
Al llegar a la meta tras recorrer 42,195 kilómetros, el corredor africano otorgó un elocuente gesto de rechazo hacia las autoridades de su país, cruzando sus brazos y remedando a una persona presa.
"Sé que después de este segundo puesto, pueden detenerme o matarme al llegar a mi país", arremetió Lilesa, en la conferencia de prensa posterior al evento realizado en la zona del Sambódromo.
El etíope expresó su solidaridad con el grupo étnico más numeroso del país, los Oromos, quienes están siendo perseguidos y ejecutados por intentar defender sus derechos. Durante la semana pasada, el gobierno de Zenawi encabezó una represión a una protesta pacífica, que culminó con 100 muertos.

Por Patricia Martino
