Opinión

Peligrosísimo

Hay quienes, en mitad de una circunstancia peligrosa, cargan mas adrenalina y acometen, cruzando el fuego.

Sábado 19 de Mayo de 2018

Hay quienes, en mitad de una circunstancia peligrosa, cargan mas adrenalina y acometen, cruzando el fuego. Un héroe, un atrevido, un inconsciente difieren solo en el resultado... y en quien lo cuenta.

Es historia la frase de un famoso actor de teatro al que preguntaban qué preparación tenía, cómo se concentraba para salir a escena a representar terribles dramas. "Me pongo la gorra y salgo...", contestaba Pedro López Lagar.

Un poco, solo un poco, la resolución es rápida: "vi luz y entré". Hay quienes no podemos, cuando llega el momento de cruzar en mitad de las llamas (uso el fuego porque está entre los primeros miedos del hombre, nuestra especie aún reverencia el fuego y a otras especies animales aun lo espanta) no podemos, digo, convertirnos en héroes y nos quedamos en normales. La diferencia es sencilla de advertir. Todos somos normales, unos pocos son héroes. A veces, por aquello de la forma que tenemos de envidiar, desconocernos, ninguneamos o minimizamos a los héroes. Malvinas y los soldaditos es un caso argentino y cercano.

Tengo dos momentos en mi vida en los que estuve cerca del miedo y puedo asegurar. El miedo paraliza.

Con una muchacha estábamos de primeros y efusivos amores y en Santa Fe, en aquellos primeros años, sin auto, era difícil ir a un albergue transitorio. Una casa en Monte Vera, de unos parientes de parientes suyos era una buena idea. Un tren suburbano, el camino conocido por una calle polvorienta y la casa, con alfombras, sillones, un dormitorio, el mate, las luces, el cigarrillo que ablanda tensiones. Me contó la muchacha, en tren de confidencias, que en esa casa y en ése sótano guardaban las armas de todo el grupo que, Santa Fe hacia arriba, pensaba en una revolución. Larga noche, ciertamente. A la mañana, con las primeras luces de ese verano, el tren suburbano nos trajo de vuelta. Sonrisas. Un cigarrillo para encender y terminar en largas pitadas, haciendo que el humo pegase, caliente, contra la garganta, la tráquea, que el calor entrase casi hasta la tos y el sofoco.

Años después, en una avenida que desagota Rosario, en un primer piso estaba con una mujer de la que, suponía, me había enamorado. Suponíamos los dos que estábamos enamorados y sigo creyendo que la mujer decide el dónde, el cómo y el cuándo y el de qué modo y más: el hasta cuándo. Suponíamos los dos el amor y en esa noche, por una de las avenidas que desagotan Rosario, oíamos un ruido como de una máquina y un acompasado trac–trac. En el entrepiso, en la escalera, en una pequeña pieza que dividía el primer tramo del segundo, mi enamorada dijo, con cierta normalidad, que allí funcionaba el mimeógrafo, que esa noche estaban haciendo los volantes para la manifestación del día siguiente. Era, nomás, una máquina. Cada vez que las sirenas de los móviles policiales pasaban raudamente por esa avenida que se ha dicho: es una de las que desagota Rosario, imaginaba los golpes en la puerta y la frase de Chirino: "...entregate Moreyra...".

Tuve dos momentos de miedo y no es difícil imaginar resultados. El miedo paraliza. Total y absolutamente. En fin...

El asunto es que en las películas los héroes actúan de otro modo y en las despedidas de los héroes igual. Las mejores narraciones son las del amor en mitad de un peligro que se llevará las vidas de los dos o de uno. Atrae ese desfiladero, ese precipicio, esa mínima agonía. La película donde Casanova incentiva su excitación ante el peligro no dejaba de tener su comicidad.

Una señora a quien quiero fraternalmente va, cada año que está cerca y puede, al sitio donde entregaron las armas y dijeron nos volvemos. Cárcel. Tortura. Años duros. Se encuentra con otras. Son sobrevivientes del peligro y del amor en ese punto. En aquellos años.

En la confianza que da este valle cada tanto quiero preguntarle cómo era el amor en mitad del mas difícil desfiladero y finalmente callo. Quien cruzó el fuego no puede contarlo sin recordar y no se pueden explicar –hoy– aquellos instantes cuando decidieron cruzar o mejor: los que no cruzamos el fuego no podríamos entender. Sabe que la pregunta está ahí. Sonreímos.

Hay verdadera amistad si quienes nunca seremos héroes entendemos el significado de la palabra peligrosísimo. Nos salvaría de una situación complicada. Cuando un cobarde quiera ser un héroe esto se va al demonio, por decirlo suavemente. Ah... obvio que no fume encima del polvorín en Monte Vera. Cobarde si. Pavote no tanto. En la avenida todo fue mas fácil. Andaban los taxis.

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