Cartas de Lectores

Ni la corrupción ni la violencia, preocupa el silencio de los buenos

Domingo 24 de Enero de 2021

Las injusticias en la sociedad siempre tienen un sujeto que las promueve y en la política no podrían llevarse adelante si no estuvieran apoyadas y consentidas por personas que las sostienen. Así, es responsabilidad de los ciudadanos ya que la democracia es el gobierno del pueblo y tiene como eje la participación.

Existen formas de oponerse a la injusticia. Puede ser desde la condena personal en los medios de comunicación, la exteriorización mediante concentraciones, huelgas, manifestaciones, protestas; además, en democracia, existe una forma de luchar contra las injusticias a través de la participación ciudadana mediante el voto. Estas expresiones determinan el grado de oposición y resistencia a las injusticias del poder.

Una forma común de injusticia es la manipulación de la información por parte del gobierno de turno y el silencio de la oposición, muchas veces cómplice.

A pesar de todo, hoy vemos que la opción más común al abuso de poder o a la injusticia es el silencio, ese que impide accionar y evitar una acción que cambie el rumbo y permita esclarecer y transformar esa situación injusta. Como ciudadanos sabemos que es nuestro deber controlar que los representantes ejerzan su función con justicia pero, ante tanto impedimento para denunciarla por parte de un ciudadano común, se exige a quienes tienen poder político que lo hagan en bien de la sociedad.

La sociedad tiene mucho por decir pero calla, pareciera que perdió la capacidad de expresarse, quizás está aburrida de reclamar y no obtener resultados favorables, cansada de escuchar monólogos a sabiendas de que los políticos no dicen lo que piensan o lo que harán sino que buscan convencer y obtener beneficios electorales o personales.

La sinceridad no se valora, ¿será que se ha perdido la confianza? Si confiábamos ya no podemos hacerlo porque nos hemos cansado de escuchar lo que dicen los políticos y repiten los comunicadores, y no vemos soluciones a tantos males que nos aquejan. Qué pena que las palabras rara vez se transformen en ideas claras y provechosas.

Han conseguido que el ciudadano se ausente resignado, cosa que debe revertirse porque el pueblo democrático no debe silenciar la injusticia. Y como decía Martin Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos y de los corruptos, lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Gladis Benedetti

DNI 14.513.829

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