Cultura y Libros

El lugar donde viven los discos

En Maipú al 700 está uno de los grandes imanes para los melómanos rosarinos. Hace casi cuatro décadas que una de las disquerías más famosas de la ciudad congrega a los fanáticos del rock y el jazz con una propuesta en la que el asesoramiento es clave.

Domingo 07 de Enero de 2018

Hablar de música en una mesa implica tocar algunos tópicos que llevan a trascender el presente e indagar en el pasado. Automáticamente uno empieza a recordar datos, como en qué año se editó un disco determinado, qué músicos participaron, dónde se grabó, cómo era su arte de tapa o cuántas canciones contenía. También recordar implica revivir momentos que acompañaron ese disco. Pero hay un dato que marca diferencia: el lugar donde se compró el material discográfico. Los que lo recuerdan es porque (casi seguro) son coleccionistas y/o melómanos. Y aquí es donde entra el eje central de esta nota, porque hablar de Utopía Records es referirse a un pedazo de historia rosarina.

Los amantes de la música recuerdan y conocen el valor que posee la disquería ubicada ahora en Maipú al 700. Lleva casi cuarenta años en la difusión de música y aportando al acervo de rockeros, jazzeros, blueseros y metaleros de Rosario.

No son pocos los que han transitado por sus bateas. Jóvenes que crecieron a la par del género y que hoy formaron familia y trasmitieron esa pasión por la música y los discos, lograron que sus hijos continúen la tradición de ir a Utopía para comprar e informarse de las últimas novedades. Alberto y Diego Arce, padre e hijo, son los encargados de que "la cueva" siga funcionando con la misma intensidad de cuando empezó.

Resistir el paso del tiempo

Ambos sostienen que la clave de perdurar se debe a la especialización de la disquería: rock y jazz, que incluye blues y heavy. Así de amplio como suena. Los prejuicios y estereotipos acá no existen. Otra de las claves, coincidieron, es el trato personalizado que tienen con sus clientes.

"Generás empatía porque estamos todos en la misma, hablamos con el mismo código", afirmó Alberto, mejor conocido como Puchi. Tanto sus dueños como los clientes son conocedores de música, que discuten e intercambian opiniones sobre bandas y discos.

"Me gusta pensar que en su momento cumplió una función importante para el que le gustaba en serio la música, para el que lo vivía como una necesidad", sentenció Puchi, al recordar los primeros días de la disquería. "Permitió que mucha gente de Rosario conociera cosas que de otra manera no hubiera sido posible. A mí me gustaba investigar los grupos menos conocidos y lo aplicaba en la disquería. Entonces, no me limitaba a vender el grupo famoso que compraba todo el mundo (Beatles o Rolling Stones, por ejemplo). Si veía alguna banda que valía la pena, la traía. Era un trabajo a pulmón".

El rol de investigador al que hace referencia lo puso en práctica cuando, por ejemplo, encontró que Lee Jackson (bajista de Keith Emerson en su primera banda, The Nice, antes de que el tecladista pasara a integrar Emerson, Lake & Palmer) tenía su propio material. "Encontraba esa información, se las comentaba a los clientes y quedaban fascinados", comentó. Lo mismo le sucedió con grandes bandas como The Cure, Pixies y Sonic Youth, que se podían conseguir en Utopía antes de ser divulgadas por la radio o televisión. "Eso fue algo que realmente disfruté de hacer, y es lo que más satisfacciones me dio", afirma Arce.

Sueños de melómano

Antes de tener una disquería, casi cuarenta años atrás, Alberto viajaba seguido a Buenos Aires para comprar discos, ya que en Rosario no existían disquerías especializadas en rock, e inmediatamente se le ocurrió que no era mala idea despuntar el vicio de la música en la ciudad.

"En Rosario había algunas pero vendían de todo, no tenían ninguna especialización en cuanto a estilos de música. Ahí me asocié con un amigo de la barra y entre los dos pusimos una disquería. Después de un año decidimos montar una segunda que derivó en Utopía. Arrancamos en calle Sarmiento (en la galería Cassini); después me mudé, dentro de la misma, a galería Sudamérica, que sale por calle Córdoba, buscando un lugar un poco más grande". En aquel momento llegó a vender instrumentos musicales pero declinó ante la exigencia que implicaba. "Después nos mudamos a un tercer local, que es el actual en calle Maipú. Estamos acá hace ya casi dieciocho años", señaló.

Viajaba a Buenos Aires cada dos o tres meses, ya que allí se encontraban los discos importados. "Eso también me entusiasmó para poder arrancar. Fue la primera disquería especializada y que trabajó con discos importados y usados. Para lo que era el consumo en Rosario, fue algo novedoso", recordó. Así fue marcando tendencia en la ciudad logrando que las grandes disquerías de aquel entonces siguieran sus pasos. "Llegamos a tener a Musimundo a treinta metros y no nos afectó en las ventas. Lo que hacíamos nosotros, no lo hacía nadie. Ellos tenían promociones y mucho material, pero no tenían conocimiento de rock. Los tipos vendían discos como podían vender ropa. En cambio nosotros ofrecíamos un trato personalizado, asesoramiento, conocimiento del tema", sentenció convencido.

La información como valor agregado era un plus para tener en cuenta. La información de Puchi poseía un valor único. Conseguía revistas del exterior que sus amigos, azafatas mediante, le enviaban. "Tengo toneladas de libros, enciclopedias y revistas que pedía de afuera. Leía y conocía grupos que acá no se conocían, siempre me gustó eso, buscar lo desconocido y transmitirlo a los clientes. Un caso de esas características se dio con The Cure. Traje sus vinilos cuando la banda no se conocía en absoluto y los empecé a recomendar. Después explotó en Argentina, con su cuarto o quinto disco. Estaban todos desesperados buscando material y les decía «te acordás que te lo recomendaba y vos no me dabas bola»", contó entre risas.

Ese gesto, por menor que parezca, en aquel entonces poseía una gran virtud para aquellos que demandaban conocer y curiosear nuevos rumbos musicales. Hoy en día es su hijo Diego quien continúa en el mismo camino. “Me pasó con bandas como Rage Against the Machine o Nirvana, no te olvidas más de esos momentos”, recordó el joven, que de a poco va tomando el comando de la disquería. Sin dudas, los Arce son unos privilegiados que, al estar en permanente contacto con la música, han sido testigos directos de lo que hoy puede definirse como historia musical. “Seguramente a mi viejo le habrá pasado lo mismo cuando descubrió a Jimi Hendrix o cuando Frank Zappa editó su primer disco”, dice Diego en alusión a aquellos momentos bisagra del rock mundial o nacional.


Y en eso llegó internet

Una de las dificultades que podrían haber impactado en una disquería como Utopía es el surgimiento de la red. Pero no ocurrió eso, porque la mayoría de sus clientes son coleccionistas del disco como objeto. “A lo sumo escuchan el disco por internet, y si les gusta vienen y lo compran”, coincidieron ambos.
Alberto sostiene que la web es útil para muchas cosas: “Enterarte de las novedades, buscar información, bajar música, pero tiene la contra de que está tan al alcance de la mano que termina desorientándote. Se bajan ocho mil discos y no escuchan ninguno”, ejemplificó. Claro, no es lo mismo escuchar música a través de un pendrive o en YouTube. El formato físico sigue siendo un objeto invaluable.


“Cuando yo era parate del público comprador, disfrutaba del sacrificio que significaba juntar unos pesos, ir, comprarlo y escucharlo mil veces. Ahora no hay ningún sacrificio. Apretás un click, y ya está. Esa magia se pierde con internet. Gustos son gustos, esta es mi visión personal. No critico ni reniego de los que lo hacen, cada uno disfruta la música a su manera”, aclaró Puchi.


“Antes te la tenías que jugar: leías una buena crítica en una revista y después lo escuchabas y era horrible, no se vendía ni a palos. Ahora eso no pasa”, agregó Diego a la hora de analizar el material para el público. Internet les permite tener un acceso con el cual, una vez escuchado, debaten si vale la pena ponerlo en el mostrador.


“Hay pibes que siguen con este vicio. Atendí a padres o madres que venían con sus hijos cuando eran chiquitos y ahora vienen de grandes a comprar solos. Algunos lo asocian a las épocas del vinilo y a los coleccionistas. Pero hoy vienen más jóvenes que grandes”, aseguraron.


Pasiones


Ambos sostienen que otra clave para perdurar en el tiempo en medio de crisis económicas, hiperinflación, dólar barato y demás vericuetos, es el amor que tienen por lo que hacen. Si se quiere, lograron cumplir el sueño de todo músico: vivir de la música.


“Es mi vida. Acá no existe desgaste, te lo aseguro. Como todo cambia constantemente, salen grupos nuevos, salen movimientos nuevos, mezclas de estilos, y más. Por ahí alguien me recomienda algo y es una mezcla de africano con psicodelia, y empezás a investigar y salen veinte grupos que hacen psicodelia africana y decís: «¡Dios mío!». Es bárbaro, estoy todo el día, incluso en mi casa”, dijo el más joven de los Arce.


Puchi, en cambio, admitió que ya no investiga como antes. “Lo hago por gusto, ya un poco menos quizás. Lo que había que conocer creo que más o menos lo conozco, aunque siempre aparece algún grupito que tiene un solo disco y que nadie les dio bola. Hubo tipos muy inferiores, musicalmente hablando, que triunfaron y a los más chicos nadie los conoció. Esos detalles los sigo estudiando y buscando cuando tengo un rato libre. Después tengo amigos que están en la misma y cuando nos juntamos hablamos de eso”.
Focalizarse en el rock, pasión mediante, es la clave de su resistencia ante el embate económico en el cual muchas disquerías debieron bajar sus persianas, incluso las grandes compañías. “Eso realmente fue lo que nos salvó de todas las catástrofes, incluso cuando las demás disquerías empezaron a abrirse a todos los estilos y a lo comercial. Las grandes terminaron cayendo por eso mismo; incluso, por no tener un trato personalizado. Las que duraron, por lo general, han sido las cuevas que se manejan así, con un trato más personal”, reflexionó Arce padre.


Hay una anécdota, en la cual participan periodistas de rock, a quienes les llegó una propuesta para que dictaran un curso sobre música a los empleados de las grandes cadenas comerciales. “Lo cómico fue que querían que les explicaran cómo vender, no que les enseñaran música. Uno de los periodistas les decía a los gerentes que no entendía lo que querían, cómo era posible que no les enseñaran música; y le decían que eso era perder tiempo. La finalidad del empleado tenía que ser vender, no que se pusiera a charlar de música con vos. Eso era una pérdida de tiempo para ellos”, contó Alberto, orgulloso de haber tomado el camino correcto como melómano, divulgador de música y comerciante.


Desafíos


En opinión de Diego Arce, el mayor desafío frente al que se encuentran “es mantener la idea que siempre tuvimos. Especializarnos en lo que nos gusta, seguir estudiando, dedicarle mucho tiempo y hacerlo con la misma pasión. Creo que es un lugar querido por la gente, siempre nos llevamos bien con todos, nunca tuvimos drama con nadie, ni con otras disquerías. Incluso algunos nos mandan gente para acá”.
Destacó los ideales que su padre le imprimió desde los comienzos y que hay que “seguir con el rock, el jazz, el blues, lo que a nosotros nos gusta, aquello en lo que nos especializamos, la gente que viene quiere que le des consejos, conocer lo que tenés”.


“Si alguna vez nos va mal y tenemos que vender otro tipo de música, mi viejo siempre dice que cambiará el nombre de Utopía por «The dream is over» (El sueño se acabó)”, contó entre risas a la hora de analizar un posible cambio. “Por suerte, en todo este tiempo nunca nos pasó, incluso una vez nos insistieron en que vendiéramos a un artista comercial y cuando lo pusimos en las bateas no salió para nada”, agregó el mayor de los Arce.


Oídos finos


Para escuchar música o conocer una banda, Puchi enumeró algunos consejos. “Para conocer a un grupo o disco lo mejor es sentarse y escuchar, prestando atención a todos los detalles, si es posible leyendo información sobre el grupo, tratando de leer las letras. Eso hace que uno llegue a armarse un panorama global de la banda o del solista”.


Lejos de ser un nostálgico de los vinilos, ya que allí el sonido es “más natural por ser analógico”, rescató la comodidad del CD. “No sé cuál es mejor. Disfruto de los dos”, dijo, aunque admitió que para ambos casos es recomendable tener un buen equipo de música.


El consejo con el cual sorprendió fue el de usar auriculares: “Aclaro porque en general hay poca gente a la que le gusta usar los auriculares. A mí me gustan porque captás sonidos que de otra manera es imposible. Me pasó con discos que escuché toda la vida y ahora descubro detalles nuevos. Son pequeñeces, pero válidas. Un platillo, una segunda viola, un yeite”.


Diego, con su juventud, coincidió en la importancia de un buen equipo pero confesó que el sonido del vinilo ya no lo atrae como antes, si bien lo respeta muchísimo. “Yo soy del compact, y eso que viví la época del vinilo. Me resulta más cómodo de comprar, conseguir, transportar, y hay más variedad, por lo menos en lo que escucho yo. Y los vinilos son caros, esa es una realidad”.


Sin dudas, son dos apasionados de lo que hacen, algo que transmiten apenas uno ingresa a la disquería y se pone en diálogo con ellos. Los sentidos se activan en todas las direcciones. La reacción inmediata al salir de Utopía es llegar a tu casa, poner un disco, escucharlo unas cuantas veces y volver a la cueva para comentarlo con ellos. Un diálogo que ya se convirtió en costumbre.



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