Cultura y Libros

Un maullido negro sobre la realidad

"Las aventuras del Gato Moncholo" es una tira rosarina de humor gráfico que llegó a los cien mil seguidores en Facebook, cuenta con tres libros editados y es un éxito en las ferias de cómic de todo el país

Domingo 21 de Enero de 2018

Fechas patrias, clásicos del cine, Dios y el presidente, figuras de la televisión, los Reyes Magos, un tío merquero y hasta un supermercadista chino, el universo del Gato Moncholo es variopinto, bizarro y bardero, pero por sobre todas las cosas es una historieta de denuncia: la realidad enquilombada del país pasa por el ojo cínico de su creador y, a decir verdad, no zafa ni el más bueno.

"Tira, llamémosle tira", corrige Pein, el rosarino que dio origen a "Las aventuras del Gato Moncholo" y que ya tiene más de cien mil seguidores en Facebook (111.524 para ser exactos), diez mil en Twitter y desde marzo del año pasado seis mil seguidores en Instagram; espacios donde elige de manera independiente publicar esta viñeta de humor en la que sus personajes tienen cabeza de gato y que ya lleva dos mil libros vendidos.

Además, Pein cerró un gran 2017: publicó su tercer libro, fue invitado en septiembre a la Comicópolis en La Rural de Buenos Aires; en octubre participó nuevamente de la Crack, Bang, Boom en Rosario, y en diciembre regresó a Capital Federal para presentar el tercer tomo de "Las aventuras del Gato Moncholo" en la librería Punc de Villa Crespo, especializada en comic y fanzines.

Pein prefiere no revelar su verdadera identidad, no quiere siquiera que aparezca su cara en las fotos. "Ya me pasó que me hicieron una entrevista para otro medio local y me reescracharon", se queja y advierte, con clara actitud punk. "Por suerte la gente acompaña, y desde hace ya dos años publico una tira por semana. Me encantaría poder vivir de ser dibujante, el gato Moncholo en este momento trabaja de administrativo". Es que el mango no alcanza y el ajuste pega, pero no hay mal que por bien no venga porque el bienestar es enemigo de la creatividad y de la crisis se sale con un poco de búsqueda artística. "La idea surgió cuando estaba desempleado, estuve como un año y medio desempleado. Yo venía de un laburo, estaba de novio, dejé el trabajo que me explotaba, dejé a mi novia y fue ahí que volví a dibujar". Sin embargo, lo particular de "Las aventuras del Gato Moncholo" es que está diseñada en el programa de edición de Windows, el rústico Paint.

El medio es el mensaje

"Siempre dibujé, soy diseñador gráfico, pero la idea de este dibujo es que parezca que lo puede hacer cualquiera. El Paint es un programa que lo tiene todo el mundo en su máquina, un programa que vos dibujas, se ve tu línea, se ve tu pulso, se ve todo, es muy croto y muy limitado. Es eso lo que hace más expresivo a Moncholo, mucho más que el Photoshop que permite retocar, mejorar o poner un filtro. Pero la sensación del Paint no te la puede dar nunca, que es la sensación de la línea simple y la importancia en el mensaje, en el humor y en un montón de cosas que exceden el mundo decorado del Photoshop", cuenta Pein.

Leyendo un par de tiras de "El Gato Moncholo" se percibe esa línea de fuga de la vida rutinaria, camuflada con ironía y mucha lucidez. Y así, con la furia de un renegado harto de escuchar pavadas a su alrededor, Pein dio vida a este gato salvaje. "El gato se me ocurrió un día que mi hermana comparte una tira de Gaturro. Vi que era una porquería absoluta e hice una parodia sobre esa viñeta, que se trataba de un gato que ponía la mesa y que terminaba en que no pasaba nada de nada, como nunca pasa nada en las tiras de Nik. Después seguí con una parodia a Liniers, de una tira en la que alguien se iba así volando enamorado feliz, y en las que siempre terminan todos volando felices. Me saltó como un odio contra esos dibujantes; hice una parodia y la gente se empezó a prender. Con tres, cuatro tiras hice una página en Facebook, tenía diez, veinte seguidores. Después compartieron, después vinieron las parodias a los personajes de la tele. Yo estaba desempleado, al pedo, no tenía un mango pero estaba al pedo. Y ahora somos como cien mil".

Y es así que la actitud punk y las redes sociales fueron como las hadas mágicas de esta fábula tragicómica que no es más que las aventuras y desventuras de la vida real de su creador y de los que lo rodean. Y ese gesto punk viene representado en un dibujo sin virtuosismo, con mucho mensaje pero sin elegancia, porque lo que importa es caricaturizar lo que pasa en la actualidad. "Todo está en las redes sociales, les doy todo el mérito: divulgación, libertad, forma gratis de llegar al público y que cualquiera reciba gratis e instantáneamente lo que yo hago", dice Pein.

La tira bien podría aparecer en la contratapa de un diario, porque cada tema que toca Pein es fruto de lo que pasa en la calle y también en la realidad mediatizada. "El Gato Moncholo siempre fue una parte de lo que pasa hoy en la actualidad. Si hay algún tema relevante en la sociedad trato de darle una vuelta de humor, de ironía, trato de revertir la hipocresía; porque son todos hipócritas y nadie lo dice. Todos piensan distinto de lo que dicen y hacen. Estoy en contra de la hipocresía y eso es el humor. Creo que los que siguen mi tira en parte se identifican con esa idea de cuando se piensa una cosa y se dice otra. Si vos dibujás lo que se piensa realmente, ahí empiezan los likes".

Los ejemplos en "El Gato Moncholo" alcanzan y sobran: aumento de precios, trabajo en negro, los políticos en la televisión, la religión, una noche de alcohol. En la tira, Pein pone toda su furia crítica y el remate jamás es light (porque, además, Moncholo jamás compraría algún producto light), y un malestar en la garganta es lo que queda después de leerla. En una viñeta, una dulce niña gatuna le habla a su muñeca: "Muñeca Pepita, estoy muy contenta que hace un mes mi papi pasa más tiempo en casa con nosotras", y la muñeca le responde: "Porque lo echaron del laburo, idiota!".

   Pein quiere provocar, ir al choque, sacar al lector de la comodidad. "Claro que quiero provocar, si vos no provocás, nunca vas a hacer algo divertido. El humor gráfico es intentar provocar o sacar lo que todos piensan y nadie dice. Ahí está la cuestión, nadie lo dice públicamente, por vergüenza, por querer mantener la imagen, que se yo. A mí me chupa un huevo. Yo lo publico igual". Según el dibujante, cada viñeta está leída y releída, muchas veces corregida, dos, tres días demora para hacer un solo cuadro.
Siempre en contra
   Por el momento no piensa (y nunca pensó) en el futuro del gato. Pein aclara que siempre se fue transformando y que no sabe lo que vendrá. Los primeros Moncholo "eran mucho más sencillos y vomitivos", recuerda, ahora tiene un trasfondo más elaborado. El dibujante quiere llegar a un público más general, pero a la vez no ser obvio en su comprensión, ni tan subjetivo para unos pocos. Y vuelve a enumerar sus temas elegidos: "Cuando me pongo a dibujar, por lo general los sábados, empiezo de la nada, leo un poco los diarios, entro a Twitter, veo qué pasa y qué no pasa, de qué se habla. Siempre hay fechas interesantes para parodiar, como Navidad, el Día de los Novios, el Día del Amigo, para mí son fechas muy graciosas. Otras veces juego con películas clásicas, con remakes, cuentos clásicos, adaptándolos a lo que pasa en la sociedad. El tarifazo, por ejemplo, lo he reflejado tanto en el macrismo como en el kirchnerismo. La gente piensa que soy K y nunca lo fui, y mucho menos macrista. Siempre estuve en contra, de cualquier gobierno. No voy a defender un gobierno jamás, ni este ni el anterior ni el que vendrá".
   Y es inevitable la parte autobiográfica de la tira, por eso se impone la pregunta sobre si el Gato Moncholo es su alter ego. "El gato está del lado del pobre diablo. Nos levantamos a las seis de la mañana todos los días para ir a laburar. Moncholo está más político ahora. Yo no tengo tele, todo lo que sé es por lo que comenta la gente del laburo o de vez en cuando que leo las noticias online y me entero lo que pasa con Mirtha Legrand, con Moria o Tinelli, que es un ser detestable en mi mundo".
   Y sigue: "Es todo una gran crítica. Me pasa a mí y a mis amigos, cada personaje que toco nos afecta desde algún punto. El Gato Moncholo es mi forma de cambiar algo, que los que me lean entiendan que algo pasa, que vivimos en una sociedad desigual y corrupta. Nadie se clavaría un cuchillo en la garganta, entiendo que cada uno hace lo que puede, a veces algo diferente de lo que hace o piensa. Estamos rodeados de gente que parece que es buena y sincera y no lo es. De eso estoy hablando".
   Desde hace ya cinco años se puede encontrar "Las aventuras del Gato Moncholo" en su página de Facebook. En formato físico, cualquiera de los tres tomos compilados, en el bar Bon Scott, en Mercado Libre y a pedido a través de las redes sociales.



¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario