Opinión

Gracias por todo profe Bonini

Bonini tenía una enorme virtud para establecer vínculos con los futbolistas, porque los elogiaba o criticaba con la misma vehemencia.

Jueves 23 de Noviembre de 2017

"Gordo, gordo, vení para acá y decime cómo está Rosario", se escuchó en el hall de la concentración del seleccionado argentino mientras Marcelo Bielsa ofrecía la tradicional conferencia de prensa en Asunción, en el marco de la Copa América del 99. El vozarrón del Profe Luis Bonini era inconfundible, quien se asomaba detrás de las cortinas del salón donde los jugadores habían desayunado.


Bonini se enamoró de la ciudad cuando Central lo contrató en 1997 para ser el preparador físico de Miguel Angel Russo. "Este club tiene todo para ser Barcelona", dijo por entonces. Y desde aquella época el profe solía visitar Rosario para juntarse con amigos y con la premisa de que su presencia pase desapercibida.
"Uno conoce no sólo por estar en un lugar sino también por lo que te cuentan los amigos", era una de sus frases de cabecera, y por eso su placer era comer o compartir un café con los afectos.
En aquella ocasión, en Paraguay, don Luis se divertía al narrar las anécdotas con Bielsa, con quien lo unía un sincero afecto y respeto: "Nos llevamos bárbaro, hablamos poco: buen día Marcelo, buen día Luis", bromeaba el profe entre risas a sabiendas que habían ensamblado con enorme profesionalismo.
"Las bromas con Marcelo por Central y Newell's son muy sutiles", supo contar el profe, a quien Griguol incorporó al fútbol en Ferro, tras pedirle permiso a León Najnudel, el símbolo del básquetbol argentino.
Bonini tenía una enorme virtud para establecer vínculos con los futbolistas, porque los elogiaba o criticaba con la misma vehemencia. "Serías uno de los mejores del mundo si corrieras", le supo decir a Walter Gaitán, aquel volante habilidoso pero de tranco lento.
Fue un trotamundo. Le gustaba conocer a través del fútbol. El año pasado estuvo cerca de volver al seleccionado argentino porque hubiese integrado el cuerpo técnico si Russo era el elegido.
Son innumerables las anécdotas que se pueden contar de Bonini. Tantas como la enseñanza que les dejó a los periodistas que conocimos su trabajo. Tanto como el dolor que genera su fallecimiento. Intenso como el recuerdo que dejó. Lo vamos a extrañar.

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