Dentro de las culturas andinas el concepto de reciprocidad es valorado como eje para fomentar el carácter colectivo y comunitario de la sociedad. Varias ceremonias guardan y fomentan la posibilidad de colectivizar los contactos humanos, propiciar la redistribución de bienes y evitar la acumulación de valores en pocas manos. También incentivan a las nuevas generaciones para que puedan "devolver igual a lo recibido" o "recibir como devolución de lo que se ha ofrecido". Complejos mecanismos conceptuales que se materializan, y sobreviven, gracias a la sencillez de su organización y a la espontánea participación del pueblo. Una de las tantas instituciones de ayuda mutua es la Minka. El pensamiento para el ejercicio de la Minka es "beneficiarme con los bienes colectivos y entregar mi figura para cuidarlos y reproducirlos". Desde los tiempos antiguos y hasta la actualidad –no sólo en la comarcas aisladas de Perú, sino también en los llamados Pueblos Jóvenes de Lima– se organiza una vez al año la Minka. Es una fiesta de trabajo y encuentro. Los Varayuq –autoridades comunales– son los organizadores. Las plazas públicas son los espacios para las asambleas generales. Participar es una distinción y un orgullo. Calles, plazas, edificios y casas son el blanco de pintura, limpieza, pequeños arreglos y decoraciones. Todo se concreta en medio de charlas, bromas, música y comida compartida. Me pregunto, remontándome a esta experiencia, ¿podemos por un día los ciudadanos aceptar la propuesta de esta Minka, focalizada en las escuelas, que nos proponen nuestras autoridades gubernamentales? ¿Seremos capaces de cambiar el vocablo mío por nuestro? No se debe temer que esta jornada quite fuerza a las justos reclamos salariales y de estabilidad laboral del gremio docente, ni que el Estado se "desresponsabilice" de sus deberes ni que olvidemos exigir la imperiosa necesidad de aumentar el presupuesto para la educación pública y que se implementen los mecanismos profesionales para debatir el proyecto educativo. Que no quede todo en una simple foto del diario del día de autoridades, maestros y familias con un pincel en la mano es recurso de nuestro compromiso y ganas de que la escuela cambie. Se debe apostar a que la comunidad toda puede, podemos, opinar y participar con sentido común y ganas en esta jornada para respaldar a que la escuela recobre presencia y los maestros protagonismo. Puede ser este día un buen inicio para crecer en el diálogo y el encuentro entre padres, alumnos y escuela. La invitación va mucho más allá del hecho material. Limpiar y dar color es sencillo, podemos hacerlo con algo de habilidad, pero se necesitan corazón y garra para escuchar, para abrirnos a la esperanza de una nueva etapa de crecimiento. El momento exige salir de la formas individualizantes del sistema. Se necesitan coraje y convicción para proponer Minkas en Santa y Fe y mucho más para aceptarlas con renovada esperanza.



























