El presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Barcia, afirmó ayer que
la segunda edición del Diccionario del habla de los argentinos publicado recientemente por
Editorial Emecé "es un proyecto que avanza hacia la celebración del Bicentenario", ya que hace
consciente al país de su identidad nacional a partir de su lengua común y su historia.
"Reunir las voces propias de un pueblo es como definir un grado de identidad de
ese pueblo que se reconoce a sí mismo en un diccionario que le muestra lo que él cree", dijo Barcia
en relación al nuevo diccionario.
Esta segunda edición ampliada y corregida del diccionario "también nos ayuda a
consolidarnos como comunidad integrada, porque la lengua es un primer elemento de inclusión
social", dijo Barcia.
"El pueblo es un poco ingenuo e ignorante de la capacidad que tiene para crear
voces. Ahora la Academia aviva al gil. Le dice: «’esto es tuyo lo has creado vos». Y se lo
presenta ordenadamente: el diccionario reafirma la identidad, el sentido de pertenencia y la
diferenciación en un mundo donde parece que todo se fuera mezclando y todo de un mismo color",
resaltó.
Explicó que se trata de un diccionario "dialectal nacional que registra voces
(curtir, facilongo, gilastrún) y frases (hacer boleta, no hay drama, conciliación obligatoria) de
uso argentino, y no contiene las correspondientes a la lengua general (palestra, tenaza, marcapaso
o hacerse ilusión)".
De los seis diccionarios que hay "de autoría colegiada" elaborados por la
Academia (Argentina, Chile, Colombia, Uruguay, Nicaragua y Honduras) el argentino es el "más
caudaloso".
"Ninguno tiene nuestra extensión, ni ejemplos reales, ni tampoco tiene eso que
yo llamo la pequeña historia de la palabra. Usted se sienta una tarde con dos diccionarios y hace
una historia de la palabra del tratamiento dado por los lexicógrafos", explicó.
Este diccionario "diferencial", que no contiene palabras o expresiones de uso
peninsular español, viene de lejos, recordó Barcia: "En nuestro boletín había una sección que se
llamaba «Acuerdos sobre el habla de los argentinos», donde se iban aprobando palabras y así se
llegó a cuatro tomos. De modo que la base ya era firme".
Después se publica el registro del habla de los argentinos que es un primer
adelanto, "y cuando me toca asumir como presidente de la Academia, empujo la definición de un
diseño macro del diccionario a partir del cual comenzamos a trabajar. Esta continuidad en el
esfuerzo nos lleva a una producción más grande y más sistemática", explicó el presidente de la
Academia.
"Nos hemos preocupado por consignar casi todos aquellos términos que tienen que
ver con la vida cotidiana argentina y tienen menos posibilidad de que se internacionalicen, pero
hay una aclaración que hacer: nosotros decimos con prudencia «el habla de los argentinos», pero no
decimos argentinísimos, porque supondría un uso exclusivo", señaló.
"Bacán". "La palabra bacán es de origen nuestro, pero la usa Chile, Uruguay,
Costa Rica y Colombia. En una reunión en Colombia me decían el académico bacán y yo pensaba: no
tienen la menor idea que yo soy un pobre docente". Y resulta que llaman bacán al tipo que viste
informalmente", mencionó.
"Cada voz o frase de este diccionario va acompañada de citas reales, no
inventadas, tomadas de diversas fuentes argentinas: literatura, oralidad folclórica editada, letras
de canciones popularizadas, diarios de la Capital Federal y del interior, con un lenguaje cada vez
más neutral", observó Barcia-, revistas y sitios electrónicos.
El diccionario recoge también los argentinismos más frecuentes heredados de las
principales lenguas indígenas de nuestro país: quechua (cóndor, quirquincho), guaraní (yaguareté,
yarará) y mapuche (laucha, choique, cultrum).
Además, contiene voces de diversa procedencia: de pueblos de otras lenguas,
inmigrantes en nuestro país: italianismos (torteleti), afronegrismos (catinga, quilombo).
De hablas populares especiales: lunfardo (batir, balurdo), del fútbol (chilena,
bostero), de drogadictos (anfeta, mambeado), hípicas (cabulear), de música popular (bailanta),
juvenil (bajar un cambio, chabón), de registro rural (estar alzado), coloquial (chinchudo) y vulgar
(franelear), entre otros.
Pedro Barcia, especialmente y por último, se ocupó de resaltar el carácter
patrimonial de este diccionario: "Su contenido es un bien común del pueblo, que lo crea y modifica
a través de los años. La Academia lo recoge de boca de todos los compatriotas, lo estudia a fondo y
lo propone. En síntesis, da fe de que se usa".
Cada voz va acompañada de citas reales, tomadas de diversas fuentes"
Su contenido es un bien común del pueblo, que lo crea y modifica a través de los
años"