Durante la semana pasada se viralizó un video donde podían verse fragmentos de la clase de una profesora de historia de la provincia de Buenos Aires. La filmación recupera el diálogo con un estudiante de cuarto año quien le pregunta a su docente acerca de la condición de la vicepresidenta, la política del macrismo y los años de gobierno del peronismo. Las posturas de ambos se contraponen y la docente lleva la voz cantante. Histriónica, es filmada por otro estudiante en secreto. El video salió a la luz derrumbando simbólicamente las paredes del aula. La filmación se viralizó y puso a la profesora y al alumno en el centro del candelero mediático, mientras los caminos internos de intervención desde la escuela, las mediaciones, los diálogos, las palabras como modos constructivos de trabajar los conflictos quedaron fuera de juego. Con modos más cercanos al “Gran Hermano que todo lo ve” y lejos, en cambio, de la organización de los estudiantes o las mediaciones pertinentes de las autoridades de la institución, el panóptico del celular instaló intervenciones que amedrentan y quiebran espacios de confianza.































