
Por Pedro Squillaci
Sebastián Suárez Meccia
Es de acá. Ignacio Arigós, en su casona rosarina, muestra orgulloso su flamante EP "Ignasio".
Ignacio Arigós levanta la voz y la clava en el ángulo, como quien hace un golazo de media cancha. Pero él lo hace con canciones de pura cepa rosarina. Después de grabar diez discos en los últimos diez años, acaba de estrenar en las plataformas digitales "Ignasio", así, con s en vez de c "porque todo proyecto que uno haga siempre tendrá un error, una anomalía, una deformidad". Sin embargo, aquí hay más aciertos que errores: en este EP se dio el gusto de cantar a dúo con dos referentes rosarinos del rock argentino: Litto Nebbia y Fito Páez. En ambos temas, hay alusiones a lugares de Rosario, desde el bar La Capilla de Echesortu ("A la luz del sol", con Páez) hasta el "Carlito" de Gorostarzu y Pichincha ("Corazón de luz", con Nebbia). Como una perlita, el material se completa con la spinetteana "Nueva va". Arigós levanta la voz o va con voz susurrada, pero siempre canta. Y su Rosario está en el aire que respira.
—¿Por qué "Ignasio"con s? ¿Qué guiño hay en el error ortográfico?
—Ponerle al disco mi nombre y que esté mal escrito tiene que ver con que todo proyecto que uno haga siempre tendrá un error, una anomalía, una deformidad. Y si bien fue buscado, quería ponerle al proyecto mi nombre ya que nunca lo había hecho en ningún disco anterior. Entonces le puse "Ignasio" con s, esa s que siempre dicen que los rosarinos no la pronunciamos, bueno, acá está bien marcada más que nunca. Pero, sobre todo, ponerle mi nombre a un proyecto tan importante donde están Fito y Litto, y hacerme cargo y defender mis canciones compartiéndolas con estos grandes maestros de la música.
—¿"Corazón de luz" transpira una saludable nostalgia: "por qué nos tenemos que ir de aquí para volar". Le pasó a Litto y a Fito, ¿te paso a vos también?
—En mi caso, a mis 18 años me fui a vivir a Buenos Aires a estudiar la carrera de composición musical. Esa era realmente mi meta. Estudiar con Gerardo Gandini, Marta Lambertini, guitarristas que tocaban con Spinetta. Y luego de terminar la carrera, me quedé allí, empezando a mostrar mi música. En aquellos tiempos, para Litto y para Fito, era muy importante estar en Buenos Aires, pues allí estaban los primeros movimientos fuertes y donde allí se firmaban los primeros contratos discográficos. Uno no puede obviar la Capital. Esto lo digo, porque Rosario es una ciudad maravillosa, entonces claro, con Litto nos preguntamos en la canción: "Y caminando por Rosario y viendo a la gente que ríe frente al Paraná, yo me pregunto todo el tiempo ¿por qué nos tenemos que ir de aquí para volar?". Es un poco un juego utópico de eso de tener que irnos de aquí para volar.
—Con diez discos grabados, seguramente la tenés que seguir remando para que la gente te conozca. ¿Es un karma de los artistas independientes que hacen lo que sienten sin importar las reglas del mercado?
—Yo hago música porque me encanta. Amo estos verbos: componer, grabar y publicar. Sí, tengo 10 discos. Hace 10 años que saco un disco por año. Hay discos que los grabo mejor y discos que los grabo con el presupuesto que tengo. Pero no soy de cajonear un disco y esperar 3 años para grabarlo para cuando tenga un buen monto de dinero. Una vez estando en el estudio de Luis Alberto Spinetta, él me dijo: "Si yo hubiera grabado «Pelusón of milk» con esta consola que estás viendo ahora, ese disco sonaría mucho mejor, pero las canciones ya las tenía listas y había que mostrarlas con los medios que sea". Esa premisa me quedó para siempre.
—¿La rosarinidad te atraviesa todo el tiempo en la composición o tenés otros referentes de la música, como Spinetta, o incluso de la literatura en donde abrazarte para hacer canciones?
— Siempre he tenido la influencia de Luis Alberto. Su mensaje para con la música y la vida es esencial. Luis Alberto Spinetta es la persona más importante que ha dado la República Argentina. Y claro que la rosarinidad está. Fito desde siempre. Desde que grabé un tema inédito suyo (por eso lo conocí), la zamba litoraleña rosarina "Viajes" que iba a entrar en "Del 63" y que me la hizo escuchar mi amigo Iván Tarabelli. Otro referente es Litto Nebbia y soy un fan incurable de Lalo de los Santos con su melancolía infinita. Quizá Lalo sea el más rosarino que haya existido nunca (tengo pensado hacer un disco con sus canciones). Lo rosarino está, y es un valor muy importante llevarlo consigo, hasta Fito me lo ha dicho. Así que Rosario o ser rosarino o rosarina, es un valor muy potente que uno ya tiene. La poesía está en estos autores, como la música de Ryuichi Sakamoto, o la pluma de Juan L. Ortiz y Caetano Veloso; o la urbanidad de Roberto Arlt o el cine de Alejandro Agresti y Gustavo Postiglione, o la plástica de Lucio Fontana.
—¿Qué viene después de "Ignasio" y cómo ves el futuro artístico luego de esta pandemia?
—Después de "Ignasio" se viene un disco más largo, que empiezo a grabar aquí en Rosario en estas semanas. Me va ayudar a producirlo un músico muy importante, que aún no lo quiero nombrar. Y la idea es que salga este 2020, quizá el año más raro de esta época moderna. Hasta el momento no hice conciertos virtuales, no le encontré la vuelta como a mí me gustaría expresarme, pero quizá lo haga si esto sigue. Quiero ser positivo. La pandemia algún día terminará, y creo que cada uno va a volver a proyectar en gran libertad.



Por Gonzalo Santamaría

