El teatrista argentino Juan Carlos Gené, personaje clave de la escena y de la vida cultural y política del país, falleció ayer a la mañana a los 82 años a consecuencia de un cáncer que padeció en los últimos años. Con él se fue uno de los grandes autores que supo combinar su pasión por el teatro con el compromiso social y político.
Quien haya visto su canto del cisne, la puesta de "Bodas de sangre", de Federico García Lorca, que había subtitulado "Un cuento para cuatro actores" y en la que también actuaba, habrá entendido esa forma total de comprensión del teatro que pocos directores poseen.
Esa capacidad lo condujo a una carrera en la que se comprometió con la actuación, la dirección y la docencia, y le granjeó una popularidad que a su pesar provino de la TV, donde como miembro del "clan" Stivel escribió "Cosa juzgada", una serie de unitarios que delataban su conocimiento del asunto legal.
En diferentes épocas de su vida fue secretario general de la Asociación Argentina de Actores, director general del Teatro General San Martín, director de Canal 7 y hasta sus últimos días titular local del Celcit (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral).
Gené había nacido en Buenos Aires el 6 de noviembre de 1929 y luego de cursar la primaria en una escuela religiosa y la secundaria en el colegio Mariano Moreno, hizo tres años de Abogacía hasta que descubrió que no era lo suyo.
Sin embargo, la facultad lo vinculó con el teatro y en concordancia con Duilio Marzio y el recordado Roberto Durán emprendieron un espectáculo que al principio pensaban reservar a la experimentación y finalmente presentaron en el desaparecido Teatro Comedia de Buenos Aires.
En 1953, por estímulo de su hermano Enrique y junto a Durán actuó en "Dulcinea", una adaptación del texto cervantino en el que interpretaba el rol de Sancho Panza, ya que en aquella época "tenía 30 kilos más que ahora", dijo en 1971.
Poco tiempo después, en 1954, estrenó en el ex Teatro de la Luna "El herrero y el diablo", que fue su caballito de batalla y disfrutó de varias versiones propias y ajenas, además de consagrarlo como un dramaturgo impar.
Su trabajo como actor en las películas "Quebracho" y "Tute Cabrero" y su labor de libretista del filme "La Raulito" y "Cosa Juzgada", en televisión le dieron otro aire.
Sin duda, a partir de allí se posicionó como una figura de peso, que supo combinar sus distintas facetas y siempre mostró un perfil transgresor y comprometido. Como actor también trabajó en "Alta Comedia" y escribió varios textos teatrales relacionados con la obra del español Federico García Lorca.
La dictadura militar lo impactó como a tantos creativos en esos tiempos, y tuvo que seguir su labor en otras tierras. Así fue que en 1976 se exilió en Venezuela, donde fundó el Grupo Actoral 80, integrado al Celcit, en el que participaron actores como Aroldo Betancourt y Fermín Reyna.
Gené regresó a la Argentina en 1993 y se desempeñó como director general de Canal 7 y director del Teatro San Martín de Buenos Aires.
En 2007 presentó su obra "Todo verde y un árbol lila", escrita a partir de una serie de cartas reales de una niña judía perseguida en Europa en la década del 30 que intenta emigrar a la Argentina, en la que conversaba con el público sobre los hechos.
En 2010, dirigió y actuó en una de las obras clásicas de García Lorca, "Bodas de Sangre". El año pasado dirigió otro clásico, "Hamlet", de William Shakespeare, protagonizado por Mike Amigorena, Luisa Kuliok y Esmeralda Mitre.
En teatro fue autor de "El sueño y la vigilia", "Memoria del cordero asesinado", "La hierbabuena", "Yo tenía un mar", "El inglés" y "Se acabó la diversión", entre otras. Además protagonizó "Copenhague", en 2002, en cuya gira teatral por el interior visitó La Comedia, de Rosario.
Ya en su vejez, reflejó en una nota a un medio gráfico una frase muy lúcida: "Mi sensación es la misma a cuando uno ha pasado una bella temporada de verano en un lugar. De pronto llega el otoño, se están yendo los veraneantes, cambia el clima: ese tono de las obras de Chejov. Uno mira todo y sabe que se tiene que ir. De todas maneras, no tengo apuro en hacer las maletas".
Al conocer su muerte, el director de teatro, Carlos Gorostiza, dijo que Gené "era como un hermano. Iba a dirigir mi última obra, pero no pudo. Qué pena que no lo pudo hacer". Gorostiza destacó que "todo lo que hacía lo sentía, lo necesitaba". El mayor mérito de Gené era su disciplina, su rigidez, a veces un poquitito exagerada", agregó. Gené ya no está, su obra sigue viva.