La ciudad

Flor Balestra, nueva directora del Astengo, inició la gestión con visitas guiadas

La dibujante conduce a personalidades de la cultura por lo recovecos e historias del lugar que estuvo cerrado más de un año por la pandemia. Ya tiene planeadas múltiples actividades para lanzar a fines de agosto

Martes 10 de Agosto de 2021

¿Qué tienen que ver Enrique Astengo, Lola Membrives, el teatro Odeón, la madre de la actriz francesa Anouk Aimée y Héctor Astengo, el Mozarteum Argentino, Rudolf Nureyev, David Byrne, Charly García y el Flaco Spinetta? Que todos son parte del pasado del Auditorio Fundación Astengo, de Mitre 754, un teatro que desde hace más de tres meses dirige la dibujante y diseñadora rosarina, Florencia Balestra.

La nueva directora pretende darle a este entrañable espacio cultural una impronta "abierta, inclusiva y moderna", no solo en el escenario sino también en las escaleras y en los balcones, según adelantó a La Capital durante una visita guiada que ella misma conduce por los rincones del teatro como inicio de su gestión.

En esta movida, Balestra piensa incluir proyectos gastronómicos (un café, degustaciones de bebidas, tardes de té), acciones plásticas (exposiciones, subastas de arte, performances), shows musicales (de tango, jazz, rock y otros géneros), propuestas literarias (conferencias y presentaciones de libros, encuentros de producciones de cómics), encuentros lúdicos (tardes de juegos de mesa), desfiles y espacios para debates de lo más diversos: desde astrología a diversidad sexual y también deportes. Solo algunos de la larga lista de planes, resaltados con un fibrón naranja flúo que tiene anotados en un papel.

- ¿Entonces, qué diferencia habrá entre tu propuesta y la de un salón de fiestas? ¿Apuntás más a una feria o a un centro cultural que a un teatro clásico?

- Es que para mí debe variar el concepto de teatro, habrá de todo porque las líneas se van desdibujando. Hoy los teatros en Europa tienen bares y venta de merchandising. Quiero que sea un batifondo de la cultura, una mezcla, donde nada quede afuera y las puertas estén abiertas mañana, tarde y noche. Sin irme de mambo quiero que acá puedan venir los jóvenes y los viejos, los ricos y los que no tienen dinero y nunca van a un teatro, los modernos, los emergentes y los clásicos, los ganadores y los perdedores. Eso sí: acá no habrá ni tribus ni kioscos. Cuando la gente se junta salen cosas buenas.

Un manifiesto Balestra, que será acompañado por una frase que la directora ya pensó a manera de slogan. La saca de su cartera, donde la tiene escrita a mano, y la muestra. Se lee: "Tenemos un teatro". Esa es su idea, dice.

De arriba a abajo

Los recorridos por cada planta y el relato de qué proyectos tiene van de la mano en estas visitas que encabeza la flamante directora. Las viene organizando para medios, personalidades de la cultura, amigos, amigas y "para todo aquél -dice- que tenga algo interesante para compartir y aportar a este nuevo y renovado proyecto social y cultural que pienso poder poner en actividad a fines de agosto".

Balestra no es una recién llegada a la Cultura vernácula ni al propio teatro. Desde 1991 hasta 2016 comandó "Peccata Minuta, pecados pequeños" y "FloR Objetos irresistibles", dos locales propios de venta y exposición de arte y producción de la ciudad, en la galería más vieja de Rosario: el Pasaje Pan (Córdoba 954).

En 2008 fue designada Subsecretaria de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario: creó las campañas sobre marca-ciudad “Rosario, la quiero” y “Muy Rosario”.

De todos modos siempre se jactó de no ser una figura política: no la seduce la información del minuto a minuto. De hecho su aviso sobre esta nueva propuesta lo publicó con rasgos más poéticos y ligados a recuerdos que a formales anuncios.

"Ese sueño me seguirá a todas partes porque hice de él mi casa y mi lugar en el mundo, pero en estos días los vientos soplan fuerte y me llevan a otra nave maravillosa y estupenda, patrimonio histórico y cultural de la ciudad", se lee en un texto personal y que como siempre firma con un "FloR".

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Así saltea la función pública y cuenta su paso de un proyecto privado a otro que "heredó" de su padre, René Balestra, quien estuvo al frente de la Fundación poco más de 50 años y a quien supo acompañar al Astengo en más de una ocasión. Y explica que lo hace porque la Fundación lo permite en sus estatutos: un legado que no requiere de asamblea previa y que ella aceptó con gusto.

"Además bailé acá para el grupo de danza contemporánea de Cristina Prates, en este mismo escenario", cuenta "Flor", tal como firma sus dibujos y se la conoce popularmente, cuando la visita integrada por la cantante Evelina Sanzo, las arquitectas Maite Fernández y Paula Fierro y este diario subieron "a las tablas".

Balestra le pone un ritmo acelerado a sus pasos y palabras. Está entusiasmada con lo que llama un mega proyecto que, confiesa, cuenta por ahora con más ideas que presupuesto. Dice que eso le quita el sueño, pero que no la detiene.

"Esto es un papel en blanco, implica que está todo por hacer. Estoy hablando con todos y también con empresarios, escuchando qué tienen para dar para este lugar lleno de historia e impecable. Ellos pueden dar y nosotros también, ofreceremos modernizaciones y mejoras en los servicios a las productoras de teatro, danza y música", asegura mientras sube y baja escaleras, muestra los camarines, la sala principal para 1.150 personas (que por los aforos obligatorios de la pandemia por ahora podrá habilitarse para 575 personas), pasa por los palcos, lo alto del gallinero y el subsuelo bajo el escenario. Un recorrido de arriba abajo y a lo largo de la historia del teatro y de la ciudad.

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Como muestra de las incesantes charlas que viene manteniendo con el sector privado, Balestra estampó una imagen irónica en sus redes.

"Ya sé cómo conseguir finanzas para el teatro", escribió sobre una joven Jane Fonda, pistola en mano y vestida de vaquera del oeste norteamericano. Una muestra de que la cosa no viene fácil pero está decidida a pelearla.

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Dos de los siete empleados de la casa ven pasar a la directora y a las visitas. Son Claudio Capoulat y Ramiro Cáceres, los que han mantenido el teatro con sus pisos relucientemente encerados, las alfombras y panas de las butacas rojamente pulcras, y todo el mobiliario sin una pizca de polvillo en el año y medio que estuvo cerrado por la pandemia.

Ambos trabajadores posan para la foto antes de explicar, con el orgullo casi de "dueños de casa", que las guitarras de la vitrina del hall de entrada son una donación del guitarrista rosarino Eduardo Bitetti, quien tocó unto a grandes orquestas de todo el mundo, incluyendo la de cámara en Inglatrra, Praga, Munich, Israel y Zagreb; las orquestas sinfónicas de Londres, Frankfurt, Suisse Romande, Madrid, Stuttgart, BBC, Buenos Aires y otras.

"El lugar es maravilloso y está en muy buen estado", coinciden en decir con ojo profesional las arquitectas Fernández y Fierro, mientras Sanzo prueba voz en la excelente acústica de la sala y musicaliza la visita.

Rastros de la historia

En la recorrida no pasan desapercibidos decenas de objetos exquisitos como una mesa de mármol rosada del primer piso donde Balestra ya imagina una degustación de champagne. O las obras que se reparan en el foyer, una sala inmensa con luminosos ventanales hacia calle Mitre, con arañas de cristal, donde se "airea" una pintura de Aid Herrera, esposa de Juan Grela, y otra de Jorge Vila Ortiz, entre tantas. Todas prontas a encontrar un nuevo lugar apenas se reactive el teatro.

En un rincón, en lo alto del edificio construido en 1927 como réplica de uno italiano, Balestra mostrará el baúl con el que Enrique Astengo vino en barco con algunas pertenencias desde Europa. Se verán varios muebles más, lámparas, escritorios, en desuso pero impecables.

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Rastros del inmigrante italiano que devino en poderoso terrateniente e hizo una fortuna cuando diversificó sus inversiones en bancos, bienes inmobiliarios y obra pública. Además, con perfil filantrópico compró obras de arte en Europa, no siempre de buena calidad al comienzo de su vida de coleccionista que más tarde perfeccionó.

Luego fundó el teatro donde antes había tenido vida el Teatro Odeón. La primera obra que subió a escena fue "La mariposa que voló sobre el mar", representada por Lola Membrives. Desde 1949 a 1967 la sala también funcionó como cine.

Astengo tuvo tres hijas y cuatro hijos con Antonia Sainte Marie. En 1981, Celia, Héctor y María Antonia legaron parte de la colección de obras de arte de su padre a los museos Castagnino e Histórico de Rosario.

Héctor Ignacio Astengo se trasladó a Canadá en la década del ‘40 y en 200 hectáreas se convirtió en criador de vacas de la raza lechera de ese país. Luego vivió en París con la actriz Geneviève Sorya -madre de Anouk Aimée-, volvió a Rosario por sus actividades rurales y abrió el teatro Fundación Astengo. También por esos años se instaló el Mozarteum Argentino filial Rosario.

Por "El Fundación", tal como lo llaman los rosarinos y rosarinas, no solo pasó Nureyev, a quien Balestra recuerda haber visto bailar, sino también Julio Bocca, Eleonora Cassano, Les Luthiers y figuras del rock nacional e internacional.

Tal vez ahora no sea el mejor momento para pensar en invertir en personalidades extranjeras, pero para Balestra es la hora de "abrirles las puertas" a propios y extraños porque, reitera, "Tenemos teatro" y subraya que lo dice en primera persona del plural. Un teatro para todas y todos.

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