Sábado 27 de Abril de 2019

Para los que profesamos la fe cristiana, Semana Santa tiene un sentido de infinita trascendencia y según los tiempos tuvo diferentes formas de participación. Tal como se hacía en España, el jueves se visitaba siete iglesias y la gente acudía con colores oscuros en su vestimenta. En la procesión del Viernes Santo se recorrían las calles llevando la Cruz y orando. Se hacían altares en las esquinas. Todos tomaban parte con fervor, siendo ello habitual cuando Buenos Aires lucía casas bajas y sus típicos faroles. Estudiosos abocados a esos días nos han aportado hábitos y características referidos a la modalidad de una época. Los teatros en Cuaresma no daban funciones. El domingo tenían cabida divertidos bailes, se trataba de un festejo de renovadas esperanzas. Para quienes creemos en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, los domingos de Pascua conllevan una particular emoción, un mensaje de Luz Divina que toca nuestro interior, haciéndonos a muchos revivir la espiritualidad cristiana, una espiritualidad apasionada y de palpable entusiasmo. (El Concilio Vaticano Segundo, en 1963, hizo reformas en la celebración de Semana Santa).

Nora Cardarelli

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