Si el vestuario número 10 de la cancha de hockey de Godoy Cruz todavía sigue en pie es porque los arquitectos hicieron bien su parte. Sobre todo después de que ayer estallara allí dentro toda la felicidad del plantel de Atlético del Rosario tras conseguir la medalla de bronce de la Liga Nacional de Clubes que se jugó en Mendoza. Con el corazón en la mano, con las piernas moviéndose por inercia, con el ahogo latente y con mucha, mucha garra, las chicas del pasaje Gould sacaron adelante un encuentro durísimo ante Popeye de Salta. Fue 1 a 1 en tiempo reglamentario, con goles de Macarena Pescador y Julieta Miranda. Y triunfo de Plaza en la definición por penales australianos 4 a 3. Había una sensación instalada desde el inicio del torneo sobre que Atlético del Rosario podía meterse en la pelea grande. Dio el primer paso, jugó las semifinales pero cayó con River y no le quedó otra que ir por el tercer puesto. Subirse al podio o no subirse no da lo mismo, aunque a esta altura la cabeza y las piernas pesen el doble. Pero Plaza se recuperó y tuvo premio. General y particular, porque el partido de ayer fue en sí una novela.






























