó presencia en el centro del campo, sino que hasta pareció desordenar a Villagra. La chance que se le abrió por la baja de Fito Rinaudo le quedó grande.
Un penal inexistente
Corrían 10 minutos del complemento cuando Angileri trepó por el sector izquierdo, tiró un centro y la pelota rebotó debajo de la axila izquierda de Laso. El árbitro Fernando Rapallini le pifió feo y cobró penal a favor de River, que luego cambió por gol Montiel para el 2 a 0. Fue una acción que quebró el encuentro, Central descarriló y ya no pudo retornar nunca.