Cuando todo el país se esta preparando para el festejo del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810, sería oportuno formular la pregunta: ¿el 25 de Mayo o el 9 de Julio?, como si pretendiera introducir una antinomia más a las ya existentes en nuestra historia nacional. No es ese el objetivo perseguido, máxime cuando desde todos los estamentos políticos, culturales, científicos y artísticos se realizan los fastuosos preparativos para una refundación nacional. La revolución del 25 de Mayo de 1810, que genera la idea de libertad en la América hispana, tuvo en su seno facciones o vertientes distintas con respecto al derrotero a seguir luego de producida la misma. Una de ellas, donde figuraban Moreno y Castelli, perseguía no sólo el derrocamiento del virrey de entonces sino la continuación de aquella hasta llegar al objetivo final: la independencia total de España y la fundación de una nueva nación. Otra facción desconocía la legalidad y legitimidad del virrey al estar preso de Napoleón el rey Fernando VII, pero no propugnaba la independencia de la península ibérica, de acuerdo con ideólogos que respondían a Cornelio Saavedra. Finalmente, la tercera planteaba la remoción del virrey y esperar a que los acontecimientos que acaecían en Europa se clarificaran para ver cuál era la conducta seguir. Al contrario de estas diferencias ideológicas "ab initio" que existían en los revolucionarios de mayo, los congresales de Tucumán del 9 de Julio de 1816 tenían bien claro el fundamento y el objetivo de la declaración de la independencia de una nueva nación, libre de toda injerencia de potencia extranjera alguna. ¿No sería justo, si se quiere refundar a nuestro país, sin dejar de reconocer el valor de la revolución del 25 de Mayo de 1810, festejar el Bicentenario el 9 de julio de 2016, cuando se cumplen 200 años de la fecha en que los representantes de todas las provincias existentes juraron la independencia y el nacimiento de una nueva Nación?































