Pandemia

Es de Rosario, está en China y cuenta cómo vive la cuarentena

Guillermo Puig, graduado de la UNR, viajó para perfeccionar el idioma y quedó "cautivo" en el campus de Xian, a la espera de que empiecen las clases

Domingo 15 de Marzo de 2020

Guillermo Puig vive en Rosario, pero ahora está en cuarentena, en China por el coronavirus. Graduado en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), este contador de 27 años viajó en septiembre de 2019 a Xian, una ciudad del noroeste chino en la provincia de Shaanxi que tiene la misma población que toda la Argentina. Lo separan nada menos que 19.013 kilómetros de su casa en Alberdi.

   Por la cuarentena llegó a no poder salir de las cuatro paredes de su habitación y desde unos días sólo caminó un poco más allá: se traslada por el campus universitario y espera a que comiencen las clases por ahora suspendidas.

   “Hay que tener claro que las dimensiones de China son inmensas y que la situación de la provincia donde se inició el brote, Hubei, es distinta al resto del país. Allí desde el momento cero que se declaró la emergencia nacional, no se pudo salir. Mi experiencia fue diferente, fue gradual: desde que nos enteramos que apareció el virus a fines de diciembre y durante todo enero no le prestábamos mucha atención, recuerdo haber pasado mi cumpleaños el 20 de enero sin restricciones, porque no estaba aún la emergencia nacional”, recordó en diálogo con La Capital.

   Guillermo se hospeda en una ciudad de 10 millones de habitantes donde hay un campus universitario y una escuela de idiomas a la que asisten unos 200 estudiantes, en su mayoría de países de Asia Central. Guillermo convivió allí con dos jóvenes de Tayikistán y en febrero tuvo que tomar recaudos por el coronavirus.

   Para él la situación cambió a partir del 24 de enero, Año Nuevo Chino. Según dijo es la festividad en que se da una migración interna en el país y fue en ese momento en que muchos estudiantes retornaron a sus casas y quedaron como él, sólo los extranjeros en el campus.

   “Creo que eso pudo colaborar a que circule el virus. Nosotros celebramos el año en ese momento, nos aconsejaron salir con barbijos, pero como recomendación, no era obligación aún, hasta que nos dijeron que salgamos lo menos posible, después que no salgamos del campus y luego de la habitación”.

   Nadie está preparado para vivir en cuarentena, encerrado en un edificio sin saber hasta cuándo y cómo. Intento tomar las medidas de protección lo mejor posible, me informo todos los días del panorama, pero tranquilo porque estamos controlados y seguros. Estoy en una provincia con tantos habitantes como nuestro país y hubo unos 245 infectados, un fallecido y pero los controles fueron estrictos”, aseguró.

   El graduado de la UNR viajó para perfeccionar el chino mandarín que había comenzado a estudiar hace cinco años en el Instituto Confucio que funciona en la Facultad Ciencias Económicas. Ya hace tiempo que no sólo dice “ni hao” (hola) y “xiwe xie” (gracias) y fue por más.

   Allá interactúa con unos 20 estudiantes de distintas partes del mundo y conoce un país que no deja de fascinarlo por su contraste cultural y dimensiones. Guillermo asegura que llegó a China conociendo que “es una de las dos potencias mundiales del momento”.

   La otra potencia es Estados Unidos. “Hay muy poca gente que sabe que acá hay oportunidades laborales y académicas por la relación con Argentina a través de acuerdos comerciales y que les vendemos soja. Yo tampoco sabía mucho más de China hasta hace unos años, no tenemos mucha idea de Asia, creo que no se estudia bien en la escuela. Se conoce Beijing, Shanghai y Hong Kong y no mucho más y nos parece que todos y todo es lo mismo”, dice en referencia a las erróneas caracterizaciones que se suelen hacer en este país donde coreanos, japoneses y chinos se meten en el mismo mapa.

   Este estudiante dijo que “ya entrenó el ojo” y ya no comete tanto esas equivocaciones. Aseguró que llegó con una base de lectura y escritura del idioma y que la primera semana quedó “impactado”. Porque “todo es diferente: costumbres, la gente, el tamaño de la ciudad, cómo se mueven. Por ejemplo, acá no se usa la billetera, todo se paga con el celular, debés tenerlo siempre cargado y conectado a Internet, que no es la misma que usamos allá sino VNP (N. de la R. Una red privada virtual) y ahora como con palitos, a todo te acostumbrás en poco tiempo”.

   Ante el coronavirus, cuando las medidas se extremaron, Guillermo debió usar barbijo (distinto al que se usa en la ciudad por la alta polución) y debió recluirse. En la provincia donde vive, hace 17 días que no hay ningún nuevo infectado (el 90 por ciento están recuperados).

   “Sigue la cuarentena, aún la provincia no da la batalla ganada. Hasta la semana pasada había un estudiante designado por día para ir hasta la puerta del campus para retirar las compras que hacíamos por delivery en el súper. Ahora podemos desplazarnos más y eso viene bien, estábamos con mucho frío y ahora está el tiempo un poco más lindo. Nos conformamos con lo que podemos mientras esperamos con incertidumbre que empiecen las clases”, comenta Guillermo.

   Es que el inicio del ciclo lectivo en esa provincia china, para todos los niveles, se había fijado a mitad de febrero, pero no pudo ser. Tampoco las clases del idioma nacional que Guillermo debía retomar en marzo.

   “Creo que hasta abril no reiniciarán, de todos modos el gobierno provincial dijo que lo comunicará una semana antes y algunos, como una compañera mía que se volvió, seguro lo hará on line. Yo me quedo”, afirmó antes de asegurar: “Si decidiera irme debo hacerme un chequeo previamente y puedo irme, pero no quiero porque apliqué a esta beca por un semestre y vi que estaba aprendiendo y la pasaba bien. Decidí quedarme seis meses más. Trabajaba en un estudio en Rosario y renuncié para venir, quiero estudiar un poco más”.

   Sucede que la incertidumbre por poder seguir estudiando o no puso en duda a muchos sobre volver a sus países de origen. Algunos estudiantes pudieron, otros de Asia Central, no. Guillermo ya había decidido prolongar su beca un semestre más sin saber que se venía un brote de un virus que nunca antes había escuchado, ni él ni prácticamente nadie.

   Según el director de la OMS, Tedros Adhanom, China consiguió ralentizar el contagio de este virus joven con medidas “universales”: identificar a las personas enfermas y darles atención, seguir sus contactos, prepararse para un incremento de los enfermos y formar al personal sanitario.

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