A no engañarse. Este Barcelona no es ni por asomo aquel de Pep Guardiola o inclusive más acá que arrasaba con todo, que contaba con muchos jugadores que se hacían cargo si Lionel Messi no aparecía o se tomaba respiros. Este conjunto catalán, que empezó a resquebrajarse por el cambio generacional y de figuritas, ya no es un cuco. Es más, implosionó como jamás se hubiera pensado con inocultables broncas de los jugadores capitaneados por el rosarino hacia la conducción, tanto del equipo como del club. Por eso perdió la liga Española ante un Real Madrid que tampoco volvió a brillar sin Cristiano Ronaldo, y se quedó en 4º de final de la Copa del Rey. Al nivel en que siempre se movió, quizás este sea uno de los peores momentos del equipo catalán con Leo en sus filas. Por eso era necesario aparecer, dar señales de rebeldía. Y tenía que ser el propio 10, el que en su club parece cumplir cada vez más un rol como el que tiene en la selección, el que llevara la bandera. Así eliminó a Napoli con él de figura, descargando tensiones en su grito de gol que fue una clara muestra del momento: con talento, sí, pero con enorme sacrificio y bronca.






























