Buenos Aires.— Dos hermanitas misioneras de 11 y 14 años que eran obligadas
por su madre a ejercer la prostitución fueron rescatadas por la Policía Federal en la localidad
bonaerense de Pablo Podestá, luego de que otra hermana de 16 años, que estaba en la misma
condición, lograra escapar y denunciar el hecho en la provincia de Misiones, donde se desbarató una
red de trata de personas.
Las niñas fueron rescatadas la noche del martes en dos locales de Pablo Podestá,
en allanamientos realizados en forma simultánea a los realizados en la ciudad misionera de Puerto
Iguazú, donde fue detenido el reclutador de las niñas.
Triste historia. De acuerdo a los investigadores, la mujer vivió con su esposo y
sus tres hijas en Puerto Iguazú, pero en febrero pasado se separó y viajó a Buenos Aires. Allí
conoció a un hombre de 35 años, quien regenteaba burdeles y traía niñas jóvenes desde el Paraguay y
el norte del país para prostituirlas, por lo que luego de incorporar a la mujer para sus locales
con la promesa de ganar buena plata y de iniciarla en la drogadicción, la convenció para que
trajera a sus hijas, que habían quedado al cuidado de su ex esposo.
Así, el reclutador viajó a Puerto Iguazú para conocer a las hijas de la mujer,
oportunidad en la entabló una relación amistosa con el padre de las chicas. De esa forma, a la
madre le fue más fácil convencer al ex marido de que dejara viajar a la mayor de las hijas, con la
excusa que de que trabajaría como niñera.
Apenas llegó a Pablo Podestá, la adolescente fue recibida por el reclutador y la
regente de los burdeles, tras lo cual fue sometida a "un mes de ablande" en el que fue violada en
reiteradas ocasiones, drogada y sometida a golpes.
El reclutador convenció entonces a la madre para traer a sus otras dos hijas de
11 y 14 años, con el pretexto de que así iba a poder ganar más dinero. Cuando las niñas llegaron a
Buenos Aires, la mayor de las hermanas, asustada por lo que iban a vivir sus hermanitas, convenció
al reclutador para volver a Misiones con la excusa de traer a unas chicas que ella conocía para
trabajar para él.
Aunque le permitió hacer el viaje, el reclutador la siguió hasta Puerto Iguazú,
donde paradójicamente se alojó en la casa del padre de la adolescente con quien había trabado
amistad.
La adolescente no se animó a decirle al padre lo que pasaba, pero al ver al
reclutador en Iguazú y recibir un mensaje de texto donde le escribía: "Sos una mentirosa. Vas a ver
lo que te va a pasar", decidió contar todo a Marcelina Antúnez, integrante de una organización que
se dedica en Misiones a combatir la trata de personas.
Antúnez, además, había sido maestra de la adolescente cuando estudiaba en Puerto
Iguazú. Fue esa mujer la que convenció al padre de las niñas de no actuar contra el reclutador que
se alojaba en su casa, hasta que las dos menores, de 11 y 14 años estuvieran a salvo.
Finalmente, Antúnez y el padre de las nenas hicieron la denuncia en la Policía
Federal y, luego de dar intervención al juez federal de la localidad de Eldorado y de recibir el
testimonio de la joven que describió donde estaban ubicados los burdeles en Buenos Aires, ordenó
allanamientos y la detención del reclutador. l (Télam)