Policiales

Procesan a un conductor por matar a un hombre en una riña de tránsito

Una abrumadora cosecha de pruebas arrinconó a Cristian Ariel Altamirano. La descripción coincidente y precisa de los testigos, dos reconocimientos inequívocos en Tribunales, la pistola 11.25 secuestrada en su casa y la tardía admisión de su acto lo implican en un incidente de inicio absurdo y descomunal final.

Sábado 18 de Octubre de 2008

Una abrumadora cosecha de pruebas arrinconó a Cristian Ariel Altamirano. La descripción coincidente y precisa de los testigos, dos reconocimientos inequívocos en Tribunales, la pistola 11.25 secuestrada en su casa y la tardía admisión de su acto lo implican en un incidente de inicio absurdo y descomunal final. Este conductor de 32 años fue procesado ayer por matar a un hombre en la esquina de Rioja y 1º de Mayo, hace tres semanas, en una discusión de tránsito.

La Justicia ordenó además que las dos mujeres que iban con Altamirano sean localizadas y llevadas al tribunal. Una de ellas fue sindicada por testigos como la persona que le extendió la pistola utilizada en el homicidio (ver aparte).

La persona que murió, Manuel Novillo, de 41 años, ni siquiera participó del altercado. Se encontraba dentro del Peugeot 405 que manejaba su hermano, Carlos Novillo, quien discutió con Altamirano el 28 de septiembre a las 4.30 de la madrugada. En el auto iban también las esposas de los hermanos y una amiga.

Acto voluntario. El juez de Instrucción Nº 9, Javier Beltramone, procesó por homicidio agravado y portación ilegal de arma de guerra a Altamirano, lo que implica una pena mínima de 11 años y 8 meses. Según su criterio el acusado disparó de manera voluntaria y con acabado conocimiento de lo que hacía.

El incidente se inició a raíz de que el conductor del Peugeot 405 hizo luces con insistencia a Altamirano. Este, a bordo de un Peugeot 206 que iba adelante, había detenido la marcha.

En medio de la disputa, el del 206 recogió una pistola calibre 11.25 y disparó tres veces. Un tiro dio en una rueda delantera y otro en el guardabarros trasero. El tercero rompió el parabrisas y atravesó la cabeza de Manuel Novillo mientras dormía en el asiento trasero. El balazo ingresó por la nuca y salió por un ojo. Tenía dos hijos: Nahuel, de 13 años, y Daiana, de 10.

Para involucrarlo como autor del hecho, el juez tuvo en cuenta varias cosas. En primer lugar, que el propio Altamirano asumió haber disparado, aunque lo hiciera recién cuando dos testigos directos del hecho lo marcaron sin vacilar en el gabinete de reconocimiento de Tribunales.

Antes de eso, dos de los testigos que iban con la víctima lo habían descripto de modo calcado. A eso se sumó el vigilador de un edificio, quien lo señaló como un individuo morrudo, rubio, con barba tipo candado, de un metro 70 y tatuajes en ambos brazos.

Otro hombre. Algo llamativo: Altamirano se presentó al reconocimiento con un rotundo cambio de fisonomía. Lucía cabeza y rostro afeitados, tenía los brazos cubiertos con mangas largas y se había sacado los aros y el piercing que usaba. No obstante fue apuntado con seguridad por dos testigos. La esposa de la víctima, Claudia Fernández, desligó a los compañeros de ronda de Altamirano y dijo: "Yo veo al número dos, pero no tiene la barba ni los aritos en la oreja izquierda, me confunde la altura, sí es parecido la cara redonda, me inclino por el dos". En la columna dos estaba, en efecto, Altamirano.

Altamirano admitió haber disparado, aunque explicó los hechos de un modo que, según la conclusión del juez, fue inverosímil y contradictoria en relación a los sucesos narrados por otros testigos, incluso imparciales por ser ajenos a la pelea. Adujo que discutió con el otro conductor, que la riña escaló en tensión hasta que una mujer rubia bajó del 405 auto y tomó de los pelos a una de las mujeres que iba con él. Allí, reconoce Altamirano, abrió fuego. El mismo reconoce que una mujer que iba con él le alcanzó el arma.

El grado cero. "Yo soy cero quilombo, me sentía atado, quería terminar todo esto y como me las vi fea y no las podía separar agarro el arma y disparo sobre la rueda delantera", sostuvo Altamirano, en un intento de sugerir que la muerte de Novillo fue un resultado accidental.

El hecho de disparar en tres ocasiones contra el auto donde había gente subraya, según el juez, la intencionalidad. También es significativo, para Beltramone, que el vigilador del edificio desmintiera que una mujer hubiera aferrado de los pelos a una de las acompañantes del acusado, presunto detonante último de su conducta..

La trayectoria de la bala que mató a Novillo, que entró por la luneta trasera del 405, no condice con el argumento de Altamirano, que afirmó haber disparado al piso. También lo desbaratan los gráficos y el informe del perito del área de Balística.

Los elementos en contra doblegaron a Altamirano: encontraron su auto gracias a que un testigo anotó su patente y también el arma que, quedó probado, fue la utilizada para el crimen, según el cotejo de las vainas levantadas en el lugar.

Algo más agrava la conducta: los testigos dejan claro que el acusado abrió fuego cuando el auto en el que iba Novillo se estaba yendo. La discusión había cesado y al tirador nada parecía ponerlo en riesgo.

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