Estamos en el siglo XXI y no parece... no existe relación alguna entre los avances tecnológicos, científicos y los discursos universales. Lo sabemos bien las mujeres. Nuestros cuerpos siguen siendo confinados al mundo privado y a la decisión de otros. Seguimos atadas a la maternidad, no como una elección sino como lugar que naturalmente le toca a la mujer. Rol adjudicado a su mera capacidad reproductora. A dar vida y por lo tanto "su vida", cuando la mujer es pobre. Porque cuando las mujeres pobres son violadas no pueden optar. La ley las culpabiliza y penaliza por no querer continuar con ese embarazo no deseado. Estas situaciones similares al caso de la niña de Mendoza y por las que atraviesan muchas niñas, jóvenes y mujeres argentinas y latinoamericanas violadas y luego forzadas a sostener un embarazo no deseado, es una de las situaciones más terribles que el Estado ya no debe permitir. Es por esto, que hoy siglo XXI es necesario poner en la agenda pública el debate de la despenalización del aborto, pues no podemos tolerar que sigan muriendo mujeres, "siempre mujeres, siempre jóvenes, siempre pobres". Hoy surge la necesidad de debatir y decir "basta de que otros decidan por nuestro propio cuerpo". Hoy surge la necesidad de decir basta que hombres, hombres de poder, hombres de alta clase social tomen como su decisión una decisión que sólo puede tomar una mujer y una mujer que pasó por la situación de ser violada. El no debate social de esta situación es una negación absoluta a los derechos humanos, no es proteger la vida. Este debate comenzará realmente a proteger la salud, comenzará a proteger la vida, comenzará a disminuir la brecha entre los avances tecnológicos y los discursos.






























