Central no fue un equipo en el que ameritaran que rodaran cabezas en cancha de Arsenal y tampoco es hoy uno que crea haber mostrado un pico alto en el rendimiento. Ni una cosa ni la otra. Ahora, ¿hubo diferencias entre un partido y otro? ¿entre el debut con dudas en Sarandí a este del triunfo y la alegría frente a un rival siempre exigente como Vélez? La respuesta es sí. Claras diferencias, aunque el pasado viernes no haya perdido. Después del estreno hubo un claro conformismo de parte de los protagonistas, especialmente del cuerpo técnico, lo que soñó extraño, aunque pudo tomarse como “entendible por el simple hecho de que se trató del primer partido, pero las diferencias entre una puesta en escena y otra fue evidente, con crecimiento y fortalecimiento del juego incluidos. Por eso para valorar lo realizado contra Vélez resulta imposible soslayar lo realizado cuatro días antes. De aquella opaca imagen con el débil Arsenal a esta convincente actuación frente al sólido Vélez. Las diferencias:
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Central pudo mantener la valla invicta después de 14 partidos.
Marcelo Bustamante / La Capital
No hay otra forma de encarar cualquier análisis que no incluya el resultado propiamente dicho. Porque ahí está la principal y real diferencia entre un partido y otro. Esta vez el equipo canalla logró sumar de a tres y lo hizo, en gran medida, porque supo mantener el arco en cero, algo que el equipo del Kily González no había logrado en los últimos 14 partidos que disputó. Amén de la liviandad que pudo mostrar Vélez, Central blindó el arco de Servio (en esta ocasión se lo notó más seguro) después de mucho tiempo, algo que no había podido hacer frente al humilde Arsenal.
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Javier Báez mostró más solidez que en el debut y encima anotó el gol del triunfo.
Marcelo Bustamante / La Capital
Había algo que Central se debía: la solidez defensiva. Y esta vez lo logró. Será problema de Vélez no haber sabido inquietar, pero el canalla claramente hizo un partido correcto en el fondo, en el que no se complicó nunca, a excepción de esa salida fallida de Vecchio. Báez nunca se sintió seguro con la pelota en los pies, pero ahora mostró mayor concentración, incluso anticipando en varias jugadas. Almada lo mismo, nunca se complicó e hizo siempre la más fácil. Los laterales también estuvieron a la altura (más Blanco que Martínez), pero claramente hubo una mejor contención que nació en el medio, donde la ubicuidad de Ojeda resultó clave.
Mayor control del juego
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Infantino se conectó de ratos en el partido. Fue de los que más remató.
Marcelo Bustamante / La Capital
Los enormes problemas que mostró Central en cancha de Arsenal incluyeron el control del juego. Aquella vez no pudo ejercer un gran dominio, algo que sí llevó a la práctica esta vez. Porque más allá de algunos momentos en los que perdió la pelota, el equipo del Kily siempre llevó las riendas del partido, de principio a fin. Lo hizo con altibajos, con mejores y peores sincronizaciones, pero nunca resignó el protagonismo. Eso decantó en que a Vélez se le hiciera muy difícil generar juego primero y peligro después. Y sin que Vecchio haya podido ser el titiritero de siempre, el equipo completo tuvo la inteligencia suficiente para administrar la pelota y los tiempos del partido. En Sarandí el campo de juego no ayudaba, pero aquí claramente la talla del rival era otra.
Postura más agresiva
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Walter Montoya tuvo un gran despliegue, colaboró mucho en el retroceso.
Marcelo Bustamante / La Capital
Haber visto a un Central jugando con las mismas revoluciones que lo hizo contra a Arsenal hubiese significado un problema, sobre todo para el Kily. No hacía falta mejorar demasiado para crecer, pero una de las enormes diferencias Central la mostró en la agresividad que tuvo su juego. ¿Cómo la materializó? A través de la intensidad. Porque lo dicho, Central le pudo haber faltado claridad en el juego, pero fue un equipo realmente intenso, tanto para atacar como para recuperar cuando perdía el balón. Montoya fue uno de los de mayor desgaste y quizás sea el ejemplo ideal: en cancha de Arsenal parecía que había que darle cuerda (como al resto de sus compañeros) y frente a Vélez no paró en ningún momento. A partir de esa intensidad Central mostró una postura más agresiva y avasallante.
El gran sotén colectivo
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El capitán Emiliano Vecchio no estuvo con todas las luces encendidas.
Marcelo Bustamante / La Capital
Central está acostumbrado a que Emiliano Vecchio es el que maneja absolutamente todo dentro de la cancha y no está mal que eso suceda porque es el más creativo y el que genera con mayor claridad. Pero esta vez al 10 le faltó algo. De hecho, participó en sólo dos jugadas de riesgo: lanzó el tiro libre que terminó en gol de Báez e intentó asistir a Ruben con un pase pinchado en el que Hoyos llegó antes que Marco. No hubo mucho más, pero igualmente el equipo se las ingenió para que Gamba tuviera su chance, para que Infantino gozara de un par de situaciones con algunos remates, para que Dupuy tuviera una (aunque no del todo clara) en el final. Allá en Arsenal si el juego no pasaba por Vecchio, Central dio la sensación de generar poco y nada. Con Vélez esa conducción se extrañó, pero el equipo tuvo la inteligencia para compensarlo y sostener una postura igual de agresiva.