Se parecía al Pájaro Cantero y en sus redes sociales se hacía llamar “Milton de La Granada”. Pero murió lejos de ese barrio. Lo asesinaron el 3 de octubre de 2017 en el barrio Gráfico, cuando llegó en auto con dos amigos a comprar marihuana y el conductor discutió con un conocido que los atacó a balazos. Luis Alberto “Mullinga” Villalba, de 32 años, fue condenado a 22 años de cárcel como el autor de una decena de disparos contra tres muchachos que iban desarmados. Fue al finalizar un juicio oral donde declararon los dos testigos que acompañaban a la víctima, uno de ellos baleado en el incidente.
Milton Nahuel González tenía 18 años. Había tenido sus cinco minutos de fama cuando brindó su testimonio en un programa porteño sobre la vida de Claudio “Pájaro” Cantero. Lo filmaron frente al mural de Khantuta y Pasaje 514 que recuerda al asesinado líder de Los Monos, a quien se parecía de manera notable. Dos años atrás fue asesinado cuando estaba con dos amigos frente a un búnker de la zona oeste. Hubo un entredicho con quien los recibió y el muchacho recibió dos balazos. Uno le perforó la arteria aorta y murió desangrado.
El conductor del auto fue herido en el ataque y cuando estaba en el hospital declaró que el tirador había sido “Mullinga” Villalba, detenido al mes muy cerca del lugar del crimen. El jueves, en videoconferencia desde la cárcel de Piñero, este hombre que se presentó como pintor y electricista comenzó a ser juzgado ante los jueces María Melania Carrara, Florentino Malaponte y María Trinidad Chiabrera. El fiscal Luis Schiappa Pietra pidió que lo condenen a 20 años de prisión. El abogado querellante Nazareno Bravo, en representación de la madre de la víctima, reclamó 25 años. Y el defensor Leopoldo Monteil planteó la absolución por el beneficio de la duda.
El tribunal dio a conocer su veredicto ayer al mediodía. Por encima del pedido fiscal, lo condenaron a 22 años de cárcel como autor de un homicidio agravado por el uso de arma, la tentativa de homicidio del conductor del auto y la portación ilegal de un arma de fuego. El arma fue catalogada como de uso civil, aunque el calibre nunca llegó a determinarse.
Valoraciones
”Sin conocer aún los fundamentos del fallo, es evidente que se tuvo en cuenta la edad de la víctima, que era un chico de 18 años”, evaluó el fiscal en relación a la elevada pena. “Otra cuestión que seguramente ha tenido en consideración el tribunal es la circunstancia que rodeó al hecho, la situación de que ocurriera en un punto de venta de drogas”, contempló.
Para el abogado querellante, fue determinante en la pena la cantidad de disparos efectuados por un atacante que no estaba siendo amenazado. “Obviamente la sentencia cayó bien en la familia. Nada les va a devolver la vida de Milton pero la recibieron con conformidad, con mucha emoción”, contó Bravo. La abuela y la madre de Milton escucharon el fallo en la sala. El resto de la familia esperó la novedad en la plaza del Centro de Justicia Penal.
Milton vivía en La Granada —el mismo barrio del que son originarias la familia Cantero y la banda de Los Monos— junto a sus cinco hermanos y su mamá, que se gana la vida como empleada doméstica. En un primer momento fuentes policiales dijeron que el chico era hijo de Claudio Cantero y más tarde que era su ahijado. Pero su madre, Laura, salió a aclarar que el chico conocía a Pájaro por ser del mismo barrio y que a causa del parecido había sufrido apremios policiales.
El ataque
La tarde del crimen Milton estaba con dos amigos en un Volkswagen Gol Trend gris. Según contó Bravo, esa noche iban a comer un pollo al disco y decidieron ir a comprar marihuana a un puesto de drogas de Magaldi al 8700, en el barrio Gráfico. En ese lugar había funcionado un búnker hasta por lo menos un mes antes, cuando el 8 de septiembre de ese año asesinaron a Daiana Débora Jiménez.
La joven de 19 años atendía entonces un humilde quiosco mientras su hijo de un año y medio jugaba en el piso. A la medianoche llegaron dos hombres con los que mantuvo una breve discusión, uno de ellos le disparó en el rostro y la mató. El caso fue investigado al principio como un robo seguido de muerte aunque los vecinos sostuvieron que “ahí se vendía droga”. El año pasado un hombre fue condenado a 18 años por el crimen.
Luego del asesinato, el viudo de Jiménez vendió la propiedad. Hasta allí llegaron Milton y sus amigos la tarde del 3 de octubre de 2017. Los testigos contaron que en ese lugar los recibió Villalba, quien de modo amenazante invitó a bajar del auto al conductor, a quien conocía. En medio de una discusión, en un momento sacó un arma y le efectuó un disparo lo hirió en el pómulo derecho y lo hizo caer al suelo.
En ese momento bajó Milton del asiento del acompañante y le dijo que dejara de disparar. Detrás de él bajó el muchacho que iba en el asiento trasero, a quien Villalba le ordenó que se fuera. Milton siguió diciéndole “que la corte, que la pare, que no venían a pelear”, contó el querellante, y entonces el agresor le disparó en una pierna y en el omóplato izquierdo.
El joven que manejaba el auto logró recuperarse, subió a Milton al auto y lo llevó al Policlínico San Martín, mientras el tercer ocupante se alejaba corriendo entre “una banda de disparos”. Es que el agresor no dejó de disparar mientras se alejaba el vehículo, que según una primera pericia fue alcanzado por once tiros, aunque en el juicio se acreditaron nueve. A Milton lo derivaron al Heca donde murió cinco minutos antes de las 21, en el quirófano.
Pruebas
El principal aporte fue el testimonio del conductor. Brindó el apodo, la identidad y una descripción del agresor, que fue detenido el 30 de octubre de 2017 en una vivienda cercana al estadio mundialista de hockey “Luciana Aymar”, a pocas cuadras de la escena del crimen de González. El conductor luego lo reconoció en una rueda de personas.
El conocido de Milton que iba en el asiento de atrás no lo reconoció dijo que no estaba en condiciones de hacerlo porque estuvo poco tiempo frente al atacante pero dio una descripción física muy similar a la contextura de Villalba. A estas dos declaraciones en el centro de la prueba se sumó un audio que recibió un hermano de Milton en el velorio. Una persona que había visto la situación y la describía al detalle decía que el crimen había sido cometido por Villalba.
”Creemos que al aplicar una pena alta el tribunal tuvo en cuenta que Villalba en todo momento tuvo el control de la situación con un arma. Esto fue señalado por la querella en el juicio. Y no sólo no cedió, sino que continuó hasta realizar por lo menos once disparos contra los que él consideraba que le hicieron frente”, analizó el abogado Bravo sobre la condena que cerró el caso.