En Argentina, remontar un barrilete es sinónimo de diversión infantil, un juego inocente, sereno y colorido. Pero en Brasil, la "pipa com cerol" representa una auténtica guerra que puede dejar heridos graves e incluso muertos. Pipa es el nombre en portugués del tradicional barrilete (también llamado papagaio) y cerol es una mezcla de pegamento y vidrio molido, o quizás limaduras de hierro o polvo de cuarzo, que se aplica a lo largo del hilo del barrilete. El objetivo es derribar a otras pipas, y son muchos los brasileños que creen que la única diversión de remontar un barrilete es cortar la línea de un "oponente". La consecuencia son los motociclistas que resultan heridos por cortantes hilos de barriletes atravesados en las calles o rutas. También suele ocurrir que las líneas se enganchan a las ruedas de los autos y sus latigazos se convierten en afiladas armas.
Es por eso que hay un proyecto de ley nacional que busca prohibir la fabricación, venta y uso de los barriletes. La norma, aprobada por Diputados y que ahora debe votarse en el Senado, propone que los infractores tengan que pagar una multa económica y cumplir hasta tres años de prisión. "Pero muchas veces la Policía ni siquiera detiene a los criminales. Imagínense si va a detener a alguien que está remontando un barrilete", sostuvo Carlos Magno, presidente de la Associação de Pipeiros do Estado do Rio de Janeiro.
Los turistas siempre celebraron a los niños que remontan coloridos barriletes en las favelas de Rio de Janeiro, que les permiten tomar hermosas fotografías para compartir en redes sociales. Lo que no saben es que en algunos casos esas pipas están relacionadas con el narcotráfico, ya que funcionan como un sistema de alerta cuando la Policía empieza a subir los morros de las favelas. Y en otros casos no son niños jugando, sino adultos en guerra.
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“La lógica de volar barriletes es cortar la línea de otra persona”, afirmó Alexander Mattoso da Silva, un musculoso policía militar lleno de tatuajes. Su nombre de "guerra" es Jarro y en 2014 ganó en Francia una de las competencias de un festival internacional de barriletes. Jarro aseguró que siempre intentan volar los barriletes "en lugares adecuados para no poner en riesgo a nadie".
Ana Carolina Silva da Silveira no opina igual. En junio iba como acompañante en una moto cuando una cuerda le cortó el cuello. “Fui al hospital gritando que no quería morir. Estoy muy feliz de estar viva", aseguró.
En 2020, Leonardo Durães iba en su moto cuando una línea muy afilada le cortó el mentón. Recibió 33 puntos de sutura y aún es claramente visible la profunda cicatriz.
Kelly Christina da Silva se unió a una campaña llamada “Cerol Mata” después de que su hijo de 23 años, Kevin, falleciera en 2015 después de que una cuerda para barriletes le cortara el cuello cuando conducía una moto. Murió el mismo día que había firmado los papeles para alquilar una casa para él y su prometida.
No existen datos oficiales sobre el número de heridos y muertos en todo el país a causa de los cortes de líneas. Sin embargo, desde 2019, hubo más de 2.800 denuncias de uso ilegal de las líneas solo en el Estado de Río de Janeiro, según el Instituto MovRio.
Las leyes estatales sobre barriletes con cerol difieren en Brasil. En Río, el uso legal se limita a unas pocas áreas, conocidas como pipódromos, ubicadas lejos de casas, caminos y autopistas, mientras que en otros Estados hay prohibiciones generales. La Policía Militar de Río dijo que diez personas fueron detenidas entre enero y julio por violar la ley local sobre el uso de barriletes.
Algunos dicen que las pipas fueron llevadas a Brasil por los colonizadores portugueses. Otros señalan que se usaron en África y que la legendaria comunidad de esclavos fugitivos de Palmares, en el nordeste, las usaba para advertir del peligro. Lo cierto es que los barriletes —que la asamblea municipal de Río consagró en 2021 como patrimonio cultural e histórico— podrían convertirse en apenas un recuerdo en los álbumes de fotos de Instagram de los turistas.