Ovación

Una noche muy difícil de olvidar

El duelo ante Santa Paula quedará en la historia del básquet rosarino.

Miércoles 18 de Abril de 2018

Ahí anda Ezequiel Dentis buscando un lugar en la tribuna. Se lo ve a lo lejos, claro, porque supera los 2,07. El pivot de Belgrano de San Nicolás llegó al Ornati para ver el duelo clave entre Atalaya y Santa Paula y lo hizo sobre la hora, por lo que cuando se dio cuenta de su error ya era bastante tarde y había que encontrar la manera de acomodarse en una cancha repleta y en estado de ebullición. En el camino intercambió bromas y abrazos con Picha Borsellino (base de Norte de Armstrong), Lisandro Villa (ala pivot de Gimnasia La Plata) y cientos de jugadores, ex compañeros, entrenadores y seguidores del básquet de la ciudad. Es que lo que se vivió el pasado domingo no fue algo que se vea a menudo en las canchas rosarinas. Podrán hurgar en la memoria y bucear en el recuerdo, pero solamente en amarillentos diarios y antiguos VHS encontrarán paralelismos.
   Es que desde la lógica es justo reconocer que la cantidad de público no alcanza para equiparar partidos disputados en los estadios de Newell's o Provincial con selecciones o incluso con la participación de equipos de la ciudad en liga o TNA, pero el clima fue el gran factor que distinguió a la noche del 15 de abril como la más clamorosa de la historia del azul en su estadio. El duelo de hinchadas bien basquetboleras, el color, el cotillón marquetinero y la emotividad del partido hicieron la diferencia, sumado a la permanente tensión de un partido que no tenía muchas ganas de definir su destino a corto plazo.
   Las tribunas del Ornati se coparon desde temprano y con un control de la división del público que funcionó a la perfección desde el ingreso hasta la salida, lo que permitió que el folclore quede ahí e incluso desde la tribuna no se reaccione ante el error de un jugador visitante en meterse con el público. Una tribuna de Atalaya, media para Santa Paula y media para el público neutral. Es que muchísimo público del básquet rosarino fue a la cancha y fue a ver ganar a Atalaya. Tantas veces se habló del morbo, de aquel que va a "mirarte perder", "fracasar" cuando hay un equipo de la ciudad en cancha. Pero esta vez no fue así y se notó.
   Atalaya, los jugadores, el cuerpo técnico, las ganas de su gente y sus dirigentes (seguramente con fallas y deficiencias como es lógico para una primera incursión nacional) se supieron ganar el cariño, el respeto y el apoyo de todos. Incluso con partidos locales en el mismo horario y a metros del Ornati, la cancha reventó como nunca y con la victoria en quinto juego redondeó la mística necesaria para rubricar una noche difícil de olvidar e igualar.

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