La ciudad

Huevo

Demasiado tiempo a nuestro lado, el huevo es demasiadas cosas. Una forma, un objeto, una vida.

Martes 07 de Agosto de 2018

Demasiado tiempo a nuestro lado, el huevo es demasiadas cosas. Una forma, un objeto, una vida. Hay mas. El huevo es un sujeto múltiple de nuestro lenguaje y, a su través, de nuestra vida.
"Cuerpo redondeado, de tamaño y dureza variables , que producen las hembras de las aves o de otras especies animales , y que contiene el germen del embrión y las sustancias destinadas a su nutrición durante la incubación" .
Hay otra acepción mas específica. "Huevo: masculino huevo de la gallina , especialmente destinado a la alimentación humana" .
Hay demasiada literatura, cocina, conversaciones con el huevo. Recuerdo haber ido al fondo, después del cacareo, a buscar huevos tibios, recién puestos por las batarazas. Allá en los cajones y con el colchón de pajas que cada tanto había que limpiar.
Contra el filo de la sartén la mano rápida y segura de la vieja lo cascaba, entraba en esa bulliciosa mezcla de aceite y manteca (un poco liviano, pero no tanto) y allí salía, redondo, blanco como una clara y amarillo como un sol. Sartén chiquita, de a uno por vez. Ennegrecida y perfecta.
La galladura se sacaba en la preparación de los fideos (un huevo por persona) porque era fácil verla. Eso de la "galladura" era eso: que el gallo la había "pisado". Demasiadas explicaciones no pedíamos. Tampoco las hubiesen dado. Ni siquiera se hoy si, en rigor, las sabían.
Los huevos para la mayonesa y no mirar el batido para que no se corte eran otra cuestión, en esos casos había tías porque las mayonesas eran parte de una comida comunitaria. Las tías son siempre parte de una reunión familiar. Aún aquellas que no eran tanm simpáticas y cercanas a mi vieja. Es una fiesta, van a venir, no hablemos nada raro.
Los huevos se envolvían de a tres, con papel de diario y otros tres y la media docena en otro papel y la docena y la pila. Esas "hueveras"! con papel reconstituido son mas modernas que la cocina de mi madre.
Pero el huevo también era el cero. Y el tonto un huevo, un huevudo era un poco mas.
Después la otra similitud. Con los testículos. Hay toda una literatura en ese aspecto, tanta que, por donde la recuerdo, creo que hay una frase mas, una similitud mas, una broma mas. Mejor no avanzar.
Muchas protestas públicas, ya en aquellos años, se resolvían con una queja a puro huevazo.
También el aliento o la falta de aliento se resolvían con la metáfora de poco o mucho.
Se que lo que cuento en este párrafo parece extraño o diferente, pero sucedió. La apertura, en el sur, de importaciones que trajeron el "Vanlon" el "Stretch" la"Gomaespuma" y los cigarrillos con bouquet de tabaco Virginia (la invasión de Chesterfierld) también trajeron, por poco tiempo "huevo en polvo". La tía Alida Parreño, la que tocaba "la cordiona" y cantaba como santiagueña, decía que eso era artificial. La abuela Josefa, mi abuela Pepa jamás abandonó, para la coctelera y mi huevo batido, la yema verdadera y la gotita de oporto. Ese mínimo cóctel, ese sambayón o sabayón que no he vuelto a encontrar.
A veces discuto, porque algunos creen que no existió el huevo en polvo. No me aflige. Tampoco discuto sobre ése postre que era y no era el del diccionario ("El zabaione (del italiano zabaglione, a su vez del italiano arcaico zabajone), también denominado en castellano sabayón o sambayón en las cocinas argentina y uruguaya, es un postre tradicional de la cocina italiana. Se trata de una crema hecha con yema de huevo, azúcar y vino") Del mismo modo que no discuto sobre la cantidad de huevos para los fideos porque la proporción aurea es esa: uno por persona. Como la diferencia con huevos de pato, de paloma o el huevo de la Ñandú que la abuela, en Coronda, usaba para un colchón de arvejas al que no me le animaba y mis tíos esperaban con demasiada alegría, casi escatológica. Ni siquiera discuto ante la tibia palidez de los huevos del mercado, casi artificiales, a los que no hay que buscarles "galladura" sino fecha de vencimiento. "Han aparecido cada cosa en estos tiempos..." Eso decía mi abuela sobre los habanos de "tabaco picado". Mi abuela Josefa era sabia. Repito lo suyo. "Hijo, no discuta por huevadas. Si le gusta coma y si no le gusta lo deja y listo. La vida es así. Hay cosas que si, hay cosas que no ¿Entiende?..." Acoto. Las abuelas eran sabias. Aquellas. Las nuestras.

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