Educación

Por un cambio de paradigma en la enseñanza de la ciencia

La propuesta de llevar experiencias de divulgación científica a las escuelas secudarias.

Sábado 21 de Julio de 2018

Corría el mes de Abril de 2014 cuando luego de andar algunos kilómetros visitando provincias, ciudades y establecimientos de educación media a lo largo y ancho de nuestro país, con la intención de generar un proyecto federal que fuera capaz de instalar de una forma gradual y progresiva la enseñanza y aprendizaje de la ciencia en las escuelas secundarias, recibí entre tantos otros mensajes, un correo electrónico de una estudiante que desnudaba claramente las falencias del sistema escolar en Argentina y ponía a los científicos en el centro de la escena para ayudar a cubrirlas. A continuación, los principales párrafos: "Hola! La semana pasada me di una vueltita por el Conicet porque fui a preguntar si había talleres de ciencias o algo para estudiantes secundarios... me dieron tu mail"... "Sabiendo que mi escuela es secundaria, sólo damos biología hasta segundo año y química en tercero, descartando que los mismos alumnos subestimamos muchísimo estas materias por el simple hecho de que venimos a aprender otra cosa, a mi qué me importan los enlaces químicos o el funcionamiento del aparato de Golgi"... "En síntesis: la realidad acá es que quiero aprender. Y mucho. (De lo que sea, no me importa... mientras sea científico). Entre más me voy adentrando a lo que llamamos ciencia, los conceptos, la observación y el verdadero conocimiento de la realidad, me veo cada vez más cautivada y motivada por aprender de todo lo que me rodea! Siento que no quiero posponer esto «hasta la facultad»... "Así que sinceramente recurrí a vos porque siento que en la escuela no aprendo mucho, y parezco una vaga por no hacer nunca nada... Y sé que no lo soy! Sé que aprender y comprender las cosas me despierta curiosidad y motiva hasta el punto de tener que agarrar un manual de biología y estudiar en mi tiempo libre. Entender y aprender estas cosas es fascinante, hasta te diría que lo hago de hobbie porque cada vez me voy dando más cuenta de mi lugar en el mundo y de lo que realmente me gusta")..." La carta sigue, es extensa y refleja las inquietudes de una adolescente que, lejos de constituirse como un hecho aislado, pone en evidencia una postura bastante generalizada en la comunidad estudiantil adolescente de nuestro país.

"Nadie duda del carácter educativo y cultural de la ciencia, ni que sea una construcción social o su importancia en la vida cotidiana"

He escuchado, y podría decir que casi hasta el hartazgo, que el conocimiento científico y tecnológico es una de las principales riquezas de la sociedad contemporánea y un elemento indispensable para impulsar el desarrollo económico y social. Así la cosas, en la actualidad nadie puede poner en duda el carácter educativo y cultural de la ciencia, el hecho de que se trate de una construcción social o su importancia en la vida cotidiana. Por ello, entiendo que el conocimiento científico debe ser parte esencial del saber de las personas, de manera que permita interpretar la realidad con racionalidad y libertad, ayude a construir opiniones libres y a dotarnos de argumentos para tomar decisiones.

Un vínculo necesario

Comencé entonces a preguntarme el porqué de los mensajes que seguían llegando, ya no solamente de estudiantes sino también de los cuadros docentes, ratificando el interés por generar en sus escuelas un vínculo más sólido y permanente con la ciencia y, fundamentalmente, con los científicos. Luego, con más calma, analicé algunas iniciativas que se habían generado y llegué a la conclusión que muchas de las acciones de acercamiento y/o enseñanza de las ciencias en las escuelas habían sido concebidas en el marco de pensar a la relación bajo los parámetros de la hipótesis del déficit cognitivo. Esta concepción contemplaba, cuanto menos, el reconocimiento de una comunidad científica escindida de la sociedad de la que forma parte. Comprendí entonces que era necesario reconstruir ese escenario y que la estrategia debía involucrar a múltiples actores de la vida social en la promoción de acciones coordinadas: las universidades, los organismos de ciencia y tecnología, y los municipios tenían que cumplir un rol activo.

"El conocimiento científico debe ser parte esencial del saber de las personas, de manera que permita interpretar la realidad con libertad"

Plan de acción

Con esta concepción y junto a un equipo multidisciplinario diseñé y ejecuté desde 2014 en adelante un cuidadoso plan de acción en el ámbito de las ciencias naturales, biológicas y de la salud, cuyos destinatarios fueron y son los estudiantes del nivel medio de educación público y privado. No voy a abundar en la descripción de las acciones —de las cuales el lector se puede informar a través de Facebook de Acá Hay Ciencia (facebook.com/AcaHayCiencia)— sin embargo, me interesa graficar con datos estadísticos el impacto que estas actividades han tenido sobre los estudiantes. A partir de las continuas experiencias de divulgación científica en las aulas, que permitió desmitificar la imagen del científico, los estudiantes, maestros y profesores comenzaron a interrogarnos acerca del ámbito y el método que utilizan los científicos para desarrollar su trabajo. La consecuencia lógica fue hacer posible que los estudiantes del nivel medio de educación comenzaran a visitar nuestros laboratorios, participando de manera cotidiana de talleres experimentales cada 15 días en el ámbito del Instituto IIDEFAR-Max Planck de Rosario. La logística no fue fácil, pero los estudiantes bien valían el esfuerzo. A partir de la oportunidad de participar en estas experiencias, el 52 por ciento de los estudiantes de 4º y 5º año de las escuelas secundarias que nos visitaron a lo largo de un año de actividades continuas manifestaron su interés por seguir una carrera universitaria relacionada a la bioquímica, biología, química, biotecnología, y/o medicina. Impactan también los datos estadísticos de nuestras encuestas que arrojan que el 80 por ciento de los estudiantes desconocían antes de su visita la existencia del Instituto IIDEFAR Max-Planck de Rosario, centro argentino-alemán de excelencia científica a nivel internacional, así como del Centro Científico Tecnológico Conicet Rosario.

ciencia1.jpg

Contacto con la comunidad

Sobre la base del aprendizaje y entrenamiento adquirido, los estudiantes secundarios desarrollan además proyectos científicos tecnológicos a partir de los cuales generan una respuesta que da solución a una problemática que afecta a la comunidad en la cual se localiza su escuela. Los estudiantes se vinculan así con su comunidad, pero a su vez toman contacto tempranamente con las universidades públicas y con los organismos de ciencia y tecnología, revalorizándolos en su rol.

Si el lector ha llegado con su lectura a este tramo de la nota se estará preguntando seguramente —también yo me hago esta pregunta— cuanto tiempo falta para que estas acciones se transformen en una especie de política de Estado o algo así, al menos a nivel municipal o provincial. En síntesis, algo me queda claro después de este camino: hace falta un urgente cambio de paradigma en la enseñanza de la ciencia; de ese cambio deben participar necesaria y activamente los investigadores científicos. Y otra cosa: No es tan difícil hacerlo.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario