Miradas

¿Cómo se evalúa una emoción?

Darío Sztajnszrajber participó de una "ranchada filosófica" donde, entre otros temas, habló sobre el miedo al examen.

Sábado 18 de Mayo de 2019

La propuesta fue hacer una “ranchada filosófica” en la villa 21 - 24 del barrio porteño Zavaleta. Por un lado, el filósofo Darío Sztajnszrajber. Por el otro, el militante social Juan Grabois. Y alrededor de ellos, en semicírculo, el alumnado del profesorado “Pueblos de América”. La charla sucedió a principios de mayo en un espacio donde, como definió el filósofo, “se juega la vocación pedagógica”.

“Estos son los lugares para pensar una pedagogía emancipatoria”, abrió el juego Sztajnszrajber en el encuentro de poco más de una hora y disponible en YouTube. Seguridad, prejuicios, religión y autoestima fueron algunos de los ítems abordados por ambos coordinadores de la charla. Pero durante los primeros minutos se puso sobre la mesa el tema del miedo a los exámenes. “Si hay un agujero negro en la educación es que la educación formal sigue estando pensada desde la evaluación. Y genera miedo”, disparó el filósofo de Canal Encuentro y autor de Filosofía en once frases y Filosofía a martillazos.

Sztajnszrajber fue docente del nivel secundario durante poco más de veinte años. De esa experiencia, dijo: “Di clases divinas, con chicas y chicos increíbles, pero siempre había una sensación de que algo no cerraba, porque estaba pensada la escuela desde el examen”.

Lamentó por esto que los adolescentes tengan que ir a la escuela “a tener miedo”, porque eso significa que “se perdió el objetivo, la vocación originaria del acontecimiento educativo”. Fue allí que explicó la etimología de las palabras —una constante de los filósofos, bromeó— y recordó que escuela, en griego, significa tiempo libre, tiempo de ocio, “porque los griegos iban a la escuela a pasarla bien, a realizar su vocación”, y agregó: “Si a la escuela vamos con miedo se pierde su estatus vocacional, que es lo más lindo y rico que tiene la escuela”. Es que en ese “miedo al examen”, para Sztajnszrajber “se pierde el eros, el deseo”, cuando en realidad a la escuela se debería ir “a disfrutar y realizarse”.
"Si hay un agujero negro en la educación es que la educación formal sigue estando pensada desde la evaluación"

Contrato educativo

Antes de continuar, el profesor y filósofo admitió que ante un planteo de este tipo cualquier pedagogo o gestor educativo va a decir que, sin examen, “se termina el contrato educativo”. A lo que contestó: “No, la diferencia entre reforma y revolución es eso. Si vamos a pensar una educación distinta hay que pensar revolucionariamente”.

“Si nos quedamos —continuó— con pequeñas reformitas haremos exámenes más interactivos, en ronda, a libro abierto. Pero siempre es lo mismo. Entonces uno no estudia por encontrar algo que lo moviliza, sino para rendir. Pero no nacimos máquinas para ser productivos en nuestro propósito último, sino para contradecirnos, inspirarnos, emocionarnos”.

En este punto, recordó una anécdota de su etapa como docente del secundario, cuando en una clase de filosofía estaba trabajando con El Banquete de Platón y un alumno comenzó a llorar porque lo que habían leído en el aula le recordó algo. Y entonces se preguntó: “¿Qué le pongo? ¿Un diez porque se emocionó? ¿Cómo mierda se evalúa una emoción?”.

La pregunta quedó flotando y Sztajnszrajber concluyó: “Evidentemente hay otra escuela posible que tiene que ver con recuperar ese valor originario y poder salirse de ese esquema de examen y evaluación. Obvio que todo esto es una utopía hermosa. La filosofía hace esto, lleva el sentido común al extremo, para visualizar sus tensiones. Después obviamente uno habita la institución y trata de hacerlo del mejor modo posible. Pero nos es poco. A veces se enojan con los docentes cuando nos tomamos nuestro tiempo para, en vez de dar clases, pensarnos a nosotros mismos, ver nuestras problemáticas. En una sociedad que ve a la escuela como una guardería o una fábrica, el tiempo muerto es visto como tiempo improductivo, cuando es el que más necesita un docente para poder pensarse a sí mismos y reinventarse en la práctica cotidiana. Y de muerto no tiene un pomo, es un tiempo de introspección, social, de diálogo. Una escuela que asuma este tipo de formato y se anime a esto es una escuela que va a poder terminar de alguna manera con los miedos y que cualquiera que vaya a rendir vaya con la voluntad y el deseo de decir «quiero ir a exponer todo lo que me movilizó este tema». Cambia el esquema, ya no es una escuela disciplinaria, sino una escuela que busca trabajar en conjunto la emancipación”.

Embed

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario