Francia, o parte de ella, no digirió la derrota en el Mundial pese a que hasta el primer penal a favor la selección campeona del mundo de Rusia 2018, allá por los 79’, estaba borrada de la cancha. Le apuntaron al Dibu Martínez por sus festejos en la cancha, por hamacar un bebé con la cara de Mbappé y por lo que consideran actitudes groseras, pero también contra el árbitro polaco Szymon Marciniak. Consideran que el tercer gol de los argentinos debió ser anulado y en este momento siguen juntando firmas para pedir a la Fifa que la final se juegue de nuevo. Un absurdo, tan desubicado como el dibujo del artista conocido como Dadou sobre el uno argentino. A ese desatino, el mismo árbitro contestó en conferencia de prensa sobre lo ridículo que plantean ciertos medios sobre la expresión de que no debió convalidar el segundo tanto de Lionel Messi, el del 3 a 2 del alargue. Por cierto, está germinando un clima hostil y la pregunta es: ¿qué puede esperarle al mejor del mundo cuando se reintegre al PSG?





























