No es feriado. Tampoco domingo. Es un día hábil. Pero el silencio y la quietud juegan a las escondidas en Junín, donde la siesta es inquebrantable. El gimnasio Arano sobre la calle Paso tiene las puertas abiertas, pero en su interior los cuadriláteros, las bolsas y los guantes esperan que el reloj marque las 16 para romper la calma. Unos minutos antes de la hora señalada un Peugeot de color negro detiene su marcha. Lucas Matthysse es el primero en descender y detrás de él los integrantes de su equipo. El chubutense, quien el sábado pelea con el mexicano Roberto Ortiz en Cincinnati, camina sonriente y saluda a dos jóvenes que están en la vereda. En su recorrido hacia el interior hace lo mismo con todos. Y agradece la visita de Ovación, tras lo que invita a pasar y presenciar sin restricciones uno de sus últimos entrenamientos previo al viaje a Estados Unidos, lugar al que arribó el domingo pasado. Un ejemplo de sencillez y eliminando cualquier atisbo de protocolo o divismo, como sucede en el fútbol, por ejemplo.





























