Tenemos los gobiernos y funcionarios que merecemos. No somos ajenos a sus incapacidades porque la raíz del mal discernimiento está en nosotros, lo que resulta un sistema vulgar y mediocre cuya sordera nace en la consciencia. Por tanto no es casual que sobre esa consciencia colectiva esté adherida la sangre de muchos inocentes. Culturalmente hemos permitido a ineptos enquistarse en el poder, y a los ya conocidos amorales, cambiar una y otra vez de bando. Son seres inteligentes, pero en absoluto sabios. Hacen de la vida un culto a los excesos. Para algunos la muerte surgió como un freno de contención. La violencia nunca es el hecho de uno solo. La violencia igual que la codicia, se despierta al ver la violencia y la codicia de otros, especialmente de aquellos que han asumido conducir los poderes de la Nación. Pero igual como la semilla que crece en silencio, la masa crítica se replica con individuos deseosos de sentir y confiar en sus derechos. Son los nuevos ciudadanos que se unen y movilizan en tareas liberadoras para redimir a la vieja sociedad, que todavía asesina y entierra llorando a sus jóvenes. Jesús condenaba al que fomentaba división, mentira y favoritismo, aún cuando la pretensión fuera servir a una causa sagrada, confirmando con esto el principio fundamental de la moralidad: "El fin no justifica los medios". Una sugestiva profecía de Benjamín Parravicini que data del año 1938, advierte: "Llegará a la Argentina empobrecida un nuevo sol. Llegará cuando las aguas lleguen en fuerza de ira, cuando la salud del ser ciego y atontado sea precaria, cuando la tierra tiemble bajo sus pies, cuando la intriga levante la masa, cuando el ladrón corra las calles sin ser aprehendido, cuando la mujer grite por sus derechos y defienda causas políticas. Profecía año 1938 del Tomo II, "Dibujos Proféticos" B.J. Parravicini. Recopilación publicada y con derechos del autor, Sigurd Von Wurmb. Tómelo o déjelo.


























