Caracas.- Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) confirmaron la muerte de su líder, Manuel Marulanda, debido a un ataque cardíaco en marzo, de acuerdo a un video difundido el domingo por la cadena de televisión Telesur.

Caracas.- Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) confirmaron la muerte de su líder, Manuel Marulanda, debido a un ataque cardíaco en marzo, de acuerdo a un video difundido el domingo por la cadena de televisión Telesur.
El integrante del grupo rebelde, Timoleón Jiménez, informó también en el video que el nuevo comandante de las Farc será Alfonso Cano.
“Con inmenso pesar informamos que nuestro Comandante en Jefe, Manuel Marulanda Vélez, murió el pasado 26 de marzo como consecuencia de un infarto cardiaco (...), luego de una breve enfermedad”, declaró Jiménez en un comunicado, de pie frente a un micrófono y con una bandera colombiana ondeando al fondo.
Marulanda, un campesino que fundó las Farc, comandó un movimiento que llegó a tener unos 17.000 combatientes y que ahora se encuentra replegado en las selvas y montañas del país tras seis años de una fuerte ofensiva de las Fuerzas Militares colombianas.
Consideradas terroristas por Estados Unidos y la Unión Europea, las FARC han financiado su lucha por establecer un sistema socialista con miles de secuestros extorsivos y actividades de narcotráfico, según el Gobierno.
El sucesor
Alfonso Cano, un antropólogo interesado en la historia y la política, es el nuevo comandante máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).
Responsable de la creación del partido clandestino Movimiento Bolivariano, creado en abril de 2000, Cano tiene tendencia a discutir “temas de doctrina y defensa de esas posiciones”, actitud que haría daría más dificultad a entrar en negociaciones de paz, según el ex comisionado de paz Camilo Gómez.
Se ha destacado por dar prioridad a los temas sociales y políticos en las mesas negociación, temas en los cuales es un acérrimo defensor de la causa de las minorías.
Su nombre verdadero es Guillermo León Sáenz Vargas, tiene unos 50 años y procede de una familia de clase media bogotana. Su padre era agrónomo y su madre pedagoga.
El ahora líder de la organización guerrillera más antigua de América y considerada como grupo terrorista por Washington y por la Unión Europea, estudió en la Universidad Nacional y fue dirigente de la Juventud Comunista entre 1974 y 1980.
Se integró a las FARC a finales de la década de 1970, cuando las autoridades lo buscaban por su participación en mítines de protesta que organizaba por las calles cercanas a la universidad, donde se liaban a piedra con la policía.
Una vez en la clandestinidad, adoptó el nombre de guerra de Alfonso Cano y ascendió rápidamente en la jerarquía insurgente, hasta que fue uno de los hombres de confianza de Jacobo Arenas, el más connotado ideólogo que ha tenido esa guerrilla y quien traspasó sus conocimientos de política rebelde a Cano. Arenas murió en agosto de 1990 y Cano pasó a ocupar el cargo político.
Cano encabezó las negociaciones de paz con el gobierno colombiano en Caracas, Venezuela, en 1991 y en Tlaxcala, México en 1992, diálogos que no tuvieron éxito.
Durante las negociaciones de paz con el gobierno del presidente Andrés Pastrana (1998-2002), Cano fue muy discreto en sus apariciones por considerar que esa negociación no llegaría a feliz término. Los diálogos de paz se interrumpieron abruptamente en febrero de 2002.
Una corte colombiana lo condenó en ausencia a principios de 2008 a 40 años de prisión por la ejecución de unos 40 guerrilleros. Cano tiene un sinnúmero de condenas por diferentes delitos de lesa humanidad.
Dirigía, como miembro del Secretariado, el Bloque Occidental de la organización que delinque en cinco departamentos al sur y occidente del país.
Cano ahora se convierte en el objetivo más importante de las fuerzas oficiales y
fue conminado por el Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, a aprovechar la oportunidad y
generosidad del presidente Alvaro Uribe para iniciar con “seriedad y con buena fe” una
negociación que permita una paz duradera en Colombia.



Por Gonzalo Santamaría

