Entender la bronca que dejó por el lado de Central el empate ante Independiente es posar la mirada en todas las situaciones desperdiciadas, tanto en el primer tiempo como en el segundo. Es también hacer mención a la gran actuación del arquero Diego Rodríguez. Pero básicamente es comprender que Central hizo todo. Para bien y para mal. Porque esos yerros en los metros finales también cuentan. Tal vez en la misma magnitud que la amplia diferencia que el equipo de Coudet le marcó al Rojo, de principio a fin. Y sí, el resultado sonó a injusticia. No hay otra lectura para hacer. Pero ese Central que llevó las riendas del partido durante más de 80 minutos fue el mismo que el que cada vez que desenfundó se encontró con un alto grado de humedad en la pólvora.
No está mal el cierre de la primera etapa del torneo (ver página 4), pero todos se marcharon del Gigante con gusto a poco. “Una vez nos llegaron”, dijo Coudet en medio del partido (con gestos evidentes), inmediatamente después del gol de tiro libre de Aguilera. La bronca del DT tenía razón de ser. En ese momento seguramente recordó el mano a mano de Donatti (la bajó de pecho tras el centro de Delgado) que le tapó Rodríguez (19’), el cabezazo de Ruben en palomita que terminó en las manos otra vez del Ruso y ese remate del centrodelantero canalla que encontró la humanidad de Papa en la línea de sentencia. Ahí ya era prácticamente para liquidar el partido. Pero no fue. Y no todo eran jugadas aisladas. En el medio había compensación, circulación y una idea que si bien pudo ser algo más pulida alcanzaba para mover a Independiente al ritmo que Central pretendía.
























