Opinión

Estampillas

El hábito de coleccionar estampillas es un tema del mundo. Claro que, como muchos temas del siglo XX, en este siglo el asunto se disminuye.

Jueves 05 de Julio de 2018

El hábito de coleccionar estampillas es un tema del mundo. Claro que, como muchos temas del siglo XX, en este siglo el asunto se disminuye. Minimiza. No pierde su profundidad, simplemente interesa a menos gente. Ni las falsificaciones interesan. Tantísimas películas basadas en robar, descubrir una falsificación y obtener un sello postal único ya no son una trama global.
"Los filatelistas" hasta era una canción, por un sitio de encuentro. "Philos" es amor y "ateleia" exento de impuestos. Rara historia de la palabra que viene de 1860... y tantos.
La colombofilia es el amor por las palomas. Todas las cuestiones de coleccionistas llevan cerca o portan el prefijo o sufijo (según) referido al amor, al philos. Por eso tan rara la enfermedad: hemofilia. También la trombofilia. Las etimologías confunden. Volvamos. Filatelia.
Los correos virtuales han cambiado la historia de muchas cosas, una de ellas las estampillas. Ya los sellos y timbrados electrónicos cambiaron las relaciones mundanas.
El "código de barras" quitó emoción y afán de colección a cualquier envase. Y los correos sin cartas, sin papeles, quitaron intimidad a una historia donde coleccionar estampillas iba en un cajón, en el otro las cartas (de pulso febril) como dice la canción, la colección de cartas de enamorados.
Conozco un caso de un grupo familiar que conserva las cartas del novio (abuelo en retirada) a su novia (abuela fastidiosa) desde aquella Italia y un siglo de ilusiones. Recorrer esa colección de cartas, con las estampillas minuciosamente despegadas ( y... si, eran filatelistas) resuelve una ecuación. De qué amores hablan ahora cuando aquellos enamorados tenían distancia, papeles, tiempos diferentes de escritura y recepción. Lo dicho: otro mundo.
La inmediatez del te quiero en "guatsap" y la seguridad del "online" ponen otra velocidad, distinta frescura, espontaneidad al mango y se comprende: los timbres postales siguen siendo interesantes, pero no son, para nada, cuestiones de una multitud. Mucho menos populares.
Confieso que alguna vez, en aquella primera infancia. caminito de ida por este valle, conservé estampillas españolas, italianas, minuciosamente robadas, escamoteadas, retiradas de sobres de parientes y vecinos, pero no junté coraje para el álbum. Solo una caja de cartón, de viejos perfumes y polvos de maquillaje, sirvió para acumularlas. Finalmente un vecino con mas ganas insistió y allá fueron los "Francisco Franco" de centavos y pesetas y los paisajes italianos de 50 liras. Las estampillas españolas eran parte de un culto a la personalidad bastante exagerado y las italianas de una desventura paisajística tibia, inocente. Aviones o Cavallieris.
Una tía monja, que mandaba cartas manuscritas sirvió de primer sostén. El Vaticano presente. También lo dicho: el descuido de una vecina, doña "Pascualita" (se llamaba así) que tenía sus parientes en El Ferrol, grandísima Galicia.
Quedan giros del idioma, que ya pocos entienden y casi nadie usa. Pegado como una estampilla. Soy como las estampillas, no tengo dos caras. Y la otra: sos como las estampillas, tenés el precio en la cara.
Es extraña la forma en que evocamos las cosas. De las estampillas recuerdo eso, los perfiles. Una vidriera en el centro de Rosario de una casa que vendía monedas raras y sellos postales (Numismática y Filatelia, lindos programas. Já). Y el ruido del celofán de un grueso álbum que coleccionaba cierta señorita y que, insistentemente, le pedía que me mostrase. Sólo para verla otra vez.
Entusiasmarse con lo que entusiasma al otro es una buena técnica de abordaje, baja defensas, provoca sonrisas, pero conservar el entusiasmo por algo que no entusiasma no es sencillo. Es difícil. Ciertos rictus, suspiros, gestos, demuestran la simulación. Aquella relación (frustrada) dejó una enseñanza. Advierto cuando los demás usan la misma técnica de abordaje. Si se trata de vendedores no les compro. Si se trata de actores no los aplaudo. Si se trata de políticos no los voto. Si se trata de cantantes no los oigo. Cuestión de aprendizaje. Experiencias. Olvidos. Estampillas.

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