Un recuerdo que emociona

Domingo 18 de Julio de 2021

El doctor René Favaloro, nacido en La Plata en 1923, además de admiración me produce una profunda emoción. Cada vez que un canal de televisión reedita algún reportaje que se le hizo, la pantalla del televisor brilla con superior intensidad. Pero no porque enciendan más focos, sino porque se ilumina con su presencia serena, su inteligencia, humildad y claras reflexiones. Hubo dos lugares determinantes en la vida de Favaloro: el solitario pueblo pampeano de Jacinto Aráuz y Cleveland (Ohio) en Estados Unidos donde se hallaba la Cleveland Clinic. En Jacinto Aráuz llegó en 1950 para hacer un breve reemplazo y se quedó por 12 años. Junto al médico Juan José Favaloro (su hermano), que se instaló allí para ayudarlo, y con la valiosa colaboración de comerciantes, empleados, maestros y párrocos, crearon un centro asistencial y transformaron la región social y sanitariamente. Mientras ejercía como médico rural estudió intensamente la delicada cuestión cardiovascular, y por ello dio por finalizado su feliz capítulo en Jacinto Aráuz para ingresar a la Cleveland Clinic en 1962, sin otra pretensión que especializarse comenzando “desde abajo”. Y el 9 de mayo de 1967 llegó su momento cumbre: la realización del bypass en una paciente para permitirle la irrigación de la arteria coronaria; un procedimiento que salvó multitud de vidas. Pero el éxito y la fama no lo retuvieron en Estados Unidos, y en 1971 regresó a la Argentina para fundar una institución basada en la Cleveland Clinic; es decir en la investigación, la docencia, la atención sin fines de lucro y la calidez humana. De manera que creó la Fundación Favaloro y otras casas de alta investigación y enseñanza médica, algunas financiadas por su propia fundación. Recibió numerosas distinciones internacionales y, en mi opinión, debió ser galardonado con el Nobel de medicina. Pero desde 1994, cuando las deudas a la fundación hacían imposible su funcionamiento, el destino comenzó a escribir su negro capítulo con final de suicidio. Es que Favaloro, como lo aclaró en una de sus cartas de despedida, se había convertido en un mendigo solicitando lo que debían a la fundación que ante la indiferencia general, ya tenía que despedir a colaboradores capaces y leales. Así fue que en virtud de tanta presión, René Favaloro, el cardiocirujano que había salvado miles de corazones, paralizó el suyo un 29 de julio de 2000.

Edgardo Urraco

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