Opinión

Ropas

Lo encontré a Martín cargando dos valijas en el auto. Donde vas. Llevo la ropa de Delia. No pudo seguir: se largó a llorar. Donde la llevas. Vos sabés que ella iba a una iglesia de unas monjitas acá, en Rosario. Es toda ropa buena, ellas sabrán cómo repartirla.

Viernes 29 de Junio de 2018

Lo encontré a Martín cargando dos valijas en el auto. Donde vas. Llevo la ropa de Delia. No pudo seguir: se largó a llorar. Donde la llevas. Vos sabés que ella iba a una iglesia de unas monjitas acá, en Rosario. Es toda ropa buena, ellas sabrán cómo repartirla.
De chicos, aún se conserva la costumbre, nos vestíamos con ropa de los mayores, de los mas grandes. La ropa usada de unos es la nueva de otros, la diferente.


Delia se murió y Martín, con el consuelo en baja, aún desconsolado, llevaba la ropa de esa mujer a una iglesia y a unas monjitas. Un homenaje a Delia.
A veces usar la ropa del muerto suele resultar molesto, de susto o de míticos miedos. Pero se usa.
Está la viuda quye presta la ropa de su marido, la regala, espera a su nueva pareja y la prueba. De todas las formas es el tema de la ropa de otro.
El traslado mas común es del hermano mayor al menor. Del primo a el otro primo, con la promesa de devolverlo si queda sano y si aparece otro hermanito.
El cochecito, la cuna, el moisés. A veces al moisés se le saca un forro que ha sido regalo de alguien y se quiere conservar.

Hay quienes han conservado sus vestidos de novia para que una hija lo use 25 años después (promedio). Aparecieron hijos varones y la futura nuera no lo desea o la hija salió mas gorda y arreglar el vestido es un lío. Te presto la cola, usa la organza. El velo, aunque mas no sea el velo.
El traje cruzado, con el olor a naftalina, prolijamente planchado está en el fondo del ropero, colgado como la guitarra en la que ya nadie toca nada.
El color, la forma de las solapas denuncian otras épocas. A veces coincide con el retorno de la moda, porque las tendencias van y vienen en el tiempo.
Regalar la ropa es dos cosas. Constituye ungesto en dos actos. El acto generoso y el acto secreto. Que se la lleven, que esa ropa sea un recuerdo que se va, que se vuela a otro sitio. Nadie sabe bien porque, acaso si, pero en la ropa que se va , con la ropa que se va aparece un alivio, una alegría, sale un peso de encima.

Los pañales descartables ahorraron esa maleta de pañales finos y gruesos. Son peor que un vicio caro los pañales descartables. Porque tienen de vicio esa obligación inatajable, pero son una necesidad de los tiempos.
Las camperas, los camperones, los sacos de fumar (fumoir o prendas similares) los deshabillés, los sobretodos, los gabanes. Las monedas que aparecen cuando se los revisa. El papel moneda, el billete de otros años; cambiamos tantos billetes que un saco de cinco años atrás tendría dinero que hoy ya casi no sirve. O sirve poco.


En uno de esos sacos la entrada al cine, la mitad de la entrada al cine. Un boleto de viaje. La recordación exacta que pone a la prenda en otro sitio y otro tiempo,
Conviene regalar para que se use. Conviene regalar para sacarse el peso de encima. Conviene regalar toda la ropa que está demás en el ropero no porque Delia, la finada, sea feliz con eso sino porque uno, si se desprende de esas prendas, tiene el alma mas liviana y alegre si deja que el viento se lleve el boleto del viaje en bus, tren, avión, barco a un sitio donde ya nunca. Nunca. Así guardemos para siempre el saco.

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