Desde hace 16 años Irma Vargas es la jefa de la guardia del Hospital Carrasco, que depende de Salud municipal, pero tiene una larga historia profesional que le ha permitido recabar experiencia en pandemias y epidemias varias. Con serenidad y precisión, expone cuál es la realidad que están viviendo hoy en relación al Covid-19, en un hospital que se designó como referente para atender personas con este diagnóstico.
“Lo primero que quiero decir es que estamos trabajando tranquilos y con todas las medidas de bioseguridad dispuestas por las autoridades. Estamos equipados y tenemos un entrenamiento de décadas en enfermedades que tienen su complejidad por el peso que también cargan a nivel social”, expresa.
“En febrero ya estábamos poniéndonos a tono con las necesidades que nos iba marcando la agenda internacional. Empezamos a leer, a estudiar día a día las novedades y a prepararnos para lo máximo. Si después sucede lo mínimo, mucho mejor”, comenta.
En la guardia de la institución ubicada en Avellaneda al 1400 trabajan 14 médicos recibidos hace tiempo y hay otros 15 haciendo sus primeras experiencias. Hay además 20 enfermeros, y un equipo de mucamas, camilleros y personal administrativo. “Todos estamos capacitándonos para cuidarnos y cuidar a los pacientes”, reafirma.
Admite que hoy la guardia está mucho “más tranquila” que de costumbre porque las personas que necesitan atención inmediata están evitando acercarse a los efectores por miedo al contagio. “Estamos lejos de un desborde”, señala, aunque admite que el escenario es muy cambiante y nadie puede relajarse.
“La gente que llega con algún síntoma que puede indicar que tiene Covid-19 viene muy angustiada y esto le cabe a personas de cualquier nivel socioeconómico. Veo que hay demasiado miedo y esto está vinculado con la sobreinformación, sobre todo la que proviene de la televisión. Es una pena porque ahí habla el que sabe pero también el que no sabe. Parece que todos hoy quieren ser experimentados en la temática y lo único que se logra es la confusión, el temor y el estigma hacia el paciente”, enfatiza la médica.
“Acá tuvimos muchos casos sospechosos y casi todos dieron negativo. De los positivos, unos cuantos pudieron hacer la cuarentena en su casa por tener síntomas leves. La realidad es que cómo va a evolucionar cada paciente depende de muchos factores. Un diagnóstico positivo no significa una muerte”, destaca.
Respecto de cómo parte de la sociedad señala a los pacientes, Vargas reflexiona: “Volvimos a lo que nosotros vemos con la tuberculosis, con lo que vimos con el VIH. Una pena. Esto sólo genera más temor en el paciente, que es una víctima, y de algún modo se lo convierte en victimario. Les aseguro que algunos pasan más estrés por el peso anímico de ser marcados que por la patología en sí. Tenemos una larga experiencia en enfermedades estigmatizantes y la única manera de vencer esto es poniendo el acento en el respeto”.