POLICIALES

Una saga de balaceras con sed de venganza, prólogo de la entrega de un acusado por homicidio

Fueron tres ataques en 20 minutos. Todos tuvieron como hilo conductor a Horacio C., acusado por el crimen de Javier Ojeda.

Viernes 04 de Diciembre de 2020

Horacio Rubén C. y Javier Iván Ojeda eran vecinos. Vivían a escasos 200 metros uno del otro. Los dos fueron padres. El primero tiene dos hijos y Ojeda tenía un nene de poco más de un año. La tarde de hoy Horacio C. será acusado de matar con un escopetazo calibre 16 a Ojeda el martes al filo de la medianoche en inmediaciones de Gaboto y Río de Janeiro. Pero entre el crimen de Ojeda y la presentación "espontánea" el miércoles a la noche en el Centro de Justicia Penal de Horacio C. ocurrieron al menos tres hechos violentos que, de una manera u otra, forzaron que el principal sospechoso se pusiera a derecho. Fueron tres balaceras _en Lima al 3200, Río de Janeiro al 2800 y Saavedra al 5200_ con dos heridos de bala sin peligro de muerte. Todas teniendo a Horacio C. como lazo conductor. Todas con mensaje y método mafioso. Todas dejando la sensación de que el precio final de esa violencia desatada pudo haber amplificado otra jornada signada por el dolor y la sin razón.

El martes al filo de la medianoche “Javi” Ojeda caminaba de regreso a su casa por Gaboto al 4100, en el barrio Avellaneda Oeste, con ocho amigos, entre los que estaba su hermano de 18 años. Volvían, entre risas y anécdotas, de jugar al “fulbito”. Cuando pasaban por el frente de una vivienda ubicada en el cruce de Gaboto y la cortada Ancaste el destino los colocó frente a Horacio C., el dueño de casa, quien les arrojó un envase de cerveza buscando el roce.

Micaela, una de las hermanas Ojeda, contó esa secuencia así: "Estaba alcoholizado, drogado (Horacio C.). Ahí se ve la botella de cerveza que le tiró (señalando el lugar donde impactó el envase). Se subió al techo de la casa y disparó”, dijo la muchacha. “Lo mataron delante de mi hermano de 18 años, que vio como le reventaron la panza de un escopetazo”, explicó Micaela.

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Cuando aún no se habían calmado las cosas, menos de doce horas después del crimen la familia de Horacio C. se mudó de la vivienda frente a la cual se produjo el crimen en medio de un fuerte operativo policial. “Fue vergonzoso lo que hicieron. Pusieron un cordón policial para protegerlos. Eso pasa porque la lacra que mato a Javi tiene familiares policías. Encubren todo. A ellos los cuidaban y a nosotros la policía nos decía «córranse, negros de mierda»”, comentó un allegado a la familia. A primera hora de la tarde las inmediaciones de Valparaíso al 3100, donde viven los Ojeda, era desolación, bronca, dolor y reclamo de Justicia. “Nosotros queremos que «Javi» tenga Justicia”, indicaron.

En ese marco, a partir de las 19 del miércoles se produjeron al menos tres ataques a balazos con tinte mafioso en un radio de seis cuadras por cuatro. Todo en un rango de 20 minutos en la que se desplegó sed de venganza a su máxima expresión. Los ataques tenían como hilo conductor a Horacio C. y la sensación era que en los lugares “se aplicó mafia”, como en la jerga se reconoce a hechos intimidatorios. Una escena que globalizaron bandas del calibre de Los Monos, pero que hoy son replicadas por gavillas de menor peso específico. O lo que es peor, por vecinos.

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En todos los casos quedó claro que los lugares habían surgido de una investigación callejera, lo que marcó los objetivos. Río de Janeiro al 2800, donde vive la ex y los hijos del sindicado matador de Ojeda; Saavedra al 5200, vivienda del padre de Horacio C. que tiene en alquiler y Lima al 3200, donde según confiaron los vecinos erraron el blanco por una casa. “Vinieron y dispararon contra el quisco de Olga. Pero no era ahí. Era la casa de al lado. Ahí hasta hace tres años vivían familiares directos del pibe que buscaban, el que mató en Gaboto y Rio de Janeiro. La mujer baleada nada que ver”, explicó un vecino.

Según explicaron en el lugar los agresores llegaron al quiosco de Olga en dos motos: una Yamaha YBR color roja y una Honda Titán negra. El tirador bajó en el cruce de Lima y Garay. Caminó hasta el quiosco de Olga, ubicado a mitad de cuadra, y tocó el timbre por la ventana. “Apenas Olga se asomó para atender, metió la mano y disparó. Ella iba con su nene de diez años. No se como lo empujó y recibió los balazos. Pero el sicario no paró. Abrió la ventana con su mano y le siguió disparando tres veces más. No la mató por milagro. La vinieron a matar”, contó un vecino. “Cuando se iba el tirador se agarró a tiros con otros. Desde el quisco hasta la panadería que está sobre Lima, la policía secuestró ocho vainas servidas calibre 9 milímetros. Después la YBR se fue hacia Felipe Moré pero se cayeron en la vía aunque después siguieron, y la Titán se fue para Avellaneda”, contó el vecino. Olga fue internada en el Hospital de Emergencias con un balazo en abdomen y una lesión en la mano. Se indicó que está fuera de peligro.

Mientras un par de patrullero se desplegaban en la escena de esa balacera, a lo no tan lejos se escuchaban detonaciones. Esta vez fue en inmediaciones de Río de Janeiro al 2800, a nueve cuadras, también en Avellaneda Oeste. El frente de una vivienda recibió entre 10 y 15 balazos calibre 9 milímetros. En la casa atacada residen la ex pareja de Horacio C. y sus dos hijos. “Yo estoy separada de él. Vivos con mis hijos. Nosotros lo que queremos es que alguien nos ponga un patrullero de custodia. Yo estoy amenazada por Facebook. Me dicen que van a venir a hacerle mal a mis hijos y yo con mi ex no tengo nada que ver”, explicó la mujer. La ex suegra de Horacio C. también lo desconoció. “Con mi yerno no tenemos relación y no sabemos en que anda. Lo que queremos es que no nos vengan a molestar por cosas que él hace”, dijo la mujer.

El tercer ataque ocurrió en una casa ubicada en Saavedra al 5200, a diez cuadras de la escena del crimen de Javi Ojeda, en barrio Moderno. En esa vivienda alquilan Lorena y Fernando junto a sus tres de 7, 14 y 15 años. Pocos minutos antes de las 19.30 tocaron a la puerta y una voz masculina gritó: “Campeón”. Cuando Fernando se acercó a la puerta para ver quién llamaba fue recibido por una lluvia de balas. Indicio certero de que se buscaba matar. La buena fortuna hizo que el hombre solo recibiera un roce en uno de sus brazos y que ningún integrante de la familia resultara herido. Sobre la vereda quedaron marcados 18 círculos con tiza de las vainas servidas que secuestraron los peritos. Algunos vecinos indicaron que el tirador llegó en un Chevrolet Onix color champán. Lorena contó que el propio dueño de la casa, a quien le alquilan, le reconoció que todo venía por el lado de un problema que Horacio C., su hijo.

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Dos horas de reloj después de la primera detonación en Avellaneda Oeste, Horacio C. piso el hall del Centro de Justicia Penal para ponerse a disposición de la fiscal Gisela Paolicelli. De ahí fue trasladado a la Agencia de Investigación Criminal (AIC) en Lamadrid al 500. La tarde de hoy Horacio C. se sentará frente a la jueza Silvia Castelli y escuchará de boca de la fiscal Paolicelli la acusación por homicidio agravado por arma de fuego y la portación de la escopeta; junto a él se sentarán Matías Ezequiel L., quien manejó la moto en la que el sindicado como matador de Ojeda fue sacado de la escena del crimen, y Claudio A., en cuya vivienda fue hallada la escopeta calibre 16 utilizada en el crimen. Las tres balaceras ocurridas la tardecita del miércoles serán investigadas en principio por la unidad fiscal de Flagrancia y posteriormente pasarán a manos de la unidad fiscal de Imputados No Individualizados.

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