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Brian Impellizzeri, de estar en el lugar justo y el momento indicado, a Tokio 2020

El rosarino que tendrá su debut absoluto en los Juegos Paralímpicos no sabía de la existencia de esta competencia hasta hace 5 años. Pero un ojo "clínico" lo vio y lo convenció sobre este sueño.

Viernes 20 de Agosto de 2021

De no haber sido por un simple cumpleaños, quizás hoy Brian Impellizzeri no estaría ya en tierras niponas terminando la preparación para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, que comenzarán el próximo 24 de agosto y en el que este rosarino de barrio Acindar hará su debut absoluto. Eso de "estar en el momento justo en el lugar indicado" le sienta como anillo al dedo a él, quien hace sólo cinco años se enteró que existían Juegos para personas con discapacidad. De hecho, se deslumbró viendo por televisión cómo otra rosarina hacía historia ganando una medalla dorada paralímpica para Argentina tras 20 años en Río de Janeiro 2016. Lo que no sabía Brian en ese momento es que esa chica que se llevó todas las portadas de los diarios sería en breve su compañera de entrenamiento de todos los días: Yanina Martínez. Como tampoco sabía que esa tarde/noche en ese cumpleaños, entre tanta gente que él ni miró al entrar, estaba sentado Martín Arroyo, el entrenador de Yani de toda la vida, que aunque estaba de celebración no había cerrado el ojo clínico. Y ese ojo clínico lo llevó a Brian, como su 1.97 metro de altura que, lógicamente, no pasaron desapercibidos.

Brian Impellizzeri ya está en Tokio 2020. A sus 23 años tendrá su debut paralímpico y lleva con él chances concretas de medallas. Saltará en largo, su especialidad, y también correrá los 100 metros, ambas pruebas en T37. Cuando cuenta su historia ríe porque dice que Martín notó lo que nadie, su discapacidad. Dice que el profe tiene el ojo entrenado y se dio cuenta de algo que él no contaba y que durante más de ocho años ni habían notado sus compañeros de colegio, esos mismos con los que llegó al cumpleaños aquella tarde que le terminaría cambiando la vida. Porque si bien allí no hablaron, por medio de un amigo en común Martín, que notó el "secreto", invitó a Brian al Estadio Jorge Newbery, le contó a qué se dedicaba y le metió el "bichito" paralímpico y esa motivación tan especial que significa representar a Argentina. Le dijo que lo veía posible, que sus destrezas estaban bajo el sol y Brian, desde entonces, se visualizó en unos Juegos Paralímpicos. Transitó con increíbles resultados (especialmente por lo rápido) los torneos intermedios de este ciclo y por eso pudo sacar pasaje a Tokio, donde llegó como el N° 1 del ránking mundial en salto y en el que cumplirá este sueño que no fue de siempre, pero sí igual de intenso que aquellos que nacen mucho antes.

BrianYaninaMartín

Brian siempre fue un fanático de los deportes: pasó por tenis, básquet, vóley y los urbanos parkour, skate o BMX con alguna bici prestada. También jugó al pool profesionalmente. Desde chico fue un inquieto que hizo de todo. Especialmente aquellas tardes de infancia entre hermanos y vecinitos. Se crió con Priscila, Valeria y Alejandro, junto a mamá Alejandra como figura fuerte. Y si bien en aquellos años hubieron cosas difíciles, las supo transitar. "Siento que todo lo que me propongo lo consigo", dice Brian en un alto de un entrenamiento en las afueras de Amsterdam, previo a llegar a Tokio. En aquella infancia ancla la fortaleza y el convencimiento. Como también ancla eso de que una discapacidad no puede limitarlo. Cuando era chiquito transitó por varios médicos, responsabilidad de mamá que notaba que con ese hijo no era lo mismo que con los anteriores. Este tenía problemas para coordinar pequeñas cosas que tenían que ver con la parte izquierda del cuerpo. Los años (y la insistencia de ella), dieron con el diagnóstico: hemiplejia del lado izquierdo, en brazo y pierna que le genera inconvenientes motrices, tener mejor rango articular, menor fuerza y menor posibilidad de reacción. Pero era y es tan leve que por eso por años nadie notó en el colegio Normal 3 nada de aquello, ni sus más amigos. Mucho menos viendo cómo se destacaba en todos los deportes en los que incursionaba. Hasta que llegó Martín.

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El proceso de Brian Impellizeri para desembarcar en sus primeros Juegos Olímpicos fue, metafóricamente, casi tan rápido como lo que tarda en correr 100 metros en la pista de atletismo. Enseguida conoció su disciplina, Martín dio en la tecla con las pruebas en las que Brian parecía ser bueno y arrancaron el recorrido. En los Juegos Panamericanos de Lima 2019 ya brilló y tras un hecho puntual y vergonzoso como fue no poder competir en el Mundial porque los dirigentes se olvidaron de inscribirlo, él siguió dando que hablar con resultados. Su perfil bajo y el de su entrenador hacen que prefieran no hablar de los números que manejan, porque al fin de cuentas en una competencia como son los Juegos Paralímpicos puede pasar cualquier cosa, pero las marcas lo hacen ser cosa seria. El, que encima es un estudioso, tiene todo sabido respecto a los 7 rivales de primer nivel que (mínimo) debe vencer para subirse a un podio. Ni siquiera quiere pensar en eso, ni siquiera quiere visualizarlo, cómo sí lo hizo en otra competencias, imaginando previamente cómo se podría dar tal o cual prueba, cómo se observaba en el final. Prefiere la mesura.

Y la mesura, por caso, tiene también que ver con todo aquello a lo que llevó (o no llevó) la pandemia. Porque Brian no tuvo en este tiempo la posibilidad de ver a sus rivales en alguna cita intermedia y porque tampoco él tuvo la chance de saltar y correr, a excepción del Open Internacional de Concepción del Uruguay, que fue la cita más elevada que tuvo pero que más que nada le sirvió para homologar marcas de cara a Tokio. Así, el campeón de salto en Lima y subcampeón en 100 metros, prefiere poner paños fríos a las expectativas, porque tampoco sabe cómo influirá en él el hecho de que se trate de su debut paralímpico. Aunque a la vez está tranquilo, sabe que vaya como vaya, dejó todo en el camino para llegar de la mejor manera y que por su edad, hasta podría completar dos ciclos paralímpicos más.

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En este tiempo, Brian, Yanina y Martín no sólo tuvieron que armar burbujas sanitarias primero para entrenar y luego para tomar todos los recaudos antes del viaje. Sino que fueron, más que una burbuja, una pequeña familia. Incluso Brian, que ve en Yani a una competidora fenomenal que admira desde aquellos días en la tele, dice que tanto la familia de ella como la de él y la de su novia Micaela, se sienten propias. El remarca que Martín es un gran sostén, pero Martín repite que el sostén es Brian, que lo ayuda a resolver cada cuestión administrativa que se le presenta y que es una mano increíble aún fuera de la pista. Brian está en tercer año de UGR, cursa la Licenciatura en Actividad Física y Salud y en estos días piensa que debe preparar los exámenes, pero a la vez duda si no le conviene "tirarlos" para un poco más adelante porque Tokio, en sí, necesita demasiada atención. Y otra cosa tiene en la cabeza: a la vuelta de Japón tiene que arreglar el cielo raso de la casa en la que vive con su mamá y las dos hermanas y que rompió saltando en cuarentena con aislamiento estricto, mientras entrenaba adentro. Aunque otra cosa baraja: quizás esté bueno dejarlo roto, así cada vez que levante la cabeza y lo vea, recuerde cuánto costó llegar hasta acá.

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