La ciudad

"Frente a una realidad desquiciada no hay que intentar encajar sino perforarla"

Nemrod Carrasco es el filósofo que asesoró en el guión de Merlí, la exitosa serie que emite Netflix. También es docente en la Universitat de Barcelona. Esta semana dio una serie de conferencias en Rosario invitado por la UNR.

Domingo 26 de Agosto de 2018

"El objetivo de mis clases de filosofía es el mismo que el de Merlí: agujerear esta realidad que nos asfixia y no nos deja respirar". Así lo afirma Nemrod Carrasco, el profesor de filosofía que asesoró en los guiones de la popular serie catalana que es un éxito en Netflix. Esta semana estuvo en la ciudad para dar una serie de charlas en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Allí pudo palpar de primera mano la enorme repercusión que aún tiene la serie en la Argentina.

El jueves su conferencia ante 500 personas desbordó el auditorio de la Facultad de Ingeniería. Un día antes, cuando terminó la charla que brindó ante adultos mayores, uno de los asistentes se le acercó, le estrechó la mano y le dio las gracias por haber trabajado en una serie que, además de entretener, ayuda a pensar. "¡Hombre! Que un producto televisivo consiga esos efectos es una cosa que no es muy habitual", celebra el profesor. Al llegar a Rosario se encontró con la movilización de los universitarios. Sobre esto, confiesa que los ajustes en la educación superior lo entristecen y que el objetivo del neoliberalismo es desmantelar la universidad. Además de reconocer que la Argentina tiene "un sistema universitario absolutamente envidiable, que no tiene parangón con otros países". También celebra la pelea por la legalización del aborto y afirma que "cualquier lucha que se quiera encarar contra el capitalismo va a tener que empezar por la liberación de las mujeres".

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Carrasco dice que su vínculo con la serie Merlí surgió de una carambola de la vida. El daba clases de filosofía en la Universitat de Barcelona y uno de sus alumnos se le acercó con un propuesta que lo descolocó. El alumno —Héctor Lozano— estaba trabajando en el guión de una serie de televisión sobre un profesor de secundaria un poco excéntrico. Y que como él, daba clases de filosofía: "Me dijo: «Tus clases son muy estimulantes y el personaje tiene características que tú le podrías imprimir. Y quiero que cada capítulo tenga una pincelada filosófica y esté lo más documentado posible ¿cómo lo ves?»". Así fue como Nemrod Carrasco se convirtió en el cerebro filosófico del guión del fenómeno catalán de Netflix.

Merlí, el genial personaje de la serie encarnado por Francesc Orella es todo lo políticamente incorrecto. Irónico, sarcástico, corrosivo, incoherente. "Desde el primer momento queríamos que fuese así, provocador", cuenta el filósofo a La Capital. Y si tiene que reconocerse en el personaje que ayudó a construir afirma: "Preguntarme qué puede haber en mí de ese Merlí, pues la verdad que no mucho... pero sí es verdad que el objetivo de mis clases de filosofía es el mismo de Merlí: agujerear esta realidad que nos asfixia y no nos deja respirar".

—¿A qué atribuís el éxito de Merlí?

—A muchas razones. Es un tema muy atractivo. Las series para adolescentes que tradicionalmente se habían realizado tienen un conjunto de clichés que Merlí quería esquivar o en todo caso reproducirlos de una manera más sofisticada. Es una serie que ha tenido la virtud de hablar de cosas de las que habitualmente no se hablan en las series: la complejidad del sistema, el amor, la relación de las parejas adolescentes, las dificultades que atraviesan las relaciones de padres e hijos. Se ha atrevido a expresar un malestar hacia la casta política, hacia su negligencia, su incompetencia, sus errores. Se ha atrevido a romper algunos tabúes relacionados con la homosexualidad y la temática trans. Ha puesto sobre el tapete una serie de problemas que ha tratado con rigor y tacto, que en televisión no suele pasar porque se tienden a banalizar las cosas con mucha facilidad o convertirlas en espectáculo. Y lo más importante de todo, y de eso estoy muy contento, es que ha hecho de la filosofía algo que está directamente relacionado con los intereses de la gente. Para mí ese es el mejor regalo: hablar de todo esto utilizando como hilo conductor algo aparentemente tan pesado y ajeno como lo es para mucha gente la filosofía.

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El actor Francesc Orella, el verdadero Merlí. 
El actor Francesc Orella, el verdadero Merlí.

—Acercar la filosofía...

—Con la filosofía en estos últimos años han pasado dos cosas gravísimas: por un lado se ha encerrado en la academia, en las universidades, la hemos separado de la realidad, convirtiéndola en una disciplina puramente técnica, con un vocabulario que nadie entiende, con una jerga prácticamente para iniciados y que en definitiva sirve para escribir tesis doctorales y artículos en revistas especializadas que al final no lee absolutamente nadie. Eso es muy grave, porque eso lo que ha hecho es mostrar la filosofía como algo alejado de la gente, cuando para hacer filosofía necesitamos muy pocas cosas: ganas de preguntar y sobre todo de razonar, nada más. Y por otro lado se da la paradoja que la filosofía que ha resultado más popular, la que ha tenido más éxito a nivel de venta, es un tipo de filosofía que yo llamo la "filosofía de la felicidad", que es la que se ha terminado confundiendo con los manuales de autoayuda y ha terminado convirtiendo a la filosofía en lo que no es: un instrumento de realización personal. Es decir, la filosofía entendida como una disciplina puramente consoladora, terapéutica, que es capaz de ofrecerte pautas, criterios, normas para poder vivir y encajar en este mundo tan cruel y terrible que nos ha tocado vivir.

—Y de forma individual...

—Sí, claramente de manera individual. Privatizando el malestar. Haciendo que el malestar cada cual lo experimente como de uno, y vea en la filosofía una herramienta aparentemente neutral para poder solventar sus problemas a título individual. Tanto la filosofía que practica la academia como esta otra "Mr Wonderful" lo que hacen es desnaturalizar y traicionar lo que, a mi juicio, constituye la esencia misma de la filosofía, que es cuestionar la realidad que nos ha tocado vivir. Y creo que eso la serie, en mayor o menor medida, lo intenta hacer.

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—Y en esto de cuestionar la realidad, ¿cuáles son las "certezas" que más te incomodan?

—La lista es absolutamente inagotable. Cualquier creencia sobre la cual se constituyen nuestras vidas de alguna manera forman parte de ese paquete de valores, prejuicios e ideas. Si uno se pusiera a pensarlo se daría cuenta que constituye una parte importante de nuestro malestar. No sabría muy bien por dónde empezar, pero todas la creencias que tienen que ver con la familia, con la propiedad privada, con la banca, los individuos, con lo que significa tener éxito en una sociedad como la nuestra. Todos estos principios, valores, creencias que determinan lo que supuestamente es una vida normal y sobre la que intentamos construir una vida lo más segura y confortable posible es lo que nos convierte en seres perfectamente preparados para entrar en el diván de cualquier psicoanalista, que sé que aquí tiene mucho éxito eso. Somos una sociedad profundamente enferma. Esa aspiración a la normalidad lo que hace es que nos olvidemos de hacernos la pregunta de verdad: cuál es el precio que hay que pagar para ser normal, cuáles son los costos que al final hacen que esta vida tal como está concebida y tal como nos la han vendido sea insoportable. El problema es que nos hemos creído que la elegimos. Tiene uno la sensación de que elige muchas menos cosas de las que les hacen pensar que elige. Estamos en una sociedad cuya capacidad de autocrítica es cero. Lo normal es eso. Las sociedades que suelen ser muy cerradas no tienen esa valentía de pararse frente a un espejo y admitir cuáles son sus contradicciones. No paramos de intentar maquillar la realidad y hacerla pasar por lo que no es. Esta manía de intentar encajar en esta realidad, cuando la realidad está absolutamente desquiciada y quizás lo que hay que hacer es todo lo contrario: pensarla y perforarla.

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